Por: Willem H. Buiter.   11 marzo
La abolición del efectivo tiene un beneficio adicional: con ello se eliminaría el medio preferido de pago y reserva de valor entre evasores fiscales, blanqueadores de dinero, carteles de drogas, traficantes de seres humanos y otros criminales.
La abolición del efectivo tiene un beneficio adicional: con ello se eliminaría el medio preferido de pago y reserva de valor entre evasores fiscales, blanqueadores de dinero, carteles de drogas, traficantes de seres humanos y otros criminales.

En diciembre de 2019, el banco central sueco abandonó una política de tasas de interés negativas que había mantenido durante casi cinco años. La tasa repo (a la cual presta a los bancos comerciales) del Riksbank, que llegó a ser de -0,5% en febrero de 2016, había subido a un 0% en enero. La última alza de la tasa se hizo a pesar de que la economía sueca se está ralentizando y la inflación está por debajo del objetivo.

En el caso de una desaceleración cíclica, señala el Gobernador del Riksbank, Stefan Ingves, el estímulo tendrá que venir del gasto estatal y la compra de activos por parte del banco central, dada la limitada eficacia de las tasas de interés negativas. “En realidad hay un límite inferior para las posibles tasas”, argumenta, ya que “cuesta imaginar que se pueda ir en negativo hasta, digamos, menos 5%”.

Me permito discrepar. Bien podría ser que, en un ambiente de tasas de interés bajas, la política fiscal contracíclica juegue un papel más prominente en el manejo del ciclo de negocios sin crear problemas de sostenibilidad de la deuda. Incluso así, no se ha dado a las tasas de interés negativas una justa oportunidad.

En todo el planeta, los bancos centrales y las autoridades económicas no han querido eliminar (o al menos reducir sustancialmente) el límite inferior efectivo (ELB, por sus siglas en inglés) sobre las tasas de interés nominales creado por la existencia del efectivo. Como instrumento financiero que paga una tasa nominal cero, el efectivo fija un piso para otros instrumentos financieros que, en principio, tienen tasas de interés nominal variables libres. Debido a los “costes de porte de la moneda” (el coste de almacenamiento, seguros y otros), el ELB probablemente esté alrededor de los -75 puntos base, nivel alcanzado por las tasas oficiales en Dinamarca y Suiza.

No hay duda de que un reciente e influyente artículo escrito por Markus K. Brunnermeier y Yann Koby de la Universidad de Princeton afirma que puede haber una “tasa de interés… a la que la política monetaria flexible se revierte y se vuelve contractiva para prestar [a los bancos]”. Según los autores, esta reversión de la tasa está determinada por cuatro factores: “las carteras de ingresos fijos de los bancos, la inflexibilidad de las limitaciones al capital, el grado de traspaso a tasas de depósitos y la capitalización inicial de los bancos”.

No tengo objeciones al argumento de los autores, pero quisiera simplemente señalar que el grado de traspaso a las tasas de depósitos está limitado por la existencia de un ELB sobre las tasas de interés nominales. Así, la pregunta es si el grado de traspaso a las tasas de depósitos (y otras tasas pagadas a los acreedores bancarios) seguiría siendo más bajo a tasas de interés negativas que a tasas de interés positivas si el ELB se eliminara mediante la abolición del dinero, o se redujera sustancialmente con la eliminación de todos los billetes en efectivo de alta denominación.

Comunidad libertaria

Sí, es cierto que las firmas y los hogares que hayan crecido en un ambiente económico con tasas de interés nominales positivas podrían tener problemas a la hora de calcular la tasa de interés real (ajustada a la inflación) asociada a una tasa de interés nominal negativa. Pero solo sería una dificultad temporal. En la mayor parte de las economías avanzadas las tasas reales neutras ya están en cero o territorio negativo, y es probable que sigan así por años o incluso décadas. Mientras estas economías sigan registrando una inflación por debajo del objetivo, la implicación es las tasas de interés nominales negativas se convertirán en la nueva normalidad y que la “ilusión de la inflación” o la “ilusión de la tasa de interés nominal” serán cosa del pasado. No hay razones para suponer que tales distorsiones cognitivas durarán por siempre.

Hay tres maneras de eliminar el ELB. La primera es introducir una tasa de cambio variable entre efectivo y depósitos con el banco central (implicando lo mismo para los depósitos en bancos comerciales y otros instrumentos privados). Cobrar una tasa de interés del -5% por los depósitos al tiempo que se aprecia el valor de los depósitos vis-à-vis las tenencias en efectivo con un interés del 5% eliminaría cualquier oportunidad de arbitraje.

La segunda manera de deshacerse del ELB es hacer que el efectivo pague impuestos. En lo personal, preferiría la tercera opción: abolir la moneda y reemplazarla por una moneda digital respaldada por el banco central, al tiempo que se permite un periodo de transición en que los billetes de pequeña denominación seguirían en circulación para la adaptación de los excluidos digitales y financieros.

En el caso de Suecia, la abolición del efectivo sería un suceso menor. El valor de los billetes suecos en circulación era a fines de 2019 apenas 60,38 mil millones de SEK ($6,2 mil millones, o un 1,26% del PIB). De esa cantidad, 44,85 mil millones de SEK estaban en billetes de alta denominación (SEK 500 y SEK 1000, equivalentes respectivamente a los billetes de $50 y $100), lo que sugiere que era improbable que los rezagados tecnológicos los estuvieran utilizando en transacciones minoristas.

“Lamentaría privar a la comunidad libertaria de un instrumento financiero al portador, cuyo anonimato ofrece protección ante un estado autoritario y posiblemente predatorio; pero quienes deseen anonimato siempre pueden escoger monedas alternativas como Bitcoin“.

En comparación, el efectivo en circulación en los Estados Unidos a fines de 2018 era unos $1,67 billones (cerca del 8% del PIB), de los cuales un 80% estaba en billetes de $100. En la eurozona, la cifra para el mismo año era de €1,23 billones ($1,33 billones, o un 9% del PIB), de los cuales un 48% estaba en denominaciones iguales o superiores que €100. Está claro que sería más complejo en EE. UU. y gran parte de la eurozona que en Suecia, pero incluso allí sigue siendo eminentemente factible.

Finalmente, la abolición del efectivo tiene un beneficio adicional: con ello se eliminaría el medio preferido de pago y reserva de valor entre evasores fiscales, blanqueadores de dinero, carteles de drogas, traficantes de seres humanos y otros criminales. Por supuesto, lamentaría privar a la comunidad libertaria de un instrumento financiero al portador, cuyo anonimato ofrece protección ante un estado autoritario y posiblemente predatorio; pero quienes deseen anonimato siempre pueden escoger monedas alternativas como Bitcoin. El resto podríamos prepararnos para dar la bienvenida a tasas oficiales del -5% durante la próxima recesión profunda.