Por: Carlos Gallegos.   9 febrero, 2018
29/11/2017. Carlos José Gallegos Echeverría, columnista de El Financiero, columna Conectados. Fotos Melissa Fernández Silva
29/11/2017. Carlos José Gallegos Echeverría, columnista de El Financiero, columna Conectados. Fotos Melissa Fernández Silva

Hay niños en América del Norte que nunca han tenido un juguete analógico en sus manos. Nunca han jugado con una bola de fútbol, montado en bicicleta, jugado naipes, o saltado la cuerda, o cualquier otro deporte o actividad de contacto físico y no virtual.

Si aceptamos la realidad de que hemos avanzado a pasos agigantados y a gran velocidad en la digitalización de nuestras vidas (teléfonos inteligentes, redes sociales, Netflix, Waze, etc.) podemos entrever o aceptar que habrá una eventual desaceleración y una vía de retorno o regreso?

Es decir ¿consideramos posible un escenario en que volveremos a un mundo más físico o analógico? Si la respuesta fuera afirmativa, ¿cuáles serían los “drivers” o conductores para que se dé ese cambio y regreso?

Personalmente creo que llegaremos a un punto de saturación digital en ciertas actividades y que sencillamente por un asunto de conveniencia pragmática desandaremos parte del camino andado. Igualmente pienso que será un retorno parcial pues en otras actividades y quehaceres humanos la digitalización es imparable y sin retorno.

Me atrevería a apostar que en el diseño, el entretenimiento y la medicina por ejemplo la digitalización no tiene vuelta.

Quisiera pensar que en la educación y formación temprana de personalidad y carácter, desaceleremos, nos detendremos y volveremos a un punto intermedio por la sencilla razón que nuestro cerebro y sus conexiones neurálgicas y su neuroplasticidad requieren de un cara a cara, de un verse a los ojos, de un “humanidad … estamos conectados”.