Por: José David Guevara Muñoz.   23 marzo
La crítica situación económica que padece el país, y que se agravará en los próximos meses, retrata de cuerpo entero la deficitaria gestión económica del Gobierno 2014-2018.
La crítica situación económica que padece el país, y que se agravará en los próximos meses, retrata de cuerpo entero la deficitaria gestión económica del Gobierno 2014-2018.

Me refiero a los dos señores que aparecen felices y aplaudiendo en la foto que acompaña a este texto: el expresidente Luis Guillermo Solís Rivera y el exministro de Hacienda, Helio Fallas Venegas.

¿Cuál tarea dejaron pendiente los personajes principales de esa imagen captada el 25 de abril del 2019 durante la develación del retrato del exmandatario que rompió el bipartidismo?

Respuesta: las urgentes, necesarias e impostergables, aunque dolorosas, reformas económicas que le habrían permitido a Costa Rica enfrentar la crisis generada por el nuevo coronavirus con unas arcas públicas en mejor estado de salud, un sector empresarial con óptimas defensas para enfrentar los contagios financieros y una población que no tenga los bolsillos más limpios que las manos.

Lamentablemente, las medidas responsables y profundas, esas que solo se atreven a tomar los estadistas pues implican pagar altos precios en materia de popularidad y descontento social, fueron soslayadas y postergadas.

¿A ver quién es capaz de citar tan solo un proyecto de ley verdaderamente vital en el campo de las grandes, visionarias y estratégicas transformaciones económicas que el Gobierno anterior (2014-2018) no solo haya enviado a la Asamblea Legislativa (mero trámite administrativo), sino que además haya impulsado realmente, con coraje, aún a costa de su capital político (evidencia de compromiso) y que hoy redunde en que el país no se vea obligado a internarse en la Unidad de Cuidados Intensivos de las finanzas públicas, el crecimiento de la producción y el desempleo?

Más mascarilla que bisturí

Reitero, por si no fui lo suficientemente claro, se trata de mencionar reformas sustanciales, no decisiones cosméticas. A una nación no se la prepara para los embates económicos globales con curitas y aspirinas, sino con cirugías y tratamientos muchas veces groseros pero inevitables. En este campo, el quirófano político quedó en deuda en el período 2014-2018. ¡Demasiada mascarilla, poquísimo bisturí!

Cierto, muy cierto, el hecho de que la Administración anterior heredó de los gobiernos anteriores un déficit fiscal alto, pero igualmente cierto es que lejos de enrollarse las mangas y empezar a solucionarlo, contribuyó a incrementarlo para tener tranquilos y callados a los sindicatos.

Y bueno, ahora Costa Rica se ve inmersa en la vorágine de un variado menú de proyectos y medidas oportunas y necesarias algunas, pero extremas, desesperadas y altamente riesgosas otras (como la moratoria fiscal). Esto sin contar las ocurrencias populistas que comienzan a surgir, pues nunca faltan quienes creen que las crisis se solucionan reventando piñatas.

¿Recuerdan de quién son las siguientes palabras? “Cuando me equivoque, corríjanme; cuando me pierda, búsquenme; cuando flaquee, denme fuerzas. Si no les escucho, reclámenlo; si les abandono, si no estoy ahí cuando más me necesiten, si usurpare con aviesa intención la confianza depositada en mí con tanta generosidad por un pueblo que demanda honestidad y buen gobierno, repúdienme”.

Correcto, las pronunció el 8 de mayo del 2014 el político que rompió el bipartidismo, pero no se atrevió a romper el miedo a las grandes y necesarias transformaciones.

Lástima. Si estos dos señores hubieran hecho la tarea...