Por: Roberto Artavia.   6 septiembre

No hay nada que justifique en este momento un llamado a una huelga nacional indefinida. Escribo esto antes de saber qué pasará con el llamado que han hecho —irresponsable e innecesariamente— los sindicatos del sector público. Independientemente de lo que haya ocurrido, quiero dejar claro mi punto de vista.

La huelga convocada tiene dos intenciones: 1) tratar de intimidar al Gobierno, los diputados y la población en general para evitar que la impostergable reorganización del Estado y del empleo público que seguirá a la aprobación del plan fiscal. 2) Seguir dividiendo a la población por medio del engaño, enviando un mensaje de falta de solidaridad en una nación cuya política social activa nos convierte en un líder mundial en convertir el crecimiento económico en progreso social.

Aún si logran “paralizar el país”, como han amenazado, deben saber que el 85% o más delos costarricenses están en su contra y que, lejos de apoyarlos los repudian. El movimiento no representa a nuestra sociedad, sino el egoísmo corrupto de un sector que se ha enfermado por la flojera de gobiernos nacionales previos que permitieron el crecimiento de su riqueza por medio de privilegios injustificables, otorgados cada año sin que medie una verdadera evaluación de su trabajo.

Fuerza desproporcionada

La fragilidad de nuestra infraestructura y el “gigantismo estatal” que padecemos hace que muchos recursos críticos estén bajo control de estos sindicatos lo que les da una fuerza desproporcionada a su baja representatividad, pero no debemos dejarnos engañar. Es un movimiento no representativo de nuestro sentir como sociedad. Es corrupto y quizás ideológico, buscando otro conflicto que le permita crecer a la izquierda nacional e internacional en nuestro país.

Si se da una crisis profunda a raíz de la situación fiscal del país —y ojalá no sea así— espero que se use principalmente para reorganizar nuestro sector público a uno mucho más pequeño, altamente digital, y con una reorganización completa del empleo. Si la huelga nos sume en crisis, cuando menos que ésta se use bien.