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Un negocio propio que se moldea con el sabor, el olor y el placer del chocolate

Chokoholic mantiene la idea de Chocolatería Artesanal, productos hechos a mano y al gusto.

Carlos Cordero

Hay empresas forjadas a golpes de martillo, alineando motores, reparando electrodomésticos, horneando pan o al zigzag de las agujas en la tela. Karina Núñez Esquivel decidió moldear su negocio con el sabor, el olor y el placer del chocolate.

“La idea es llegar a ser la tienda de Todo en Chocolates”, afirma, sueña, se ilusiona y asume con determinación, la propietaria de Chokoholic .

Ella empezó con la idea del negocio –ubicado al costado este de la rotonda de La Bandera, en Montes de Oca- hace dos años, cuando llevó un curso de chocolate, empezó a hacer figuras y estampados en la casa, y los conocidos –y de pronto todo tipo de gente que llegaba por referencias de ellos- le empezaban a hacerle pedidos especiales.

En diciembre del 2010 dejó su trabajo como editora de la revista Mucho Gusto para empezar la nueva aventura tan solo con el aguinaldo, un dinero que le dio su madre (parte de su retiro como enfermera durante 40 años del Hospital de Niños), y el empuje y confianza que recibió de la gente cercana.

Tras formalizar la empresa, la producción fue creciendo y pronto la casa se hizo insuficiente para recibir la cantidad de clientes que seguían llegando, impulsada también por el sitio Web y la página en Facebook que había creado para promocionar el negocio.

Entonces se armó por segunda vez de valor, ese ingrediente que hace la esencia de los emprendedores, y empezó a buscar un local.

De la casa al local

Hallar el punto ideal fue una tarea en constante variación.

En un centro comercial el alquiler le costaba $5.000 mensuales. Los números no daban ni siquiera pensando en complementar la fabricación de chocolates con una “choco-cafetería”. Además, pensó, en esa etapa era necesario concentrarse en un solo negocio.

Un día que bajaba hacia la rotonda de La Bandera desde la Universidad Estatal a Distancia (Uned), ubicada en Sabanilla, vio el local que ahora ocupa. Habló con el propietario y lo alquiló por unos $800, un precio seis veces menor que en el centro comercial.

Lo principal otra vez fue el apoyo recibido. “Creo en su proyecto”, le había dicho el propietario del local.

Ya tenía el 80% de los moldes (unos 500 en la actualidad) y una refrigeradora. Ahora debía adquirir otros utensilios (hornos microondas, mesas y mobiliario tanto para la fabricación como para mostrar los productos), acondicionar el local y hacerle una división (era un cajón cuando empezó) de la cocina y la tienda. La inversión fue de $10.000.

Nada es sencillo. Ella lo sabe y lo asume. Pero lo que la hace endurecer el tono fue recordar las dificultades para realizar los trámites de permisos del negocio.

En la Municipalidad le dieron una lista de requisitos que Karina Núñez empezó a tramitar y a ordenar en forma de certificados, constancias y otros documentos.

Cuando los completó, los presentó. En el Municipio le dijeron que faltaban requisitos y que entre los que llevaba había algunos que no eran necesarios.

Karina les mostró la lista y el mismo papel que ahí le habían entregado, indicándoles incluso la funcionaria que la había atendido.

-"Son requisitos desactualizados. Seguro a mi compañera se le traspapeló ese que le dio a Usted”- le respondieron. “Ahora hay otros nuevos, que son los que debe presentar para que le demos la patente del negocio”.

En este tramite duró dos meses, durante los cuales tuvo que pagar el alquiler del local sin poder abrirlo aun.

Creciendo

Para el momento de la inauguración del local –en agosto pasado, al fin- tenía 60 clientes que compraban de forma consistente, a los cuales conocía y de los que ya se había memorizado sus gustos.

La clientela aumentó , ahora con funcionarios de la Universidad de Costa Rica y del BAC San José, entre otros, atraídos siempre por las buenas referencias y la ubicación del negocio.

Incluso empezaron a llegarle clientes de otras zonas de San José y la página de Facebook creció de 1.700 a 2.718 seguidores (hoy en la mañana 38 de ellos estaban hablando de su empresa).

“Con Facebook tengo mucha interacción con los clientes”, destaca ella. “Hay mucha empatía, hay mayor confianza”.

El catalogo de productos también se amplió.

Chokoholic mantiene el concepto de la chocolatería artesanal, de productos hechos a mano para cada cliente. “Es más personalizado e implica mayor dedicación”, dice.

Como insumos utiliza cacao tradicional –en especial para chocolates que le piden para fiestas, dado que son más económicos- y cacao orgánico, este último producido por la Asociación de Mujeres Productoras de Cacao (Amazilia) de Guácimo.

Karina enumera una gran cantidad de productos que los clientes pueden comprar en su tienda o que hace a pedido.

Para darse gusto Usted puede llevar bombones, chocolates rellenos (con whisky, con baileys, dulce de leche, vainilla, piña colada, trufa de galleta, avellana, nugget y mani) y paletas, “en cualquier cantidad de diseños” para diferentes ocasiones.

Se le puede pedir chocolates personalizados, como el odontólogo que le pidió unos con forma de una muela o el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados al que le hizo 500 chocolates en forma de una gota de agua.

“Acueductos los pidió el miércoles en la tarde para el viernes a las 8 a.m.”, cuenta. “Con mi mamá y la ayuda de una señora pasamos 24 horas seguidas haciéndolos y salimos a entregarlos hasta las oficinas en Pavas con el tiempo suficiente para entregarlo a tiempo”.

No hay impedimentos. Chokoholic creó una línea para diabéticos que incluye barras y chocolates hechos con cacao puro, sin azúcar, y con rellenos de mermeladas de naranja, fresa o menta hechos también “en casa para garantizar que sean libres de azúcar”.

¿Queques de chocolate? Sí, y también cupcakes (que son como quequitos), galletas, chasekate y pan de chocolate, estos últimos a pedido y para entregar al otro día.

Muchos de estos productos se incorporaron porque los clientes los pedían. En estos casos Karina Núñez cuenta que debe investigar –incluso en algunas ocasiones tiene que mandar a traer algún libro especializado, como en el caso de los cupcakes- y empieza a hacer pruebas hasta que queda satisfecha.

“Los clientes van dictando las pautas”.

Para esta Navidad ya tiene preparadas tres barras de chocolate para ofrecer con empaques que llevan la leyenda personalizada.

Pero ella apunta más allá. “Quiero crecer y afianzar el concepto”, dice. “Que cuando la gente piense en chocolate, piense en Chokoholic”.

La idea de tener un espacio para que los clientes se queden y disfruten el chocolate con algo más, conversen y permanezcan en la tienda está aun planteada como una meta a alcanzar.

Hasta entonces deberá seguir llevando la administración del negocio, haciendo las compras, mercadeando los productos, cumpliendo con lo que le piden las instituciones como empresa formal, y en especial cumpliendo con los pedidos y atendiendo a los clientes, con productos hechos a mano de chocolate oscuro o blanco.

Ficha de la empresa

Nombre : Chokoholic

Negocios : Producción de golosinas y productos como bombones, rellenos, paletas, cupcakes (quequitos), galletas, chasekate, queques y pan de chocolate, y personalizados. Línea para diabéticos que incluye barras y chocolates hechos con cacao puro, sin azúcar.

Perfil de Facebook : ChoKoholic.

Página Web : www.chokoholic.net

Ubicación : Montes de Oca, costado este de rotonda de La Bandera.

Año de fundación : Diciembre 2010.

Pymes, El Financiero

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