Opinión

Un nuevo entorno para las empresas

Las firmas deberán enfrentar mayor presión en la fiscalización de sus servicios en el 2022

Desarrollar actividades empresariales en el 2022 supone tener en cuenta una serie de cambios importantes en las leyes que inclusive de previo a la entrada de Costa Rica en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ya suponían retos para nuestro país: derechos de minorías, regulaciones sobre compras públicas, creación del registro de beneficiarios finales, intercambio de información para efectos fiscales, precios de transferencia, limitación a la deducibilidad de los intereses, responsabilidad penal de las personas jurídicas, entre otras importantes reformas. Somos testigos igualmente de una mayor presión en el control o fiscalización a las empresas y a las personas, tanto de entes de supervisión y regulación como la Superintendencia General de Entidades Financieras, de administraciones tributarias, de la Caja Costarricense del Seguro Social , Tributación, Aduanas y las municipalidades.

Las tres visitas. Todos estos cambios y el aumento de controles suponen a su vez riesgos no solo a la estabilidad financiera de las empresas sino a la reputación y valor de sus marcas y pueden representar, si no se gestionan correctamente, una pérdida patrimonial que obligue a su cierre.

No me parece que seamos suficientemente conscientes de los múltiples riesgos que nos rodean ni creo en general que exista una conciencia de la necesidad de mapear y gestionar los diversos riesgos que nos acechan en el entorno. Así como debemos periódicamente realizarnos exámenes médicos de rutina, debemos preparar a nuestras organizaciones para las eventuales visitas (cada vez más frecuentes) de las autoridades, tanto como debemos prepararnos para una eventual oferta de compra de la empresa y claro está, para la muerte. El comprador, el fisco o la muerte, pueden tocar la puerta en cualquier momento. Llevaba razón Benjamín Franklin cuando sentenciaba que no hay certeza en nada más que en la muerte y en los impuestos.

Sin duda, hoy hay una mayor exigencia a las empresas, especialmente a las grandes y especialmente en materia fiscal: el cuestionamiento luego de que el Ministerio de Hacienda publicara las empresas que declaran en cero, fuesen o no atendibles las razones, ha supuesto un mayor escrutinio y ha llevado a nuevos modelos de fiscalización y gestión triplicando el número de grandes contribuyentes y duplicando los recursos que esta cartera asigna para controlarlos. Esto va de la mano con un clarísimo e innegable aumento de los controles, del cobro, de los cierres de negocios, de los cruces de información, de la obtención de información y del aumento en fiscalizaciones: cuando se está pidiendo nuevos impuestos a los diputados (renta global dual) Hacienda debe demostrar que está cobrando bien los que ya existen.

Cuando el presupuesto es ajustado, las decisiones deben orientarse a obtener la mayor cantidad de resultados al costo más bajo.

Los tributos son siempre relacionados con una expectativa de contraprestación: pago pero no por solidaridad sino porque espero algo a cambio. Esta realidad, llevará a que la carga fiscal del país aumente en el tiempo lo que a su vez pondrá mucha presión en las empresas, que ya deben lidiar con una maraña administrativa y cargar como contribuyentes con un Estado ineficiente y altamente costoso.

El nuevo entorno es además definido y moldeado desde afuera: Europa cuestiona nuestro sistema de renta territorial, la OCDE exige que acusemos a empresas por actos de corrupción, el G20 impone la armonización de los mínimos impositivos en todo el mundo, el Fondo Monetario Internacional exige el aumento de la carga fiscal.

Este entorno plantea una peligrosa tensión entre lo público y lo privado y exige a mi parecer un ejercicio de balance entre el derecho a la privacidad y la información de interés fiscal, el aumento de la carga fiscal como porcentaje del PIB y el replanteamiento de las funciones del Estado y de las condiciones del entorno para fomentar crecimiento, la obligación de las autoridades de fiscalizar y controlar y la ponderación y conciencia de riesgo en las empresas. Debemos prepararnos siempre para “las tres visitas” y ser muy conscientes que el entorno, cada vez más global y cada vez más exigente seguirá cambiando.

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