Por: Pascal Rohner.   6 octubre

En los últimos días, conocimos otros datos positivos de la economía estadounidense. La noticia más destacada fue el ISM no-manufacturero que se basa en una encuesta por muestreo a los ejecutivos de compras y suministros. Es un indicador líder importante que da una idea de las condiciones que pueden afectar el crecimiento económico y las presiones de la inflación. El índice se disparó de 58,5 en agosto a 61,6 en septiembre, mucho mejor que el consenso de los economistas de 58,0. De hecho, es el nivel más alto en más de 20 años.

La creación de empleos en septiembre fue menos fuerte de lo esperado. Se crearon 134.000 nuevos empleos en setiembre, por debajo de las expectativas de 185.000. Sin embargo, el dato de agosto fue revisado de 201.000 a 270.000, lo que más que compensa la caída en setiembre. Más importante, la tasa de desempleo cayó de 3,9% a 3,7%, un nivel tan bajo que no se ha visto en casi 50 años, desde diciembre 1969, para ser exacto.

Una economía tan fuerte debería ser positiva para las bolsas de valores. Actualmente, hay muy pocos riesgos de recesión, sobre todo en Estados Unidos. Es muy probable que la expansión económica dure, al menos, dos o tres años más. Sin embargo, vimos una corrección fuerte en las bolsas causada por estas noticias económicas positivas. Principalmente, esto se debe a temores de más subidas en las tasas. En consecuencia, el rendimiento del tesoro americano a diez años superó el 3,2%. Históricamente, 3.2% no es un nivel extremadamente alto, pero sí es el nivel más alto de los últimos siete años.

En realidad, la subida de las tasas, y sobre todo las tasas a largo plazo, es una prueba de confianza en la economía estadounidense. Es muy importante subrayar que el alza en el rendimiento del tesoro americano a largo plazo se debe principalmente a buenos datos económico, y no a un shock inflacionista. La curva de los rendimientos del tesoro americano se ha inclinado en los últimos días, que es una señal positiva y debería de apoyar la renta variable -y sobre todo- a los sectores cíclicos como la tecnología, consumo discrecional, energía o bienes de capital. Por lo tanto, la corrección de los últimos días ofrece una oportunidad de compra.

El riesgo principal es que el crecimiento económico termine siendo más inflacionario de lo que piensa la Reserva Federal. En su reunión, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) alzó la tasa de referencia del rango entre 1,75% y 2,00% a un nuevo rango de 2,00% a 2,25%. Su plan es subir la tasa por otros 25 puntos básicos en diciembre, seguido por tres nuevos ajustes más en el 2019 para llegar a un rango de entre 3,00% y 3,25% a finales del 2019. Actualmente, el mercado anticipa una tasa de entre 2,75% y 3,00% para diciembre del 2019. Por lo tanto, el mercado y la Fed están bastante alineados. En otras palabras, los mercados ya descuentan las próximas tres subidas de tasas.

Por ahora, la inflación se mantiene bastante controlada. El Índice de Precios al Consumidor básico se sitúa en 2,2% y la inflación PCE básica (la medida preferida de la Fed) se mantuvo en 2,0% en agosto, en línea con el objetivo de la Fed. Los mercados de renta fija implican una inflación de 2,26% en cinco años y esta expectativa no se ha movido mucho en los últimos días.

Con la tasa de desempleo en niveles mínimos, la falta de presiones inflacionarias podría sorprender. Hay escasez de mano de obra, por ejemplo, para camioneros o trabajadores petroleros. Sin embargo, en setiembre, los salarios solo aumentaron 2,8% comparado con el año anterior. Probablemente, avances tecnológicos, automatización y robótica sigan reduciendo la necesidad de mano obra y afecten negativamente el poder de negociación de los trabajadores. Es razonable asumir que en los próximos meses, la inflación de los salarios aumente un poco y posiblemente supere el 3%.

También es importante seguir monitoreando el desempeño del precio de petróleo y su impacto sobre la inflación. El reciente repunto se debe principalmente a las sanciones de Estados Unidos contra Irán, la caída de la producción en Venezuela y límites de capacidad de oleoductos locales en algunas áreas del fracking en el mercado estadounidense. También hay capacidad de reserva de la OPEP, especialmente en Arabia Saudita, que se podrían activar a mediano plazo. Es posible que el precio del crudo llegue a $90 o $100 a corto plazo, pero lo más probable es que vayamos a ver precios más bajos en el 2019. No esperamos un shock inflacionario por la subida del precio del petróleo.

En conclusión, vemos la reciente mini-corrección de las acciones en Estados Unidos como una oportunidad de compra, especialmente para los sectores cíclicos que se benefician de la economía fuerte. Las tasas seguirán en aumento, pero mucho ya está anticipado por el mercado y no esperamos un shock inflacionario. Por lo tanto, vemos el rendimiento del tesoro americano de diez años entre 3,0% y 3,5% en los próximos meses. Empezaríamos a acumular posiciones arriba de 3,3%.