En la aldea Dali, ubicada en el condado de Rongjiang, en el sur de China, los ancianos no se sorprenden cuando alguna persona extraña llega a tomarles fotografías. Incluso hasta con señas logran posar para las imágenes que desean los turistas, en especial si están realizando alguna labor, por ejemplo manipulando un telar.
La presencia de turistas es, por decirlo de una manera, un elemento más en el paisaje de esta comunidad de temperatura y humedad elevada, rodeada de montañas boscosas.

Al igual que Dali, la aldea en Xijiang (de la etnia Miao) está dispuesta para el turismo, pues hasta brindan espectáculos tradicionales en la plaza central. El lugar es una plataforma para mostrar tradiciones, bailes y trajes propios de la zona. Estos sitios se ubican al sureste de a provincia de Guizhou.
Xijiang es más grande y está ubicada cerca de la ciudad de Kaili. Dentro de ella hay zonas para admirar el paisaje, tiendas de artesanías o productos tradicionales chinos, hoteles, pequeños supermercados y desde luego restaurantes. Todo está dispuesto para que desde la calle las personas tengan fácil acceso, ya sea si van caminando o en los pequeños transportes que brindan servicios dentro de la aldea.
¿Qué es lo que hace a estas aldeas diferentes? La respuesta es sencilla, cambiaron totalmente su modelo productivo. Antes eran pueblos basados en la agricultura y ahora su economía radica en el turismo. Pero no se confunda, eso no quiere decir que abandonaran las actividades agrícolas, aún las mantienen y son las que proveen a los sitios turísticos de productos.

Además, una de las advertencias que les shacen a los viajeros es que si notan pocas personas en los pueblos es porque quizás se encuentren en los sitios de cultivo, por ejemplo cosechando arroz.
Otra de las características destacadas de estos pequeños centros de población étnicos es que en determinado punto el acceso al pueblo es controlado. Es decir, autobuses y vehículos particulares no pueden entrar y por lo tanto el medio de transporte son pequeñas unidades que en realidad son adaptaciones para llevar unas doce personas o menos. También se puede ir caminando.
Solo los lugareños pueden ingresar con sus medios de transporte.

Este modelo de negocio pretende preservar la arquitectura y las condiciones esenciales en construcción de cada etnia. Por eso, aunque hay hoteles y construcciones, no se aprecian edificaciones salidas de tono con respecto al paisaje, tampoco se ven megahoteles con muchos pisos.
Para China estas aldeas son calificadas como patrimonio inmaterial o intangible. Para las autoridades es el prototipo de la urbanización rural. El paisaje lo componen casas de madera denominadas de piso suspendido que se erigen en las laderas de las montañas, una técnica propia de la localidad y que precisamente tiene el riesgo de desaparecer por las modificaciones de las costumbres de los habitantes más jóvenes, reseña un artículo de Wang Qin en la publicación Folklore Studies de marzo del 2026 del Instituto del Folklore de China de la Universidad de Shandong.
Para evitar la pérdida de la arquitectura se ideó un plan de protección y ahora hay comités de protección. Todo dio paso a normas de construcción específicas, por ejemplo techos con tejas pequeñas verdes. Además implicó el Método de Recompensa de la Cultura Étnica de la Aldea Miao con evaluaciones y pagos cada seis meses que salen del 18% de las entradas turísticas.

“La prima por protección de la cultura étnica se otorga principalmente según el grado de conservación de la casa de piso suspendido y el número de miembros de la familia: cuanto mayor sea la antigüedad de la casa, mayor su superficie y más residentes permanentes, mayor será la prima; se descuentan puntos si la casa utiliza materiales de aluminio o si las condiciones sanitarias son deficientes”, agrega la especialista Qin.
Dentro de la aldea se evita la demolición y la reconstrucción masiva.
Atractivo
Aunque en ccidente los atractivos turísticos están más ligados a parques nacionales, alguna playa con belleza escénica, un volcán u otro fenómeno geológico, el atractivo de estas aldeas es su cultura entendida desde la arquitectura hasta los trajes tradicionales abarrotados de plata. También los bailes, las celebraciones, los bordados y la música.
La fórmula dio resultado, según una publicación de CGTN, el ingreso per cápita de los habitantes en Xijiang en el 2007 era de aproximadamente el equivalente a $251 del presente. En el 2024 el ingreso disponible llegó a $4.580 sin tomar en cuenta el efecto inflacionario.

Esto es, en términos más familiares para Costa Rica, un turismo rural. Este tipo de actividad tomó auge en el país hace más de diez años.
Actualmente funciona la Cámara de Turismo Rural y Comunitario y existe una legislación al respecto: la Ley de Fomento al Turismo Rural Comunitario 8724.
Esta legislación declara de interés público el turismo rural comunitario (TRC) y lo define como actividad económica gestionada por empresas de base familiar y comunitaria en territorios rurales, orientada a aprovechar de forma sostenible los recursos naturales y culturales para generar ingresos y mejorar la calidad de vida de estas poblaciones. A diferencia del turismo convencional, dominado por grandes inversiones y operadores donde la captura de valor suele concentrarse fuera del territorio, el modelo promovido por la Ley 8724 coloca a las comunidades rurales en el centro de la cadena de valor. El énfasis está en productos turísticos anclados en la vida rural, la identidad cultural y el uso responsable del ambiente, con mecanismos para que los beneficios económicos se distribuyan de forma más directa entre familias, asociaciones y cooperativas locales.
Respecto a la distribución de los recursos, las aldeas chinas tienen otras condiciones. Como la comunidad es un destino en sí mismo, las familias participan de un porcentaje de lo que se recauda por las entradas que cobran.
A un nivel más individual estarían las actividades que cada familia desarrolle, estas pueden ser pequeños museos, hospedajes, tiendas o restaurantes. Según datos oficiales publicados por la prensa local, ahora más del 90% de los habitantes que pertenecen a la etnia Miao laboran directa o indirectamente para la actividad turística.




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El Financiero viajó a China por cortesía del gobierno de la República Popular China. Ninguna condición de publicación fue pactada.