Tecnología

Agricultura 4.0 intenta abrir surcos a la innovación en la pequeña producción

Proveedores y entidades impulsan adopción de las tecnologías avanzadas de bajos costos entre productores con menor capacidad de inversión

Una estación meteorológica en una parcela registra en tiempo real datos de humedad, viento, precipitación o temperatura, entre otras, cuyas oscilaciones afectan los cultivos.

“Si se sabe la situación con anticipación se pueden tomar decisiones sobre qué hacer”, dijo Pedro Avendaño, coordinador de la unidad ejecutora regional del proyecto Sistemas Agroforestales adaptados al corredor seco centroamericano, conocido por Agro-Innova.

Agro-Innova, iniciada en noviembre de 2020, es ejecutada por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), con el apoyo financiero de la Unión Europea, y con la cooperación de entes como Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie), en cuya sede en Turrialba se realizan las pruebas.

La estación combina tecnologías de Internet de las cosas (IoT), como sensores, y de computación en la nube para mejorar la actividad productiva, la conservación forestal y el uso del agua. Una estación profesional tiene un costo de $18.000 a $40.000, por lo que el objetivo del proyecto es reducirlo a menos de $1.000 y con la misma eficiencia.

La idea es instalar estaciones en la costa del Pacífico, desde Chiapas (al sur de México) hasta Panamá, una zona de productores con alta vulnerabilidad a los cambios climáticos y del mercado. Así podrán monitorear información de las variables, recibir alertas y obtener recomendaciones.

Las tecnologías de Agricultura 4.0 ya se utilizan en compañías de grandes extensiones y de agroexportación con avances y resultados calificados como “interesantes”. El reto es su adopción entre pequeños productores, especialmente en economías de subsistencia.

“Se necesita capacitación e impulsar proyectos”, dijo Adrián Alvarado, ingeniero agrónomo y consultor en Agricultura 4.0. También es socio fundador de Farmer To Home, dedicada a venta a domicilio de alimentos de calidad premium.

En Costa Rica se contaría con condiciones de conectividad a Internet, educación digital y cultura agroempresarial, políticas y marco regulatorio, y programas de transferencia tecnológica e innovación. Hay también un amplio ecosistema de proveedores de biotecnología, apps y soluciones basadas en IoT, big data y blockchain, así como entidades de apoyo. La tarea es mejorar esas condiciones, actualizar perfiles técnicos y profesionales y que las tecnologías sean atractivas.

Mezcla tecnológica
Se pueden utilizar sistemas como:
Sensores: de bajo costo y bajo consumo energético, que usan baterías AA.
Drones: para capturar imágenes aéreas de cultivos y crear modelos que faciliten la medición de áreas, volúmenes y características generales del terreno.
Redes de radiofrecuencia: tecnologías de transmisión de datos largo alcance como SigFox o LoRa.
Internet: conexiones de datos móviles con tecnologías de redes celulares de 3G y 4G.
Imágenes: satelitales o tomadas por drones.
Estaciones meteorológicas: son equipos remotos de medición de variables meteorológicas.
Maquinaria agrícola: equipos y maquinaria computarizadas y con sistemas de conexión para transmisión de datos.
Software: sistemas en la nube y aplicaciones móviles desarrollados por firmas tecnológicas y fabricantes de maquinaria agrícola.
Fuente: IICA, Landtern, Matra y Adrián Alvarado

De la mecanización a la inteligencia

La maquinaria (con costos de hasta $35.000) utilizada en la producción agrícola es cada vez más digital para hacer más eficiente la producción. “Se aplica en todas las etapas del ciclo”, dijo Mario Ulate, subgerente de la división agrícola de Matra.

Actualmente se incorporan sistemas de geolocalización (GPS), monitores y piloto automático para trazar surcos, sembrar, aplicar insumos, abonar y cosechar. Para estas labores se usan los parámetros gestionados en la computadora y app móvil, así como un controlador que enlaza al subsolador, rastra, brazo de rociado, abonadora o cosechadora que se instale en el tractor. Además, se pueden usar aplicaciones de gestión financiera, cronograma de insumos y de datos meteorológicos, entre otras.

Los equipos se pueden monitorear, además, con redes móviles de tercera o cuarta generación (3G o 4G), de forma que se obtienen datos de ubicación, velocidad, combustible, diagnósticos preventivos, fallas mecánicas y reportes. El resultado serían cultivos homogéneos, mayor precisión y productividad, y menor gasto y desperdicio.

Por encima del costo de la maquinaria y otras tecnologías, el obstáculo es la falta de claridad del retorno de la inversión, en cómo utilizarlas en los cultivos y sobre sus beneficios. Superar estas barreras, especialmente, entre pequeños productores es la misión asumida por entidades como el IICA y los proveedores locales. “Cada vez más la tecnología permite realizar soluciones más asequibles”, dijo Albán Sánchez, director general de Lantern, una firma de IoT que opera desde 2014.

Las aplicaciones de mayor uso son de las condiciones atmosféricas, del suelo y de gestión de riego, que permiten reducir el uso, bombeo y trasiego de agua y los costos de traslados e inspección manual. Los datos (humedad, velocidad, viento, precipitación, radiación, flujo de caudales de campo y nivel de pozos) son transmitidos desde un sensor instalado en el suelo a antenas ubicadas a hasta 20 kilómetros mediante redes de radiofrecuencia de largo alcance (SigFox o LoRa).

Impacto positivo
Beneficios de uso de tecnologías avanzadas en agricultura:
Monitoreo y mapeos de cultivos.
Detección de estrés hídrico.
Tratamientos localizados de agroinsumos.
Detección anticipada de estrés nutricional de plantas.
Detección y conteo de enfermedades y plagas.
Mejorar la competitividad.
Tomar decisiones en tiempo real.
Contar con herramientas para mejorar la logística y distribución de productos.
Aumentar la sostenibilidad.
Fuente: IICA, Landtern, Matra y Adrián Alvarado

Las empresas e instituciones insisten en las posibilidades de adaptar los costos de las soluciones al nivel de los pequeños productores. “La agricultura digital presenta la oportunidad de ofrecer soluciones a la medida de las necesidades y adaptable a los presupuestos”, afirmó Emmanuel Picado, gerente de tecnologías de información y comunicación y de agricultura digital del IICA.

En la región se impulsan diferentes iniciativas. En Brasil y Colombia el IICA, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Microsoft, Bayer y Precision Agriculture for Development (PAD), cofundada por Michael Kremer y quien recibió el Premio Nobel de Economía en 2019, impulsan un proyecto de telefonía celular para agricultores. En Centroamérica y el Caribe se desarrolló una app para que los técnicos agropecuarios socialicen, colaboren e intercambien información con los productores.

En el país, con la empresa NI y el Instituto del Café de Costa Rica (Icafe), se impulsó un competencia informática para generar una solución a la enfermedad de la broca del café, que se pueda utilizar también en Centroamérica. Además, el IICA está fortaleciendo su Fab Lab para el desarrollo de innovaciones agrícolas y su Centro de Interpretación del Mañana de la Agricultura (Cimag), desarrollado con apoyo de Bayer y Microsoft, donde se muestran aplicaciones de realidad virtual, IoT e inteligencia artificial en la agricultura.

Para la formación de técnicos y profesionales se desarrolló un programa de IoT junto con la Universidad Cenfotec, dirigido a jóvenes rurales de América Latina, y se impulsa una maestría regional de agricultura digital con la Universidad de Córdoba, España.

Los especialistas recalcan que los esfuerzos se enfocan en la transformación “en marcha” hacia una producción más tecnificada, moderna, competitiva, inclusiva y basada en ciencia. En el caso de Agro-Innova la meta es instalar estaciones a finales del 2021 en dos o tres países y escalar luego a 90 parcelas (15 por país) para que los productores vecinos comprueben los resultados.

Carlos Cordero Pérez

Carlos Cordero Pérez

Carlos Cordero es periodista especializado en temas tecnológicos. Escribe para El Financiero y es autor del blog "La Ley de Murphy".