Por: Bolivar Rojas.   20 julio, 2018
Terminó el Mundial Rusia 2018 y nuestra selección de fútbol no repitió el buen papel de Brasil 2014. Tal vez sea buen momento para analizar lo realizado y aprender algunas lecciones de liderazgo.
Terminó el Mundial Rusia 2018 y nuestra selección de fútbol no repitió el buen papel de Brasil 2014. Tal vez sea buen momento para analizar lo realizado y aprender algunas lecciones de liderazgo.

Las crisis de liderazgo siempre han existido y siempre existirán. Steve Jobs fue expulsado de la compañía que fundó. Elon Musk no es el CEO más querido del momento y Theresa May no las está teniendo todas consigo en su camino hacia sacar al Reino Unido de la Unión Europea.

Ya se terminó el Mundial Rusia 2018 y nuestra Selección de Fútbol falló en repetir el buen papel de Brasil 2014. Tal vez sea este un buen momento para analizar qué pasó con nuestro equipo y aprender algunas lecciones de liderazgo.

Se dice que después de Brasil 2014 algunos jugadores fueron los responsables de la salida del estratega Jorge Luis Pinto de la Selección, por roces con este último. Pareciera que el estilo autoritario y disciplinado del estratega no gustaba. Lo cierto del caso es que esos jugadores y ese entrenador fueron responsables, en forma conjunta, de los éxitos cosechados en ese torneo.

Ante los desacuerdos en el equipo se podían haber tomado al menos tres decisiones: a) apoyar a Pinto, b) llegar a un acuerdo y c) apoyar a los jugadores. Generalmente se nos dice que debemos evitar los extremos y es por una buena razón.

Apoyar a Pinto: esto habría provocado un éxodo de talento. Ante esto la pregunta es ¿qué tan fácil es sustituir ese talento? Muchos estarían dispuestos a “aplicar” pero por lo que vimos en Rusia, pareciera que no hay una generación de talento nuevo que supla al anterior. Esta estrategia sería riesgosa al menos durante cuatro años, después de los cuales una nueva generación formada “a la fuerza” seguramente sacaría la faena.

¿Y la nueva generación?

Ya vimos qué pasa cuando se apoya a los jugadores. Cuatro años más tarde quienes rindieron con solidez en Brasil ya no eran los mismos físicamente; se le apostó todo a un recurso “envejeciendo” (el deporte es cruel en esto). En el proceso, no se desarrolló a la nueva generación.

Dicho de otra forma, posiblemente se vayan a perder ocho años de buenos resultados, los malos de Rusia y el mundial siguiente (Catar). Además, vale hacerse la pregunta de si realmente queremos en un equipo colaboradores que se sienten incómodos cuando se les pide disciplina, aún cuando ven los buenos resultados que se logran cuando lo hacen.

Si se hubiera trabajado en una solución beneficiosa para ambas partes tal vez el resultado habría sido mejor. Desde luego que no lo sabemos a ciencia cierta, pero es probable que así fuera. Los resultados, no las siempre subjetivas opiniones, apuntan en esta dirección. Era la labor de los dirigentes encontrar una solución que maximizara los resultados. El fútbol es un negocio, y en los negocios se utiliza la razón para tomar decisiones.

Muchos líderes han tenido sus crisis y es labor del líder aprender de la misma. También es labor de quienes toman decisiones no tirar a la basura los resultados del líder y encontrar el “ganar-ganar” en vez del escenario en el que al final todos pierden.