Por: David Zumbado.   19 septiembre, 2018
Shocks externos que fueran a afectar a nuestra economía eran vistos como poco probables. Sin embargo, estas condiciones cambiaron.
Shocks externos que fueran a afectar a nuestra economía eran vistos como poco probables. Sin embargo, estas condiciones cambiaron.

En momentos en que el tema fiscal acapara todas las discusiones dentro del Gobierno, Congreso e inclusive la población, estamos peligrosamente ignorando (o así parece ser para ciertos actores relevantes) lo que pasa afuera de nuestras fronteras, donde se pueden apreciar casos alarmantes en economías con problemas similares a los nuestros.

Hasta hace unos años, las preocupaciones económicas de lo que pasaba en el entorno internacional eran muy bajas. Estábamos en tiempos de expansión y recuperación a nivel mundial luego de la crisis del 2008, lo que se transmitía en bajas tasas de interés, baja volatilidad en los mercados financieros, precios bajos del petróleo (dado por un exceso de oferta por la OPEC), entre otros. En otras palabras, shocks externos que fueran a afectar a nuestra economía eran poco probables, años idóneos para sanar nuestras finanzas y aprovechar estas buenas condiciones externas.

Como todos sabemos esto no pasó y ahora que estamos en la última etapa del ciclo económico, estas condiciones cambiaron. Estados Unidos está normalizando sus tasas de interés para evitar un calentamiento de su economía (y aumentando así el rendimiento para invertir en sus instrumentos), el precio de petróleo empezó a aumentar dados acuerdos de la OPEC en producción, y la volatilidad en los mercados empezó a emerger dados ciertos acontecimientos políticos y comerciales que han sacado de balance la tranquilidad post crisis.

Mercados emergentes con ciertas vulnerabilidades en sus economías están sufriendo este cambio en las condiciones globales. Imposible ignorar lo que está pasando en Argentina, donde la fragilidad en su economía dadas problemáticas como niveles altos de déficit en cuenta corriente, déficit fiscal y endeudamiento (problemáticas conocidas no creen?) han ocasionado que inversionistas salgan del país y se refugien en economías más seguras (existen otros casos similares como los de Turquía, Brasil y Sudáfrica).

“Casos aislados”

Básicamente, países que no prepararon sus economías para las nuevas condiciones están destinadas a sufrir. El peso argentino se ha devaluado 55 % en el 2018, las tasas de interés subieron al 60 %, la inflación está por encima del 30 % y el crecimiento esperado para este año pasó del 3 % a una contracción esperada del 1%.

Como ya pueden ir infiriendo, lo que diferentes analistas mencionan como “casos aislados en mercados emergentes, donde se observan vulnerabilidades subyacentes de sus economías y errores de juicio de sus actores, entre otros” describen a nuestra economía perfectamente, que al ser combinado con características propias del ciclo económico global, más la incertidumbre geopolítica reciente, crean el combo perfecto para un colapso económico.

Al día de hoy tenemos un crecimiento en el déficit en cuenta corriente (financiado por inversión extranjera directa), el déficit fiscal más alto de los últimos 40 años, endeudamiento por encima del nivel sostenible y una economía cada vez más deprimida. Mientras tanto los diferentes sectores siguen buscando “reformas personalizadas”, diputados introducen y votan mociones sin justificación técnica o votan en contra de una reforma porque “no tiene el peso adecuado en renta”, sindicatos llaman a un paro nacional indefinido, el gobierno se “lava las manos”, etcétera.

Si bien existen diferencias entre nuestra economía y la de países como Argentina y Turquía, es completamente irresponsable de todas las partes involucradas el “escudarse” en el hecho de que nuestros macroprecios se han mantenido sorprendentemente estables en todo este tiempo (o asumir que estos seguirán comportándose así) para seguir oponiéndose, disminuyendo el efecto o tratando de enterrar una reforma que es completamente necesaria para el país, no solo por el efecto cuantitativo en el balance fiscal, sino por los efectos que tendría en: primero, mejorar la perspectiva internacional de nuestro país por parte de inversionistas y calificadoras de riesgo; segundo, lograr conseguir financiamiento adecuado para nuestros gastos y, tercero,mitigar en la medida de lo posible shocks externos ocasionados por las nuevas condiciones globales.

Por lo tanto, es preponderante que nuestros representantes estén a la altura de la situación, así como también es necesario que elevemos la altura del debate. Estamos en un momento crítico en nuestra historia, las condiciones cambiaron, no nos preparamos y una vez que una crisis de confianza por parte del exterior empieza, puede ser imposible detenerla.