Por: José David Guevara.  5 julio
Somos una sociedad con superávit de palabras y déficit de escucha.
Somos una sociedad con superávit de palabras y déficit de escucha.

¿Qué podemos aprender los costarricenses de Déodat e Imran Zahir en materia de comunicación, diálogo, debate y negociación en torno a los temas que nos dividen como sociedad?

El primero de ellos es un personaje literario; el protagonista de una novela que vale la pena leer: Riquete el del Copete, de la escritora belga Amélie Nothomb.

Se trata de una historia que habla sobre la gente que es diferente, actúa diferente, piensa diferente, opina diferente, tiene una visión del mundo y la vida diferente.

El segundo es un ser humano real. Supe de él en otro libro que es indispensable leer: Cómo hacer la revolución (cambiar el mundo por medio de actos ingeniosos y pacíficos), del autor serbio Srdja Popovic y publicado por Malpaso.

Popovic, biólogo de profesión, dirige el Centro para la Aplicación de Acciones Estratégicas de No Violencia (CANVAS), una organización que se dedica a la difusión del activismo pacífico en todo el mundo.

Déodat posee el "sentido del otro". Una de esas extrañas personas que poseen el don de escuchar a los demás. Su inteligencia radica en la capacidad de comprender y conocer a las otras personas en lugar de juzgarlas, etiquetarlas o insultarlas.

"Los inteligentes que no desarrollen este acceso al prójimo se convertirán, en el sentido etimológico del término, en idiotas: seres centrados en sí mismos", dice el relato publicado por la editorial Anagrama.

"Cuando alguien habla, él escucha"

Imran Zahir, un habitante de la República de Maldivas —un país asiático conformado por unas 1.200 islas en el océano Índico—, luchó sin hacer uso de la violencia contra la despiadada dictadura de Maumoon Abdul Gayoom, quien se mantuvo en el poder durante tres décadas.

En lugar de dar por sentado cuáles eran los verdaderos sueños, necesidades e intereses de los maldivos, este hombre viajó en bote hasta los atolones más lejanos con el objetivo de preguntarle a sus paisanos cuáles eran sus aspiraciones.

"Imran siempre ha tenido don de gentes (...) La razón es así de simple: cuando alguien habla, él escucha. Siempre presta atención a la gente", cuenta Srdja Popovic.

Reitero la pregunta inicial: ¿Qué podemos aprender los costarricenses de Déodat e Imran Zahir en materia de comunicación, diálogo, debate y negociación en torno a los temas que nos dividen como sociedad?

Entre otros asuntos controversiales: déficit fiscal, aborto, Uber, modelo de desarrollo, diversidad, familia, religión y ateísmo.

¿Nos hará falta cultivar el "sentido del otro" en lugar de comportarnos como seres centrados en sí mismos?

¿Realmente escuchamos cuando alguien habla? ¿Prestamos siempre atención a las opiniones, perspectivas, necesidades y temores de los demás?

Que cada quien saque sus propias conclusiones...