El sector turístico costarricense enfrenta una encrucijada financiera que amenaza la rentabilidad operativa de las empresas locales. A pesar de registrar cifras récord en el ingreso nominal de divisas durante el primer trimestre del 2026, la realidad contable revela una historia diametralmente opuesta.
De acuerdo con la Cámara Nacional de Turismo (Canatur), la apreciación sostenida del colón, sumada a la inflación y el encarecimiento operativo, ha reducido el crecimiento real a un escaso 3%, provocando una contracción del 11% en el empleo de la industria.
En una entrevista con El Financiero, Martí Jiménez, presidente de Canatur, desglosa los retos estructurales, cambiarios y de seguridad que están restando competitividad al país frente a mercados emergentes.
El espejismo financiero de las cifras récord
Según datos del Instituto Costarricense de Turismo (ICT) y el Banco Central de Costa Rica (BCCR), durante el primer trimestre del 2026, Costa Rica reportó un ingreso histórico de $2.034 millones en divisas por turismo. Al comparar esta cifra con el mismo periodo del 2019 —el último año previo a la pandemia—, el salto nominal representa un crecimiento del 62%.
Sin embargo, bajo la estricta lupa contable, este aparente auge estadístico se desvanece y revela un panorama de asfixia para las micro, pequeñas y medianas empresas del sector. El análisis económico demuestra que la riqueza generada está condicionada por varios factores restrictivos.
El jerarca de Canatur explica que, al descontar el impacto del impuesto al valor agregado (IVA), el crecimiento real baja al 43%. Si a esto se le resta el agresivo efecto de la apreciación del colón frente al dólar, la cifra cae al 14%. Finalmente, al ajustar los datos por la inflación aproximada del trimestre (IPC), el incremento de los ingresos se estanca en apenas un 3%.
Para Jiménez, esta merma en la liquidez efectiva ha tenido un crudo efecto en el mercado laboral. Según los últimos datos de la Encuesta Continua de Empleo (ECE) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el nivel de empleo en la industria turística ha experimentado una caída del 11%.

Impacto del tipo de cambio en la rentabilidad del turismo en Costa Rica
Desde Canatur advierten que la fuerte devaluación del dólar en el mercado local ha obligado a los empresarios turísticos a tomar decisiones drásticas de subsistencia. Las compañías, que perciben sus ingresos mayoritariamente en moneda extranjera, deben enfrentar sus obligaciones operativas en colones, una moneda local cada vez más fuerte y cara para quienes exportan servicios.
—¿Cómo está afectando la apreciación del colón la competitividad internacional de Costa Rica frente a otros destinos de la región y qué margen operativo les queda a las MIPYMES turísticas?
—La afectación es enorme, es tremenda. Es la preocupación número uno de prácticamente toda la cadena de valor en turismo. Afectan a dos grandes componentes: uno es la demanda; un posible efecto es si nos estamos volviendo muy caros para los mercados que vienen a Costa Rica. Es muy difícil saber qué hubiera pasado si el precio hubiera sido más alto o más bajo; es mucha especulación, pero no ayuda el tener precios más altos, porque después de la pandemia, hubo que trasladarle a mayoristas, minoristas y a los clientes que vienen primero el IVA, que tenía sus razones de ser, pero con eso le estamos subiendo el precio sin recibir nada a cambio. También hubo un periodo inflacionario después de la pandemia en el mundo; todos los precios tendieron a subir y eso ayudaba a esconder el aumento. Y encima se viene el tema de esta apreciación sostenida profunda del colón. Entonces, ¿qué hacemos? O le subimos más el precio para sufragar los gastos locales o tenemos que absorber esa depreciación y no cobrarle más a los clientes. Es muy difícil no trasladar parte de esa apreciación a los clientes, a la cadena de valor. Entonces, el mercado de Costa Rica percibe que nos hemos vuelto más caros y eso nos lo comentan. Si el producto es mejor, pues tal vez vale la pena, pero si la experiencia en Costa Rica es la misma o hasta decae, por vialidad o por temas de inseguridad, entonces tenemos un precio que sube y un producto que se estanca o que tiene menos valor.
—¿Cuál es la realidad de los costos internos frente a la apreciación sostenida del colón?
—Lo que sí está afectando fuera de toda duda son los costos, la estructura interna de costos de cada uno de los jugadores internos. Porque para nadie es un secreto, recibimos dólares y hay que pagar muchas de las cosas en colones. Lo que vemos es un espejismo con el crecimiento. Porque la aparente ironía de por qué, si la visitación aérea es histórica y se ha roto el récord después de la pandemia, hay tanta preocupación en el sector. En una encuesta que hicimos en julio anterior, el 79% de los actores evidenció preocupación por la reducción de utilidades, el 76% por el aumento de costos y un 63% por la dificultad para mantener tarifas competitivas.

Seguridad y riesgo reputacional
Para Jiménez, las señales de alerta ya son visibles en el mercado estadounidense, el principal socio emisor de Costa Rica. Mientras las salidas de ciudadanos de Estados Unidos al exterior crecieron entre un 1% y 1,12% desde el 2023, destinos regionales emergentes como El Salvador y Guatemala registran ritmos de crecimiento superiores al costarricense, arrebatando silenciosamente una valiosa cuota de mercado.
—Costa Rica se percibe cada vez más como un destino costoso para el viajero internacional. Más allá del tipo de cambio, ¿cuáles son los principales factores operativos que están encareciendo la oferta turística nacional?
—En general, sentimos que estamos perdiendo competitividad porque los precios están más altos y operar es muy caro. La movilidad, sentimos que es uno de los factores que está afectando más al turismo. La estadía promedio se está reduciendo; los que llegan a Guanacaste probablemente no van a salir porque es demasiado el tráfico, entonces no se reparte la visitación, se quedan solo en el hotel y salen menos que antes. El turismo en Costa Rica de altísimo reconocimiento es cuando usted recorre multidestinos, cuando para en la pulpería o donde el verdulero, y eso requiere hacer fáciles los traslados y tener tiempo disponible. Si usted solo se queda en un lugar porque ya el tráfico empieza a complicarse, ya no pasa tantos días o los días que pasa ya no los reparte por todo el país, afecta el producto y resta competitividad.
-La ola de criminalidad e inseguridad que atraviesa el país ha comenzado a ocupar titulares internacionales. ¿Han registrado alertas de viaje o cancelaciones de reservas derivadas de este problema? ¿Cuál es el impacto real de esta percepción en la industria?
—Si vemos los datos del ICT, que hace las encuestas a través de Mabrian, muestran que la percepción de seguridad externa se ha mantenido constante y no registramos cancelaciones masivas de turistas. Al parecer, todavía no ha afectado significativamente. Pareciera ser más anecdótico que algunos pregunten a la agencia, tras haber escuchado algunas noticias del país. Esperemos que no sea cuestión de tiempo, pero hasta el momento se pierden dentro del mar de buenas noticias acerca de Costa Rica.
—La reputación de Costa Rica por su estabilidad política, paz social y solidez institucional ha sido históricamente su mayor activo de marca. ¿Considera que el ambiente de polarización política y los cuestionamientos a la institucionalidad, algunos procedentes del mismo Poder Ejecutivo, están erosionando este valor intangible?
—Creo que hacia afuera todavía no, para efectos del turismo. Para efectos de la imagen de Costa Rica, del producto, de lo que representamos, todavía no. De nuevo, ¿será cuestión de tiempo? Esperemos que no pase a más, pero yo diría que de momento no. Lo que sí le puedo decir en cuanto a seguridad es que ahora El Salvador, por ejemplo, se vende como un país muy seguro y empiezan a quitarnos un poquito de nuestro mercado principal, que es Estados Unidos. Entonces, la seguridad sí tiene un valor que ojalá no lo tiremos a la basura.
-¿Dependerá de cuánto trascienda a nivel internacional?
—Sí, como en todos los temas de percepción. Por ejemplo, lo que salió en el Wall Street Journal hace un mes, esa noticia nadie la quisiera para su país, porque mezclaba inseguridad, choque de poderes del Estado, exactamente el ruido que no necesitamos y en el principal mercado para el país. Lo que me preocupó mucho es que es un medio que leen muchos inversionistas, banqueros o abogados. Al visitante promedio todavía no le llega ese mensaje, pero al inversionista que está considerando a Costa Rica para financiar hoteles, recomendar a su cliente si invertir aquí por temas de seguridad jurídica y demás, a ese sí le afecta. Anecdóticamente, escuchamos sobre inversiones que están ahora en tela de duda, porque las que acaban de abrir el año pasado en Guanacaste, por ejemplo, se decidieron hace muchos años, igual que la inversión extranjera directa en las zonas francas. Esa es la preocupación actual, si será sostenible mantener estos niveles de inseguridad y de desencuentros entre poderes.
—¿Sienten que las demandas estratégicas del sector público-privado se están traduciendo en políticas públicas efectivas?
—Mantenemos una relación de apertura total. El nuevo presidente ejecutivo del ICT, Marcos Borges, asistió a una de nuestras sesiones de junta directiva y mantiene una comunicación fluida con nosotros. Como siempre, el ICT en su labor de posicionamiento, de promoción del país, es absolutamente esencial, es excelente. Estamos bien acompañados, pero lo que se escapa del ICT, porque no le compete o por las razones que sea, es el tema del tipo de cambio. Cuando uno habla con cualquier autoridad y toca el tema de tipo de cambio, nos dicen: ‘Eso no es con nosotros’. El tipo de cambio es una fuente de dolor en todo el sistema. Es que es muy pesado el tema, por todo el contexto de deudas y por todo lo demás.

Concentración del éxito y crisis de infraestructura
Jiménez asegura que, al fragmentar las estadísticas de visitación, se revela una asimetría geográfica que amenaza la equidad del sector. El crecimiento turístico nacional se ha concentrado casi exclusivamente en la provincia de Guanacaste.
Según datos del ICT, tomando como base 100 el volumen del año 2019, la llegada de pasajeros al aeropuerto de Liberia experimentó un salto del 51% para el 2025. En drástico contraste, las llegadas a la terminal aérea en San José registran un preocupante decrecimiento del 2%.
Para el jerarca, esta marcada polarización territorial está estrechamente ligada a la crisis de movilidad vial. La estadía promedio de los turistas en el país lleva cuatro años a la baja. Los visitantes, desmotivados por el colapso vial metropolitano, optan por no salir de sus complejos hoteleros. Esta conducta limita el tradicional turismo de multidestino, fundamental para la irrigación de capital hacia comunidades rurales y comercios locales.
—Usted mencionaba que las deficiencias en la red vial afectan la experiencia de los turistas; ¿cuáles son las obras prioritarias que el sector necesita ver ejecutadas en el corto plazo?
—Lo que es bueno para la sociedad es bueno para el turismo. No se trata de hacer una carretera solo para turistas, sino de resolver el tema país. El problema no es que ahora haya menos calles que antes, es que hay demasiados vehículos privados. Vamos al revés en el desarrollo de una sociedad; en lugar de tener más y mejor transporte público, tenemos más de 40% de reducción en volumen de pasajeros en el transporte público. San José es la segunda ciudad con más tráfico del mundo y eso es terrible para el turismo porque es terrible para la sociedad. Lo que fomentamos es que en el área metropolitana y para llegar a destinos como Guanacaste se haga más rápido y mejor la movilidad. Esos ejemplos se los comentamos a las autoridades del Gobierno y nos han escuchado; el tema es qué tan rápido pueden ejecutar.
—¿Cuál es la estrategia a mediano plazo para diversificar mercados más allá de Norteamérica y consolidar nichos de alto valor?
—Estar muy atentos a mantener nuestra autenticidad, el “pura vida”. El año pasado, en el Congreso Nacional de Turismo, hicimos una estrategia a 10 años, una estrategia sugerida.
Obviamente, no somos las autoridades, pero hicimos una estrategia sugerida y se fundamentaba sobre ese “pura vida”, que puede sonar trillado, pero en realidad es fundamental, porque combina la paz social, la tranquilidad, la protección del medio ambiente, el poder, el trato del costarricense, porque hasta eso está en riesgo ahora; todo eso erosiona el producto. Se debe tener claro que todo cuenta en nuestro producto, porque cuando el tico está bien, el turista está bien. Si nos tratamos bien entre nosotros, si resolvemos problemas viales o de movilidad, si reforzamos la educación, todo eso va fortaleciendo nuestra idiosincrasia, que es lo que al final vienen a ver los turistas; quieren estar con los ticos, estar en una playa paradisíaca o un bosque y estar interactuando con costarricenses que son “pura vida”; eso no tiene precio.
Para Jiménez, la supervivencia del modelo turístico dependerá de su capacidad de reinventarse mediante la diversificación hacia el turismo de bienestar, cultural y médico, y sobre todo, de no perder su esencia humana.
“Nuestra postura es abierta, honesta y fundamentada. El objetivo de Canatur no es confrontar al Gobierno ni asumir un rol de oposición política. Los señalamientos sobre la crisis cambiaria buscan evidenciar, mediante datos objetivos, las dificultades operativas reales que enfrentan las empresas. Solo visibilizando esta coyuntura podremos buscar soluciones conjuntas que permitan al sector seguir operando”, aclaró.
