Por: Constantino Urcuyo.   10 noviembre

Los resultados de las elecciones en EE. UU. son mixtos. Por una parte una victoria republicana en el Senado; por otra, un triunfo demócrata en la Casa de Representantes, luego de una campaña marcada por el miedo, la cólera e inclusive la violencia.

El entrabamiento será la tónica, reflejo de un país dividido entre el dominio demócrata en zonas urbanas y suburbanas, y la hegemonía republicana en zonas rurales del centro y del sur.

La caracterización del proceso no es fácil, las divisorias del electorado no pasan únicamente por la geografía. Las fracturas de género, étnicas y religiosas fueron importantes.

Aproximadamente 100 mujeres llegarán a la Cámara de Representantes, una latina será la representante más joven electa en la historia, dos musulmanas llegarán también al Parlamento.

Nuevos enfrentamientos

El progreso demócrata ocurrió también en las legislaturas estatales (+5) y arrebataron puestos de gobernadores en estados clave, aunque los republicanos ganaron en otros.

Esta correlación de fuerzas provocará nuevos enfrentamientos. Los demócratas podrán paralizar legislación y gozarán de amplios poderes de investigación para ahondar en los yerros de Trump.

La posibilidad de iniciar un proceso de destitución del Presidente está a su alcance. En términos generales las encuestas acertaron en sus previsiones y se ha iniciado ya la campaña para las presidenciales del 2020.

Los demócratas enfrentan el reto de encontrar un líder y un mensaje que aglutinen al sector moderado con el progresista, y el imperativo de acercarse a la clase trabajadora blanca y al país rural.

Trump fue exitoso con su base nativista, pero con altas tasas de desaprobación y la erosión de su mandato, deberá ampliar sus apoyos, lo que será difícil por su discurso radical y muchas veces incendiario.