Por: Roberto García H..   13 octubre
Roberto García.
Roberto García.


Fue una entrevista sincera, con el sabor de la buena conversación y esa atmósfera de intimidad que a veces uno observa a cierta distancia entre las personas, en un café, en una oficina o en cualquier lugar y, por genuino interés humano, más que por curiosidad, quisiera acercarse a hurtadillas y ser testigo de privilegio.

Es más, aún sin sonido, hubiese sido posible intuir la transparencia con que dos seres nos cautivaron en el programa Las Paredes Oyen, el martes último.

Decir que Édgar Silva Loáiciga es un excelente periodista y un hábil conversador, es redundar. Vale entonces agradecer la disposición de Claudia Poll Ahrens, al confiar en su interlocutor y mostrar a los televidentes las aristas de su recia personalidad. La ondina de hierro y el alma de niña conviven en un solo espíritu que se expresa, serenamente, desde el fondo de sus ojos claros.

Claudia Poll —Medalla de Oro en Atlanta 1996— desgranó verdades que ojalá hagan eco en quienes toman decisiones, como el respaldo a los entrenadores nacionales; su clamor para que los envíen a capacitarse al exterior y retornen a ofrecer aquí lo aprendido.

También nos dio una lección de relisciencia, al borrar de su léxico la palabra sacrificio. Lo que Claudia exhibe a raudales es la fuerza de voluntad que la hace disfrutar cada minuto, cada hora, cada jornada en el agua, donde, según explicó, manda Francisco Rivas Espinoza, su mentor y estratega.

También describió su alianza con el dolor; más que soportarlo, convivir con él, y experimentar el agotamiento extremo en función de un propósito; como en la Biblia, tiempo de reír, tiempo de sufrir, tiempo de llorar…

En lo particular, me conmovió la mención de Ricardo Quirós Sáenz (q.d.D.g), figura legendaria de nuestro periodismo deportivo. Claudia también dio su reconocimiento a la Selección Nacional de fútbol femenino y a la atleta Andrea Vargas Mena.

Soy devoto de la conversación, constructor de sueños, arreglador del mundo entre tazas de café. En esta actualidad de WhatsApp y emojis, dialogar cara a cara, va convirtiendo a los de mi raza en piezas de museo. Gracias, Edgar, por Las Paredes Oyen. Gracias, Claudia, por la empatía, por el respeto al otro, por la sinceridad de sus palabras cercanas.