Por: Eduardo Lizano.   23 enero

Desde hace algunas semanas, quizás meses, todos los días aparecen en los medios de comunicación múltiples comentarios sobre la urgente necesidad de reactivar la economía del país. El gremio de los economistas y también muchas personas interesadas en los problemas nacionales han participado activamente en el debate.

Con razón, han insistido, una y otra vez, sobre el tema. Las sugerencias, aportes y propuestas han sido copiosas y de muy diversa naturaleza. No cabe duda de la urgencia de reactivar diversos sectores de la economía. Solo así se podrá hacer frente al tan grave problema del desempleo y a la precaria situación de numerosas empresas. Es pertinente, por lo anterior, hacer algunas reflexiones al respecto. Algunos puntos son de especial relevancia.

1. Con frecuencia se ha desatendido la necesidad de evitar una crisis de carácter macroeconómico en el año 2021. De hecho, la estabilidad macroeconómica —la inflación, el tipo de cambio, la tasa de interés— es una condición necesaria para lograr la reactivación de la economía. De ocurrir una crisis no habría manera de lograr reestablecer la producción del país. Por ello, prevenir una posible crisis ha de ser el objetivo número uno de la política económica en el año 2021. Concretamente, ¿cuáles medidas tomar para financiar el déficit fiscal y cuáles para mantener al día el pago de la deuda pública interna y externa? Dar respuesta a estas dos preguntas debe ser la causa principal del desvelo de quienes tienen en sus manos la responsabilidad de la política económica. Ciertamente, el paciente tiene varios males a la vez. Ellos no pueden descartarse, sin embargo, lo primero es lo primero: disminuirle la temperatura al enfermo.

Para quienes vivieron la crisis macroeconómica de los años 1981–1982 es evidente la necesidad de evitar de nuevo una situación semejante. Sin duda, las consecuencias de la debacle económica fueron realmente deplorables. Sus secuelas negativas se hicieron patentes durante muchos años. Quienes no pasaron por esta experiencia deben tener siempre presentes las enseñanzas de este capítulo doloroso de la historia económica y social del país. Por ello los nuevos grupos de profesionales, sindicalistas, empresarios y sobre todo políticos deben actuar con premura, sin ambages ni reticencias, con los pies sobre la tierra. De hecho, evitar una posible crisis macroeconómica en el año 2021 es una condición perentoria para poder reactivar, cuanto antes, la economía nacional.

2. A fin de prevenir una crisis macroeconómica en el año 2021 existen dos caminos alternativos. En ambos casos se trataría de llegar al año 2022 sin haber tenido que enfrentar una crisis. No obstante, en uno de ellos el paciente mostraría una mejoría palpable en el otro, por el contrario, empeoraría su estado de salud, a pesar de los placebos administrados.

3. En el primer caso, evitar la crisis macroeconómica forma parte de un programa de un carácter más general, cuyo propósito consiste en hacer frente a la situación apremiante del país, ocasionado por el estado comatoso de las finanzas públicas. Las causas, como es bien sabido, se deben a la acumulación de importantes problemas a los cuales no se les dio debida solución, acrecentados últimamente por la COVID-19.

Ahora bien, dada la gravedad del paciente, el tratamiento no puede ser de “shock”. Se requiere más bien de un periodo de tres a cuatro años. Así, el 2021 sería el primer año del proceso. Si se optara por este camino, gracias a la ejecución del programa – evitar la crisis y sanear las finanzas públicas – las perspectivas de la economía nacional mejorarían de manera significativa:

  • La ejecución efectiva de un programa claro y de conocimiento público.
  • La reactivación de la economía, gracias a una mayor confianza y una menor incertidumbre.
  • La colaboración entre Zapote y Cuesta de Moras tendría efectos positivos para continuar la ejecución del programa.
  • La estabilidad de los macro precios (inflación, tipo de cambio, tasas de interés) sería una consecuencia importante del programa.
  • El acuerdo con el FMI representaría un apoyo significativo para el programa.
  • El endeudamiento interno y externo, ineludible para el año 2021, se obtendría en mejores condiciones (plazo e intereses), incluida la posibilidad de una nueva emisión de eurobonos.
  • La tasa de crecimiento del PIB aumentaría y las condiciones del mercado laboral mejorarían.

4. Si se decide tomar el segundo camino siempre se mantendría el objetivo básico: prevenir una crisis macroeconómica en al año 2021. Sin embargo, no se buscaría solucionar el principal problema del país, como sí sucedería en el primer caso. Por lo tanto, la evolución de la situación sería muy diferente: el paciente llegaría con vida al 2022, pero con mayores quebrantos de salud. En el 2022, nuevos equipos de políticos y economistas se harán cargo del enfermo. En el lenguaje vernacular se trataría, sencillamente, de “patear la bola hacia adelante”.

La razón principal para optar por el segundo camino sería la imposibilidad de lograr los acuerdos político necesarios para poder llevar a cabo el programa de estabilización macroeconómica contemplando el primer camino. Esta situación se presentaría, como consecuencia tanto de la pugna entre Zapote y Cuesta de Moras, como por las manifestaciones de los grupos de interés y de la opinión pública en general. Todo ello consecuencia, en buena medida, al hecho de ser 2021 un año electoral. En efecto, si las condiciones políticas necesarias para avanzar por el primer camino no se presentaran, quizás las requeridas por el segundo camino sí podrían darse. Esto, puede ocurrir, especialmente, si las medidas del segundo camino representan un costo político – electoral inferior al del primero. Si los acuerdos políticos para el segundo camino se pudieran concretar, entonces los resultados para el año 2021 serían dos. Primero, se puede prevenir la crisis macroeconómica y segundo las consecuencias para la economía serían negativas:

  • La incertidumbre sería mayor y la desconfianza más acentuada.
  • La economía no se reactivaría.
  • Los acuerdos entre Zapote y Cuesta de Moras se limitarían exclusivamente a los requerimientos de las medidas del segundo camino. La pugna entre los dos poderes continuaría.
  • Las posibilidades de un acuerdo con el FMI serían extremadamente escasas.

El endeudamiento interno y externo, inevitable para el año 2021, se lograría en condiciones de tasa de interés y plazos más desfavorables para el país.

  • Las condiciones de la deuda pública interna en posesión de las entidades públicas y de las operadoras de pensiones serían modificadas.
  • El déficit primario del Gobierno Central aumentaría.
  • La monetización por parte del Banco Central de una parte del déficit del Gobierno Central sería tema de discusión.
  • La posposición de la inversión interna y de la inversión extranjera directa no se harían esperar.

En el caso de este segundo camino sería posible, al menos conceptualmente, concebir otra versión. La tentación consistiría en suscribir un acuerdo con el Fondo en el entendido, por parte de quienes lo aprobaron, de plantear la imposibilidad de cumplirlo dos o tres trimestres después de haber entrado en vigencia. El corto periodo de vigencia del acuerdo sería aprovechado para obtener, en condiciones favorables, los créditos externos necesarios para completar el financiamiento del gasto público del año 2021. Ahora bien, muy difícilmente los funcionarios del FMI aprobarían un acuerdo si no están plenamente convencidos de la decisión del gobierno de cumplirlo a cabalidad. ¡Ellos son flexibles, pero no cortos de entendederas!

Un recordatorio final de esta sección es indispensable: si las controversias políticas resultaran ser de tal naturaleza que no solo los acuerdos políticos requeridos por el primer camino no pueden alcanzarse, sino que tampoco los del segundo, entonces la consecuencia es claramente previsible: la crisis macroeconómica en el año 2021 sería prácticamente imposible de evitar.

5. El conjunto de medidas concretas para alcanzar los objetivos de los dos caminos señalados en los párrafos anteriores, no presentan dificultades significativas desde el punto de vista de los economistas. De hecho, en los últimos meses se han hecho sugerencias, propuestas y recomendaciones a granel. Con ellas bien pueden elaborarse diferentes propuestas (programas) con el propósito de alcanzar los objetivos deseados. En concreto, la olla de carne y el gallo pinto pueden prepararse de diferentes maneras. El problema es decidir por cual receta optar.

Al respecto, es necesario desbrozar el terreno. Dos decisiones esenciales deben tomarse. La primera atañe a cuál de los caminos tomar. La segunda se refiere al conjunto de medidas que deben aprobarse. Ambas decisiones son de naturaleza política y no económica. El aporte de los economistas puede ser útil sin duda, pero en un ámbito restringido. Ellos pueden opinar sobre las consecuencias económicas de medidas económicas. Sin embargo, las consecuencias sociales y políticas de ellas están más allá del ámbito profesional de los economistas. Sencillamente su caja de herramientas no contiene los instrumentos necesarios para llevar a cabo esta segunda tarea. Los políticos sí cuentan en su caja de herramientas con el instrumental necesario (sexto sentido, tanteómetro, ojímetro; además, al decir de los chinos, saber tantear cuán resbaladizas son las piedras al atravesar un río) para tomar las decisiones y dar así respuesta a las dos preguntas anteriormente planteadas. Ellos fueron electos democráticamente para tomar las decisiones del caso ante este tipo de situaciones. Menuda tarea, nada sencilla, muy compleja y llena de abrojos. Es fácil equivocarse y difícil acertar.