Por: Constantino Urcuyo.   24 mayo
Una razón por la que se debería presionar al gobierno estadounidense para que cree una alternativa a la visión de China que busca dominar la tecnología: sería una manera de desarrollar una industria tecnológica más accesible.
Una razón por la que se debería presionar al gobierno estadounidense para que cree una alternativa a la visión de China que busca dominar la tecnología: sería una manera de desarrollar una industria tecnológica más accesible.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China se intensifica y toma distintas formas: desde el alza de tarifas a las importaciones recíprocas hasta la incursión en seguridad nacional.

Luego de aumentar tarifas sobre $200.000 millones de importaciones chinas, Trump dirigió sus disparos hacia Huawei, uno de los poderosos de las telecomunicaciones y líder en la construcción de la red 5G.

La Casa Blanca limitó el acceso del gigante asiático al mercado de EE. UU. en lo referente a importantes insumos tecnológicos como el software y los chips para los teléfonos inteligentes.

Washington justifica las restricciones bajo los argumentos del peligro de espionaje y del proteccionismo estatal del que disfrutan las compañías chinas. Una guerra fría tecnológica se vislumbra y es posible distinguir dos trayectorias convergentes en la política de los Estados Unidos.

El ICE...

Por una parte, la percepción de una competencia comercial injusta; por otra, la preocupación por la seguridad nacional. Los halcones en la administración Trump hacen énfasis en la amenaza geoestratégica de China (ciberespionaje y ciberguerra), aunque también reconocen su peligro como rival económico.

Una línea más suave se limita a privilegiar las controversias comerciales, si bien admite el peligro en términos de seguridad. El secretario de Estado, Mike Pompeo, sostiene la primera posición y trata de persuadir a algunos aliados reticentes para que tomen medidas restrictivas contra Huawei.

De esta forma, el conflicto se magnifica, aumentando el temor de su expansión a otros países y su consecuente afectación.

Al retirarse Google como proveedor de Huawei, es imperioso que el ICE revalúe sus relaciones con esta compañía china y anticipe los impactos negativos sobre nuestras telecomunicaciones y los usuarios del servicio.