17 enero

La economía, aunque tiene sus propias leyes, no funciona en un contexto de supuestos abstractos sino en situaciones históricas singulares, los procesos económicos se interrelacionan en doble vía con sus contextos sociopolíticos.

La dinámica inmediata de la economía de EE. UU., a la cual se encuentra estrechamente vinculada la nuestra, es un ejemplo de ello. Grandes procesos políticos internos y externos gravitan sobre la macroeconomía de ese país y podrían afectar a Costa Rica.

El juicio de destitución del presidente Trump, el rumbo del debate político electoral, el resultado de las elecciones de noviembre, el posible agravamiento del conflicto con Irán en el Medio Oriente, las tensiones en la relaciones comerciales y de seguridad con China, así como las fricciones con Rusia, son factores de naturaleza política que pueden incidir sobre la economía norteamericana.

Detenerse en la discusión sobre modelos abstractos de las variables económicas no lleva a explicar los escenarios que podrían presentarse con consecuencias para la economía de nuestro país.

El primer aspecto que llama la atención es la inestabilidad generada por la extrema polarización del paisaje político interno de EE. UU. Iniciado el proceso de la destitución de Trump, este se detuvo por el empate de fuerzas entre la mayoría republicana en el Senado y la hegemonía demócrata en la Casa de Representantes. La confrontación con Irán ha suspendido también el proceso, pues en casos de enfrentamientos externos la opinión pública tiende a apoyar al mandatario, reuniéndose alrededor de la bandera. Sin embargo, conforme disminuye la intensidad del caso Soleimeni, el proceso legal se ha reactivado y Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara Baja, ya ha enviado las acusaciones al Senado y ha nombrado los fiscales a cargo del proceso.

La acusación podría haber creado una gran inestabilidad política, si los demócratas controlaran el Senado y la destitución de Trump fuese inminente, pero siendo lo opuesto, la caída del gobernante no está en el horizonte.

“Aparte de los riesgos militares y de seguridad, lo cierto es que la implicación de Washington en confrontaciones militares implica un pesado fardo fiscal y aumentos en la deuda pública“.

La campaña electoral sí podría traer incertidumbre a los mercados. La polarización política y mediática auguran una pelea intensa, marcada por acusaciones y contracusaciones que crearán mayores roces entre los ciudadanos, divididos entre azules y rojos, elites liberales y clases trabajadoras blancas, estados costeros y del interior.

La guerra comercial con China ha amenazado con la desconexión de las economías China y EE. UU., estrechamente interdependientes, con daños para el crecimiento chino y para productores agrícolas y consumidores norteamericanos. Sin embargo, EE. UU. ha dejado de considerar oficialmente a China como manipulador del yuan, despejando la ruta para una tregua entre ambos países que van camino de firmar una primera fase de acuerdo comercial e iniciarán negociaciones para una segunda fase, que no tomarán fuerza sino hasta después de las elecciones presidenciales. Los acuerdos presagian una disminución de la incertidumbre que habían generado las tarifas de Trump.

Empero la reducción de las tensiones comerciales no significa la desaparición de las fricciones entre ambos, pues los orígenes de estas están relacionados con temas de seguridad como la afirmación de la RPCH sobre las islas del mar del Sur de China, la agitación en Hong Kong y las minorías étnicas en el Oeste de ese país.

La relación con Moscú también agitará las aguas: reiteración de las acusaciones por la intervención de Putin en la política interna, presencia rusa en el Medio Oriente, recientes intentos reeleccionistas de Putin, el acercamiento con China y la permanente vigencia de la crisis en Ucrania. Factores de incertidumbre que continuarán orbitando sobre la economía.

El choque con Irán pareciera el elemento más importante en la gama de amenazas sobre la economía. Aparte de los riesgos militares y de seguridad, lo cierto es que la implicación de Washington en confrontaciones militares implica un pesado fardo fiscal y aumentos en la deuda pública. La escalada en el enfrentamiento con Irán podría llevar a una guerra regional que drenaría recursos económicos valiosos pese a mejorar la salud del complejo militar industrial estadounidense.

La convergencia de estos estos factores en diversas combinaciones produciría diversos escenarios negativos para la economía de EE. UU., lo que nos obliga a estar muy atentos a la evolución de la política interna y externa de ese país, pues un resfriado a las orillas del Potomac siempre repercutirá en San José.