Por: José David Guevara.   Hace 6 días
... anudados, sujetados, enlazados, paralizados, enrollados, anquilosados... ¿Hasta cuándo vamos a permitir los costarricenses que quienes se oponen al desarrollo nos tengan maniatados?
... anudados, sujetados, enlazados, paralizados, enrollados, anquilosados... ¿Hasta cuándo vamos a permitir los costarricenses que quienes se oponen al desarrollo nos tengan maniatados?

¿Dejamos las cosas tal y como están en Costa Rica? ¿Nos cruzamos de brazos a esperar que los riesgos y problemas sigan su propio curso? ¿Buscamos un sillón cómodo para sentarnos a ver cómo pasa y se esfuma el futuro frente a nosotros? ¿Nos resignamos a desaprovechar oportunidades? ¿Nos damos el lujo de desperdiciar una importante porción del enorme talento, ingenio, inteligencia y capacidad con que contamos en el país, tanto en el sector público como en el privado?

¿Esa es la idea?

¿Apostar a que los rezagos y desafíos se resuelvan solos, como por arte de magia? ¿Renunciar al desarrollo? ¿Engavetar el progreso? ¿Cerrarle la puerta a la modernización? ¿Enconcharnos y aislarnos del mundo? ¿Decirle no a la posibilidad de beneficiarnos con muchos de los avances, investigaciones, descubrimientos e innovaciones que gracias a la ciencia y la tecnología —entre otros campos— contribuyen con la prosperidad y una mejor calidad de vida?

¿Esta es la ruta-país?

¿Permitir que el miedo a los cambios nos paralice? ¿Darle luz verde a los prejuicios para que nos aten de manos? ¿Autorizar al discurso del odio, las verdades a medias, las consignas populistas y el resentimiento para que nos inmovilicen? ¿Permanecer estáticos ante un planeta, entorno y realidad que se transforman a pasos agigantados? ¿Aferrarnos a la zona de confort? ¿Ahuyentar los sacrificios porque el amor que le tenemos a la patria no da para tanto? ¿Enfrascarnos de por vida en el hábito estéril de ver la paja en el ojo ajeno —persona, sector, gremio— y disimular la viga que llevamos en el propio?

¿Es nuestra máxima aspiración?

¿Cero reformas sustanciales? ¿Prohibidas las reestructuraciones sostenibles? ¿Ninguna renovación de peso? ¿Descartadas las mejoras? ¿Nada que perfeccionar, enmendar o corregir? ¿Ningún golpe de timón? ¿Satanizados por la eternidad el diálogo, la negociación, los acuerdos, el diseño y la construcción de soluciones en equipo? ¿El país de la inflexibilidad, la obstinación, la terquedad, la intransigencia, la rigidez, el egoísmo, la mezquindad, la miopía?

Cantos de sirena

¿Ese es el objetivo?

¿Enterrar las carreteras que merecemos, las tecnologías que soñamos, la educación que necesitamos, la salud a la que aspiramos, la seguridad que precisamos, la administración de justicia que imploramos, los empleos de que carecemos, el rescate de los ríos que contaminamos, los conglomerados —aeronáutico, dispositivos de salud, inteligencia artificial, desarrollo de prótesis, etcétera— que podemos impulsar, la equidad que tanto cacareamos, las tasas de interés que nos aliviarían, los desarrollos urbanísticos dignos?

¿Es lo que queremos?

¿Seguir diagnosticando los retos? ¿Contratando estudios sobre los problemas? ¿Pagando, ad perpetuam, consultorías en torno a las amenazas para el país? ¿Colocando cada cuatro años sobre la mesa de discusión los temas sin resolver? ¿Estableciendo mesas de diálogo que ya sabemos cómo terminan? ¿Nombrando, una y otra vez, juntas de notables cuyas recomendaciones terminan en un archivo? ¿Organizando foros de análisis? ¿Postergando, posponiendo, retardando, demorando, aplazando, dándole largas a los asuntos, pateando la bola hacia adelante?

¿Es responsable seguir así?

¿Jugando con fuego? ¿Creyendo que papá Estado siempre tendrá dinero a manos llenas para pagar salarios, aguinaldos, pluses, beneficios, privilegios, pensiones, transferencias, cesantías y además para invertir en escuelas, hospitales, puentes, puertos, aeropuertos, comedores escolares y muchos otros rubros? ¿Autoengañándonos con la idea de que la vaca lechera de las finanzas públicas siempre va a llenar cuanto balde le pongamos bajo la ubre? ¿Creyendo que somos inmunes a una severa crisis financiera y económica? ¿Que ese tipo de situaciones extremas solo tienen lugar en Argentina, Venezuela, Grecia o Turquía?

¿Es tal nuestro grado de inconsciencia?

¿Vamos a seguir escuchando cantos de sirenas, confiando en caballos de Troya, suponiendo que no tenemos talón de Aquiles, viendo la realidad con la limitada visión del cíclope Polifemo, tejiendo y destejiendo como Penélope, creyendo que somos los consentidos del Olimpo, apostando a que podemos burlar a Caronte —el barquero de los muertos— o que nuestros barcos nunca enfrentarán las tormentas que arremetieron contra los navíos de Ulises y que por lo tanto disfrutaremos de un calmo y placentero retorno a Ítaca?

¿Entonces no hacemos nada?