Opinión

Editorial: ‘Ninis’, desempleo y generaciones perdidas

Se estima que hay aproximadamente 160.000 ‘ninis’ en Costa Rica; jovenes que por una u otra razón no estudian ni trabajan. De ellos, 66.000 buscan activamente un empleo sin conseguirlo. Lo último que el país necesita es una nueva generación perdida.

Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), un 20% de las personas desempleadas en Costa Rica son ‘ninis’. Es decir, jóvenes de entre 15 y 24 años que ni estudian ni trabajan. Se estima que son aproximadamente 160.000 personas, de las cuales 66.000 buscan activamente un empleo sin conseguirlo. De esos 160.000 jóvenes que ni estudian ni trabajan, solo alrededor de la mitad terminó la secundaria y apenas unos 6.900 ingresaron a estudios de enseñanza superior.

Según Natalia Morales, economista e investigadora del Programa Estado de la Nación, muchas de esas personas son jóvenes excluidos del sistema educativo, que luego enfrentan dificultades para conseguir empleo debido a que el mercado exige cada vez más habilidades, como un segundo idioma o el uso de tecnologías.

Ya en un estudio de 2017 sobre el mercado laboral y las políticas sociales en Costa Rica, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) destacaba nuestra alta tasa de ‘ninis’ y cómo esa tasa es 3,5 puntos porcentuales superior al promedio de los países miembros de la organización. Esto, dice el estudio, afecta particularmente a grupos sociales desfavorecidos y perjudica el crecimiento futuro y la cohesión social. Datos de diciembre de 2021 ponen a Costa Rica en primer lugar en desempleo juvenil como porcentaje del desempleo total entre los países de la OCDE.

El problema tiende a reproducirse a lo largo del tiempo si agregamos unos 147.000 jóvenes que trabajan y no estudian, muchos de ellos dedicados a trabajos informales, de baja remuneración y sin garantías laborales. Su bajo nivel de escolaridad los hace casi tan vulnerables como los desempleados.

La población de ‘ninis’ y personas excluidas del sistema educativo es muy heterogénea. Por eso la investigadora Morales aboga por realizar esfuerzos en muchas áreas y con distintos tipos de políticas. No es lo mismo la situación de jóvenes que concluyeron la secundaria y a quienes les está costando encontrar trabajo, que la de jóvenes que dejaron sus estudios a edades más tempranas y trabajan en el sector informal en condiciones precarias.

El desempleo juvenil y la exclusión educativa se vieron agravados por la pandemia de la covid-19. La tasa de desempleo en jóvenes de 15 a 24 años ya era muy elevada antes de la pandemia y hoy está en un 34,2%; 3,3 puntos porcentuales mayor que en el primer trimestre de 2020. La emergencia sanitaria provocó el cierre de centros educativos por varios meses, lo que afectó la calidad de la enseñanza y excluyó a cientos de miles de estudiantes que no tenían acceso adecuado a Internet y herramientas tecnológicas. A marzo de 2021, de los más de 1,2 millones de estudiantes que asisten a los centros educativos, el Ministerio de Educación Pública (MEP) registraba unos 426.000 con problemas de conectividad.

Para enfrentar el problema se requieren acciones en varias áreas de políticas públicas, pero sin duda el tema de educación es clave. Según Isabel Román, coordinadora del Informe Estado de la Educación, en declaraciones a la recién instalada Comisión Especial de Educación de la Asamblea Legislativa, nuestro sistema educativo navega a ciegas. Además de la falta de un sistema de evaluación de los docentes, que se arrastra desde hace tiempo, el MEP lleva años sin aplicar evaluaciones a los estudiantes; acaba de descartar las pruebas FARO, sin un sustento técnico claro ni un mecanismo sustituto. La huelga de los maestros de 2018, más la pandemia en 2020 y 2021, han generado un fuerte rezago en el aprendizaje y no se vislumbra una solución a los problemas de conectividad, a pesar de que el Fondo Nacional de Telecomunicaciones (FONATEL) cuenta con abundantes recursos. En medio de estos problemas, las nuevas autoridades del MEP no han anunciado una ruta.

El rezago en el aprendizaje es especialmente preocupante en materias ligadas a ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), que son de alta demanda en el mercado laboral, especialmente por parte de empresas trasnacionales y ligadas a las zonas francas. Según el Informe Estado de la Educación, en 2020 las coberturas de aprendizaje en matemáticas apenas alcanzaron un 57% y un 62% en los currículos de sexto año de primaria y undécimo año de secundaria, respectivamente. En las últimas pruebas de ingreso a la Universidad de Costa Rica, un 96% de los casi 4.000 estudiantes que realizaron la prueba de matemáticas la reprobaron. Sin mencionar debilidades en otras áreas, como el bajo nivel de comprensión de lectura que muestran muchos estudiantes y que alarma a los investigadores.

Urge una ruta clara y articulada para enfrentar los graves problemas del sistema educativo. Por un lado, trabajar en nivelar a los estudiantes rezagados en su aprendizaje y mejorar en calidad, conectividad e infraestructura de los centros educativos. Por otro lado, implementar programas que les ofrezcan opciones a los “ninis” y personas excluidas del sistema educativo, incluyendo la posibilidad de retomar su educación.

Se habla de una “generación perdida”, en referencia a los jóvenes desplazados del sistema educativo por la crisis económica de los años ochenta que nunca pudieron reinsertarse exitosamente al mercado laboral. Lo último que el país necesita es una nueva generación perdida.

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