Por: José María Villalta Flórez-Estrada.   9 octubre

En el editorial titulado “La derrota de la democracia callejera”, publicado por El Financiero en la edición No. 1.201 (6-12 de octubre del 2018) se insinúa que los sindicatos obedecen al Frente Amplio. En concreto se dice que “parecieran obedecer al diseño leninista de correas de transmisión de un Frente Amplio…”.

La concepción leninista aludida supone que las líneas del partido político se transmiten a los sindicatos por la vía de militantes que a su vez son dirigentes y las imponen a la agrupación gremial, de esa manera los sindicatos se convierten en “correas de transmisión” de las decisiones partidarias.

Los sindicatos en Costa Rica se empezaron a independizar de los partidos políticos después de la caída del socialismo en la Europa del Este y de la huelga magisterial de 1995. El debilitamiento de las antiguas izquierdas marxistas-leninistas y la ruptura con Liberación Nacional, fortalecieron su autonomía.

El Frente Amplio nunca en su historia, que ya llega a los 14 años de existencia, ha comulgado con la concepción de las “correas de transmisión”, por el contrario hemos considerado positivo para la democracia costarricense que los sindicatos decidan y actúen con independencia.

También existe la tentación de la concepción opuesta. Es decir en determinados momentos los sindicatos han querido que el Frente Amplio adopte sus posiciones y avale sus decisiones sin crítica alguna. Esto tampoco es admisible.

Desde esa independencia puede haber y habrá coincidencias y discrepancias entre el Frente Amplio, como partido político, y los sindicatos y el resto de organizaciones y movimientos sociales.

Sin presiones

Esto está incluso plasmado en documentos como los del Primer Congreso del Frente Amplio, donde se puede leer: “No concebimos a los movimientos sociales como “correas de transmisión” de las líneas partidarias y, en consecuencia no pretendemos imponer agendas desde arriba ni suplantarlos, sino acompañarlos y contribuir en los procesos de coordinación, articulación y unidad en la lucha”.

El Frente Amplio busca convergencias y articulación con los sectores sociales, eso sí es cierto, sobre la base del respeto al pluralismo, la democracia participativa y la horizontalidad, no la subordinación.

En el caso concreto de la reforma fiscal hemos incidido en el terreno parlamentario desde la propuesta que ofrecimos en la campaña electoral. Entendemos la urgencia de la reforma, pero no creemos que la finalmente aprobada en primer debate, sea la mejor.

En relación con el curso de la “huelga nacional contra el combo fiscal” hemos hecho ingentes esfuerzos para encontrarle una salida por la vía del diálogo y la negociación. Estamos convencidos que el Gobierno no hizo todo lo posible.

Hemos acompañado el movimiento que es más que el sindicalismo, pero hemos rechazado cualquier forma de presión que ponga en peligro la salud o la vida de la ciudadanía. En algunos casos se le están atribuyendo acciones de delincuencia común y no de las personas protestantes.

Hemos propugnado siempre por vías de lucha pacíficas y no violentas y por el respeto de las sentencias de la Sala Constitucional que garantizan el derecho a la protesta y a la manifestación, así como al libre tránsito, si llegaran a colisionar estos derechos de una y otra parte, es a las autoridades a quienes corresponde congeniarlos.

Es posible que ahora prevalezca la idea de que el movimiento social ha sido derrotado tal y como sostiene el editorialista, sin embargo, como ocurrió en Alcoa, la huelga magisterial de 1995, el Combo ICE, la lucha contra el TLC con los Estados Unidos y otras acciones de “democracia de la calle”, la historia no se escribe en blanco y negro y las repercusiones sobre la realidad nacional están por verse.