Por: Gisela Sánchez.   3 junio

Pensemos por un momento en uno de los pequeños milagros de la naturaleza: la metamorfosis. Cómo una pequeña oruga se transforma en una mariposa. Una criatura de gran belleza, pero más importante aún, de un gran valor, ya que permite producir alimentos para muchas otras especies.

La analogía de la metamorfosis puede ser aplicada tanto a las personas como a las organizaciones.

Cada uno de nosotros puede escoger si quiere vivir a nivel de oruga (consumiendo la mayor cantidad de recursos del planeta y la sociedad y devolviendo relativamente poco) o por el contrario, si decide evolucionar y transformarse en una persona que pueda crear valor no solo para sí mismo, sino también para la sociedad y el medio ambiente.

De la misma forma, las empresas pueden transformarse y crear valor económico, social y ambiental al mismo tiempo.

Un motor

Durante las 12 semanas que llevamos desde que se confirmó el primer caso de Covid-19 en Costa Rica, yo he visto decenas de ejemplos que demuestran que los empresarios y empresarias costarricenses no son orugas, sino mariposas.

El sector privado se ha convertido en un motor no solo económico sino también social.

Primeramente, por el esfuerzo titánico para proteger los empleos, pero adicionalmente, a través de la donación de miles de toneladas de alimentos para las personas más vulnerables, del diseño y producción de equipos de protección personal para enfrentar el Covid-19, de la donación de tecnología de punta para descentralizar el testing y de hacer vuelos humanitarios, entre otras iniciativas.

En estos 3 meses se han firmado más alianzas público-privadas de lo que habíamos experimentado en los últimos años.

Esta pandemia ha sacado lo mejor de nosotros. La metamorfosis hacia un liderazgo con propósito se ha acelerado y nos está demostrando que la creación de valor social y ambiental deben ser partes fundamentales de la estrategia de una empresa y del posicionamiento de Costa Rica a nivel global.