Todos necesitamos una motivación pero esta es distinta para cada persona. ¿Sabe cuál es la suya?

Por:  15 abril, 2013

Que es bueno para la salud, que es necesario para perder peso, que sirve para liberar estrés, que permite aumentar el nivel de energía…

Estoy segura de que los beneficios asociados a la actividad física le son conocidos.

Sin embargo, saberlos muchas veces no es suficiente para lograr pasar del “debo/quiero/voy a hacer ejercicio” a realmente hacerlo.

“El ejercicio se trata de mover el cuerpo pero no lo vas a lograr a menos de que movás de tu mente los bloqueos mentales primero”, dice la entrenadora Paige Waehner.

¿Y cómo moverlos?

Hacer ejercicio porque sí no los va a mover ni con grúa.

Tiene que tener un significado valioso, un propósito que le ataña personal y directamente y que vaya más allá de los beneficios generales asociados que ya se sabe de memoria.

Para algunos la motivación podría ser inscribirse en una carrera, no necesariamente para ganarla, pero sí por la emoción de participar, de vivir el sentimiento colectivo de hacer una misma ruta y llegar a una misma meta, para lo cual será necesario prepararse haciendo ejercicio regularmente.

Para otros podría ser visualizarse más delgados o más musculosos a largo plazo o simplemente más felices y más llenos de energía a cortísimo plazo (al terminar la sesión de ejercicio).

La motivación también podría ser una recompensa que se dará después de haberse ejercitado. Nunca recomiendo premiarse con comida (¡ni que fuera un perro!) pero sí con un masaje, un paseo, una película, un nuevo look o algún lujillo por el que valga la pena ir a hacer ejercicio aún cuando no tiene ganas. Incluso, sé de algunos que se motivan comprándose ropa deportiva nueva. Es bonito verse bonito, ¿o no?

Hay quienes me han dicho que repetirsefrases motivacionales es lo que los mueve para empezar cada nueva sesión de entrenamiento e, incluso, para terminarla.

Tener a alguien con quien ejercitarse es una excelente motivación. Sea un equipo, un entrenador, un amigo con quien salir a correr… A nadie le gusta quedarle mal a los demás así que si no logra comprometerse consigo mismo, quizás pueda hacerlo con otros. Además, si esta persona es más hábil que usted, puede hacerlo mejorar su desempeño.

La motivación también puede venir de otras personas que tal vez no se ejercitan con usted pero a quienes usted admira; o personas que por alguna razón no pueden hacerlo y que lo hacen sentir afortunado de que usted sí puede. A veces dedicarle determinado esfuerzo a alguien puede lograr que hagamos cosas sorprendentes.

Hay algunos para quienes la motivación no está en el futuro, sino en el pasado: kilómetros recorridos, calorías quemadas, libras perdidas, triglicéridos reducidos; lo logrado, lo superado, lo perdido, lo ganado, sea físico o emocional. ¿Qué más satisfactorio que mirar atrás y verse haciendo cosas que antes no se creía o no era capaz de hacer?

Inicialmente, la mía fue que me volviera a quedar un pantalón en el que había dejado de entrar después de subir 10 libras.

Ahora ya me queda el pantalón y mi motivación diaria es imaginarme a los chicos que llegan sin falta a mis clases, con quienes siento el compromiso de no quedar mal y quienes me inspiran a hacer “una más” cuando ya estoy cansada.

¿Y la suya?

Defina qué es lo que quiere ganar con la actividad física que se propuso y recuérdeselo cada vez que quiera detenerse o que no quiera empezar del todo. Esa será su motivación para hacer ejercicio aún cuando no tenga ganas.

Etiquetado como: