Durante los últimos años, muchas organizaciones han dedicado tiempo a responder una pregunta comprensible: ¿cuánto cuesta implementar inteligencia artificial?
Hay que evaluar tecnología, capacitación, seguridad, datos y nuevos modelos de trabajo. Todo eso importa. Pero quizás estamos dejando por fuera otra pregunta igual de relevante: ¿cuánto nos está costando esperar?
Porque esperar no significa quedarse en el mismo lugar.
Mientras algunas organizaciones siguen evaluando cuándo y cómo avanzar, otras ya están aprendiendo a trabajar de una manera diferente. Y esa experiencia empieza a traducirse en algo difícil de recuperar después: mayor capacidad para producir, responder, innovar y tomar decisiones. Son empresas que estan priorizando a la IA como motor de su crecimiento.

Los datos empiezan a mostrar esa diferencia. Según el Work Trend Index 2026 de Microsoft, el 58% de las personas que utilizan inteligencia artificial asegura que hoy puede realizar trabajos que hace apenas un año no habría podido producir. Entre los llamados Frontier Professionals, quienes han incorporado estas herramientas de una manera más avanzada a su trabajo, la cifra llega al 80%.
Es un cambio importante porque nos obliga a pensar en la productividad y el diseño organizacional de otra manera. La ventaja ya no consiste únicamente en hacer más rápido una tarea que ya hacíamos. También está en ampliar lo que una persona o una organización es capaz de hacer.
Ahí aparece el verdadero riesgo de esperar.
Cada proceso que sigue dependiendo exclusivamente de formas tradicionales de trabajo puede representar más tiempo para responder a un cliente, analizar información, desarrollar una propuesta o llevar una idea al mercado. Visto de manera aislada, quizás parezca una diferencia pequeña. Acumulada durante meses, puede convertirse en una brecha competitiva considerable.
Las personas ya parecen percibirlo. El mismo estudio muestra que el 65% de los usuarios de IA teme quedarse atrás si no adopta estas herramientas con rapidez. Sin embargo, el 45% reconoce que se siente más seguro concentrándose en cumplir sus objetivos actuales que en rediseñar su manera de trabajar con IA.
Esa tensión probablemente sea uno de los mayores desafíos que tenemos hoy. Transformarse exige tiempo, adaptabilidad, aprendizaje y decisiones que no siempre producen resultados inmediatos.
Mantener el statu quo tampoco es una decisión neutral. Implementar inteligencia artificial tiene costos, por supuesto. La pregunta para los líderes es si estamos midiendo con el mismo rigor el costo de oportunidad de no hacerlo.
Porque retrasar el aprendizaje no preserva el statu quo; simplemente permite que otros avancen. Y cuando el mercado se mueve a la velocidad de la IA, la diferencia entre quienes empiezan hoy y quienes esperan mañana puede convertirse en la ventaja competitiva más difícil de recuperar.
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Ineke Geesink es la directora de Soluciones de Inteligencia Artificial para Latinoamérica y el Caribe de Microsoft. Su trayectoria es de más de 24 años en Microsoft. Es miembro de la junta directiva de la Cámara Costarricense-Norteamericana de Comercio de Costa Rica (AmCham), YoEmprendedor, Camtic y del Club de Investigación en Costa Rica. Es la primera mujer que toma el puesto como Gerente País de la operación de Microsoft en Costa Rica.