Por: Gabriel Esteban Alpízar Chaves y Rolando Liang Yin.   29 noviembre
En los últimos 8 meses, las curvas de rendimiento en colones se han reducido 2,9% y en dólares 3,3%, elemento que claramente no será permanente.
En los últimos 8 meses, las curvas de rendimiento en colones se han reducido 2,9% y en dólares 3,3%, elemento que claramente no será permanente.

Respuesta: la mayoría está en el Banco Central de Costa Rica (BCCR); el resto, en el Ministerio de Hacienda.

Le explicamos: el 31 de mayo la junta directiva de la autoridad monetaria decidió liberar ¢380.000 millones al pasar el encaje mínimo legal del 15% al 12% con el propósito de generar “una mayor disponibilidad de recursos prestables en colones, así como una reducción, para las entidades financieras, en el costo de captación en moneda nacional”.

Dicha medida pretende motivar el crecimiento económico en el corto plazo, mediante incrementos en las colocaciones crediticias. El razonamiento detrás de la medida se fundamenta en que el precio del dinero, al estar más bajo, dispara la cantidad demandada de crédito, el cual debería de canalizarse para un mayor consumo de las familias y la inversión en las firmas.

Así, en el tiempo (18 meses aproximadamente, tiempo de ejecución de la política) se reduciría la brecha potencial negativa de crecimiento económico que tenemos, un motor que en promedio se mueve al 4% y actualmente lo hace al 1,5%.

Entonces, ¿ha funcionado esta intuición económica? Los datos ofrecen evidencia contraria para el periodo de ejecución: la tasa de crecimiento del último trimestre del crédito en moneda local es de 0,27% y en dólares de -0,18%. Sin embargo, las operaciones en el mercado integrado de liquidez (MIL), particularmente en la subasta de contracción en moneda local, ha tenido una participación promedio de ¢237.367 millones a una tasa diaria de 4% que paga el Central desde julio pasado.

Otro de los mercados que ha disfrutado de este caudal de colones (porque hay que agregar los liberados por las reducciones de la tasa de política monetaria que restan 1,25% durante este año, al pasar de 5,25% al 4,00%) es el de deuda pública, en el que en cada invitación semanal del fisco los inversionistas postulan en promedio ofertas por valor de ¢126.000 millones a una tasa promedio de 8,88%.

Estos recursos, al no migrar al sector real de la economía, sino empozarse en el sector nominal de esta, generan una “inflación bursátil” donde los precios de los bonos estás subiendo aceleradamente con su consecuente reducción en las tasas de interés. En los últimos 8 meses, las curvas de rendimiento en colones se han reducido 2,9% y en dólares 3,3%, elemento que claramente no será permanente.

Ahora bien, ¿qué está provocando que el dinero no fluya a los canales que promuevan el crecimiento y alimenten las operaciones de absorción del BCCR al pagar por estos recursos en el MIL y la deuda pública, principal disparador del déficit fiscal? La desconfianza, las expectativas de que el día de mañana será peor al de hoy, aumenta la propensión marginal a ahorrar en el corto plazo; no gastamos, se detiene la inversión, se postergan decisiones de contratación de personal, se evalúa trasladar operaciones a otro país y cerrar las actualmente abiertas. La confianza ha mermado tanto que cualquier indicador de estas muestra desplomes históricos cualquiera sea la fuente consultada.

Frente a este escenario, es necesario contar con elementos que conduzcan las expectativas lúgubres a unas más dichosas para todos los agentes económicos, en particular familias y firmas. Es vital contar con un proyecto económico claro y sencillo, conocido por todos y que forje los objetivos económicos. Esta no debe ser una tarea exclusiva del Gobierno; cada familia y empresa debe contar con un proyecto tendiente a construir un mejor horizonte.

El combustible

Está claro que en el tanto esta tarea se materializa, la política fiscal no será el “combustible” del motor. Podría pensarse entonces, dentro de las opciones, en la política monetaria, pero bajar más las tasas de interés y las tasas de encaje mínimo legal en momentos en que la gente no está recurriendo a la liquidez puede ser una apuesta muy costosa, ya que en el largo plazo dicho incentivo es neutral, no afectará a las tasas de crecimiento económico.

Debería, entonces, pensarse en algo nuevo, por ejemplo que el Central emplee otro mecanismo para llevar la liquidez a los mercados bursátiles. En el artículo 52 inciso c) de la Ley Orgánica del BCCR se le permite a esta institución transar (comprar-vender y conservar) títulos mobiliarios de primera clase; es decir, bonos del Ministerio de Hacienda, a los tenedores de dichos activos financieros en el mercado secundario.

Esta acción le permitiría a empresas y familias que cuenten con este ahorro, canalizarlo a otros proyectos. Ya el mercado secundario es extremadamente ilíquido debido a los montos transados, un agente como el Banco Central podría volver más “caudaloso” este flujo de efectivo. La autoridad monetaria contaría con activos del Estado para realizar la política monetaria. ¿Qué mayor indicador de confianza? No tendría que prestarle dinero del Estado para financiar sus operaciones, ya que las acciones se darían en el mercado secundario y no en el primario.

Así, tendría el BCCR un rol de disparador del desarrollo de un mercado bursátil empantanado por décadas y fomentaría la rotación de activos financieros y dinero para volver a reactivar la economía.

Tal vez usted piense que habría un problema de selección adversa, ya que el Central, al modificar las tasas de interés podría cambiar a su conveniencia el valor de dichos títulos valores afectando al resto de los tenedores, pero ¿no hace lo mismo esta institución al ser principal y agente en el mercado cambiario y nadie duda de su buena fe?

Este mecanismo no utilizado hasta ahora en Costa Rica no sería exclusivo del BCCR ya que otras autoridades monetarias alrededor del mundo lo emplean, como es el caso de la Reserva Federal, la cual no emite deuda y ejerce parte de su política monetaria mediante activos financieros del mercado de deuda pública.

“Es necesario contar con elementos que conduzcan las expectativas lúgubres a unas más dichosas para todos los agentes económicos, en particular familias y firmas".

Estas y muchas otras ideas, como bajar las cuotas de la CCSS a las empresas y las personas, la simplificación burocrática y tributaria, recanalizar montos de dinero a destinos específicos para que sean utilizados por la caja única del Estado (léase lo mandatos de las utilidades de los bancos públicos al IVM, Conape, Infocoop y la CNE), deben ser estudiados para determinar el tiempo de vigencia. Recordemos que todo problema coyuntural debe atenderse con soluciones ajustadas a su plazo, ya que de lo contrario estaremos en presencia de un problema mayor en el largo plazo, y sobre todo permanente.

Estas acciones, junto con la innovación financiera, son las que necesitamos para volver a la senda de un crecimiento económico del 4%, ya que desde el punto de vista fiscal el instrumento se cerró hace tiempo.