Por: Olivier Castro.   4 mayo, 2018

La edición N° 1.177 de El Financiero (21-27 de abril del 2018) contiene una nota periodística bajo el título “Olivier Castro optó por mantener un tipo de cambio estable”, a la cual también se hace referencia en el editorial.

Estos textos reiteran algunas imprecisiones y errores que el Banco Central de Costa Rica (BCCR) ha explicado en varias ocasiones, tanto en sus conferencias de prensa, entrevistas como en sendos artículos en la prensa escrita; además se comentan algunos hechos sobre los que considero oportuno realizar aclaraciones con el objetivo de que la ciudadanía esté adecuadamente informada.

En primer término, el título personaliza una acción que es institucional y responde a decisiones fundamentadas en información y herramientas técnicas que posee el Banco Central; no es el presidente de la institución por sí mismo quien define el tipo de cambio, como reza el citado título. Además, se afirma que el mercado cambiario opera “como si estuviera en el medio de una banda imaginaria para controlar su volatilidad”.

Entre octubre del 2006 y enero del 2015 estuvo vigente en Costa Rica un régimen de banda cambiaria, periodo en el cual el Central mantuvo el compromiso de adquirir divisas en el mercado cuando el tipo de cambio en Monex (Mercado de monedas extranjeras en el que participa el BCCR) se ubicara en el límite inferior de la banda y de vender dólares cuando éste estuviera en el límite superior de la banda. Sin embargo, durante los últimos 13 meses de ese régimen, en la práctica ese mercado funcionó como si fuera un esquema de flotación cambiaria.

A partir de febrero de 2015 el régimen cambiario es de flotación administrada, en el cual el BCCR permite que el tipo de cambio sea determinado libremente por la oferta y demanda, pero puede participar en el Mercado de monedas extranjeras, para atender sus requerimientos de divisas y los del Sector Público no Bancario y, de manera discrecional, para evitar fluctuaciones violentas en el tipo de cambio.

Es importante recordar que bajo el régimen de flotación administrada no existe compromiso con un nivel o rango para el tipo de cambio, en procura de una mayor efectividad de la política monetaria y un mejor control de la inflación. Es incorrecto afirmar, como se indica en el editorial de El Financiero, que “el Banco ha estado dispuesto a abandonar el objetivo de inflación para perseguir un objetivo de tipo de cambio”.

Cinco décadas

El Banco ha cumplido con éxito su compromiso de mantener la inflación en niveles cercanos a la que exhiben nuestros principales socios comerciales en el largo plazo, actualmente entre 2 % y 4 %. Más aún, si la inflación de abril se mantiene dentro del rango meta, lo cual es altamente probable, la economía costarricense habrá experimentado una inflación inferior a 4% por 39 meses consecutivos (para ubicar un periodo de similar extensión con inflación inferior a 4%, es preciso retroceder cinco décadas en la historia, de octubre de 1964 a diciembre de 1967). Por tanto, dado que la economía costarricense ha experimentado durante los últimos años la mayor estabilidad de precios por más de medio siglo, los hechos no validan la afirmación que el Banco da prioridad a un objetivo cambiario.

Por lo antes indicado, desde el 13 de diciembre del 2013 (el 12 de diciembre de 2013 fue la última fecha en que el Banco realizó operaciones en los límites de la banda cambiaria) la determinación del tipo de cambio ha funcionado bajo un esquema de flotación cambiaria, fuera este “de jure” o “de facto”.

En este periodo, que involucra 998 sesiones de negociación de divisas en Monex las variaciones diarias del tipo de cambio promedio de cada sesión han estado comprendidas entre -¢7,36 y ¢4,82.

En el 96,8 % de estas sesiones las variaciones del tipo de cambio han sido en valor absoluto menores a ¢2,00. No obstante, esto no implica, como se indica en el artículo, que haya existido una “banda imaginaria”. La magnitud de los movimientos es congruente con el comportamiento del mercado, ya que de las 966 sesiones en las cuales el tipo de cambio varió en términos absolutos menos de ¢2,00, únicamente en el 16% de ellas intermitentemente el Banco Central realizó operaciones de estabilización.

"Tampoco es correcto afirmar que la decisión de contratar el crédito por $1.000 millones con el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) tuviera como justificante restituir reservas internacionales utilizadas con anterioridad con fines de estabilización. El Banco ha indicado en reiteradas ocasiones que la finalidad de esta operación de crédito es fortalecer la posición de reservas internacionales y dar espacio a las medidas adoptadas por la Entidad, en procura de preservar la estabilidad macroeconómica del país".

El tipo de cambio presentó una tendencia al alza y una mayor volatilidad en el primer semestre del 2014, más acentuada en los tres primeros meses. El artículo de El Financiero indica que esta tendencia respondió a “incertidumbre por la posible modificación de la banda cambiaria a otro régimen”. No obstante, el BCCR comunicó oportunamente que estos movimientos se debieron a:

Primero: La incertidumbre en los mercados internacionales sobre el inicio del aumento en las tasas de interés en Estados Unidos.

Segundo: La reducción de la oferta de divisas del Gobierno de la República en el mercado cambiario.

Tercero: El incremento en las expectativas de depreciación del colón.

Cuarto: El resultado neto deficitario de los flujos de divisas del sector privado.

Posteriormente, en el segundo trimestre del 2017 el tipo de cambio registró un nuevo episodio de tensión asociado con el menor ingreso de capital externo, explicado en gran medida por el deterioro en el premio por ahorrar en moneda nacional.

En abril de 2017 el BCCR inició una serie de ajustes en sus instrumentos de política, entre los que destacaron los incrementos en su tasa de política monetaria y posteriormente en mayo de ese año, el uso de la intervención entre días en el mercado cambiario con el propósito de moderar los movimientos que mostraba el tipo de cambio, los cuales no guardaban correspondencia con la evolución de las variables macroeconómicas que lo determinan en el mediano y largo plazo.

Nuevamente se erra en las publicaciones en indicar que esta tensión se atribuyó a la recomendación del Fondo Monetario Internacional de “dejar ‘más suelto’ el tipo de cambio”.

En los textos del semanario también se compara el tipo de cambio vigente al inicio de la presente gestión con el observado a mediados de abril de 2018, concluyendo que hubo poca variabilidad. Esto no significa ausencia de volatilidad en el tipo de cambio a lo largo de ese periodo; se ignora el comportamiento de las variables fundamentales que explican este precio, que han sido determinantes en la relativa estabilidad cambiaria observada desde el segundo semestre del año pasado.

Al considerar los valores promedio máximo y mínimo del tipo de cambio, éste ha oscilado en un rango de casi ¢64,00, que representa más de 11% con respecto al promedio observado durante ese periodo.

Crédito por $1.000 millones

Tampoco es correcto afirmar que la decisión de contratar el crédito por $1.000 millones con el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) tuviera como justificante restituir reservas internacionales utilizadas con anterioridad con fines de estabilización. El Banco ha indicado en reiteradas ocasiones que la finalidad de esta operación de crédito es fortalecer la posición de reservas internacionales y dar espacio a las medidas adoptadas por la Entidad, en procura de preservar la estabilidad macroeconómica del país.

Adicionalmente, no es correcta la apreciación que se realiza al indicar que el grado de dolarización de la economía al final de mi gestión frente al Banco Central de Costa Rica es mayor que la que existía en mayo de 2014.

Las estadísticas están disponibles en el sitio web del Banco, e indican que las razones de crédito en dólares a crédito total otorgado por el sistema financiero nacional al sector privado se redujeron de un valor de 44,1 % en mayo del 2014 a 39,7 % en abril del 2018. La riqueza financiera privada en ese mismo período se redujo de 39,6 % a 36,1 %.

En consecuencia, la combinación de las medidas adoptadas por el Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (Conassif) y por el BCCR, las mayores tasas de interés en dólares (en Costa Rica y en el mundo), y el episodio de relativa alta volatilidad ocurrido entre abril y octubre de 2017 han contribuido a reducir el grado de dolarización de la economía.

En el caso particular del Banco Central, su compromiso con la inflación y un esquema cambiario más flexible ha causado una mejora en la confianza del uso del colón y el proceso de internalización del riesgo cambiario por parte de los agentes económicos.

El editorial de El Financiero hace además afirmaciones con respecto a la rendición de cuentas del BCCR e indica “No existe ninguna transparencia, ni rendición de cuentas en materia de intervención del BCCR en el mercado cambiario. El público desconoce cuáles son las reglas de intervención del Central”.

Cuando se compara con otros bancos centrales de la región, el BCCR es una excepción en cuanto a la abundancia de flujos de información y a la oportunidad con la que comunica, incluidos los de las intervenciones por estabilización. En otros países, las intervenciones discrecionales se comunican con semanas, o hasta meses de rezago, con montos mensuales, de manera que es imposible conocer cuándo se realizó la intervención.

El BCCR ha publicado exhaustivamente las razones por las cuales interviene y cuáles son los criterios que considera para una intervención. Lo único que el BCCR no publica son los parámetros específicos que activan intervenciones particulares ya que, como es conocido, esto permitiría que agentes económicos con poder de mercado utilicen esta información de forma que pongan en peligro la estabilidad del sistema financiero con efectos no deseados sobre el nivel de reservas internacionales del país. Razones como las anteriores fueron las que la Sala Constitucional consideró para desestimar dos recursos de amparo que buscaban la absoluta y completa revelación de las reglas de intervención cambiaria.

Tanto el editorial, como el artículo, contienen imprecisiones y errores que confunden al lector.