Por: José David Guevara.   21 febrero
Un libro publicado en la Francia de 1690, por Gilles Ménage, da cuenta de 65 mujeres que dejaron huella en el campo de la construcción del pensamiento y las ideas. Poco se habla de los valiosos aportes de estas filósofas.
Un libro publicado en la Francia de 1690, por Gilles Ménage, da cuenta de 65 mujeres que dejaron huella en el campo de la construcción del pensamiento y las ideas. Poco se habla de los valiosos aportes de estas filósofas.

“No es que no hayan existido mujeres que filosofaran. Es que los filósofos han preferido olvidarlas, tal vez después de haberse apropiado de sus ideas”, dijo el escritor y filósofo italiano Umberto Eco (1932-2016) después de leer el libro Historia de las mujeres filósofas, publicado por primera vez en 1690.

Se trata de una obra del latinista y gramático francés Gilles Ménage (1613-1692), quien se dio a la paciente y rigurosa tarea de rastrear en libros antiguos los nombres de mujeres que hubiesen contribuido a enriquecer el mundo del pensamiento, la lógica, el conocimiento y las ideas humanas.

Una labor justa sin duda alguna, pues se trata de un importante campo del saber que por lo general se asocia con figuras como Platón, Aristóteles, Diógenes, Rousseau, Montesquieu, Voltaire, Nietzsche, Jung, Schopenhauer y Hegel, entre otros, pero se soslayan los valiosos aportes de mujeres como Hipatia, Diotima, Sosipatra, Comnena, Teognida, Lastenia, Ptolemaide, Hiparquía, Teodora y Cerellia (tan solo para citar a diez de las 65 que descubrió Gilles Ménage).

Casualmente, mientras leía ese libro —en una edición de la editorial Herder— cayó en mis manos un ejemplar de La Venus de las pieles y otros relatos, del escritor y filósofo austriaco Leopold von Sacher-Masoch (1836-1895), en cuyo prólogo se dice que sus filósofos favoritos eran Platón, Rousseau y Schopenhauer.

Menciono este caso no con la intención de criticar a ese intelectual por no haber incluido a ninguna filósofa en el grupo de sus pensadores predilectos, sino porque ilustra o refleja una percepción bastante generalizada. Precisamente el lunes pasado lancé el siguiente reto en Facebook: “Una pregunta para contestar única y exclusivamente con la ayuda de la memoria (sin el auxilio de Google): ¿Los nombres de cuáles figuras filosóficas recuerda usted?”

Obtuve un total de 71 nombres: 65 de filósofos y 6 de filósofas: Hannah Arendt, Judith Butler, Rosa Luxemburgo, Simone de Beauvoir, Hiparquía e Hipatia.

Voces vitales

En honor a la última de ellas, filósofa, matemática y astrónoma natural de Alejandría —y quien murió en el año 415 d. C.—, el Programa Estado de la Nación lanzó en el 2015 un sitio web sobre el Estado de las Capacidades en Ciencia, Tecnología e Innovación.

¡En buena hora que se haya escogido ese nombre! Un paso valioso en el proceso de saldar la deuda pendiente que tenemos con las mujeres en materia de reconocer sus huellas en el campo de la sabiduría, la erudición e ilustración.

Las filósofas han jugado un papel importante en nuestra comprensión del mundo, noción de la realidad, exploración del entorno, estímulo de la curiosidad, cultivo de la duda, expansión de la cultura, revisión y replanteamiento de posiciones, sentido crítico y peregrinaje por el laberíntico e interminable camino del autoconocimiento.

Nuestra percepción de los hechos, visión de la existencia y análisis de los grandes dilemas no sería la misma, estaría incompleta, sin la vital participación intelectual de las mujeres.

Dada la complejidad del mundo en el que vivimos —en el cual nadie posee el monopolio de la última palabra— resulta fundamental sumar diversos puntos de vista, ópticas, dimensiones y enfoques en procura de intentar armar el enigmático rompecabezas de la vida. ¡Es mucho lo que debemos, podemos y necesitamos aprender de ellas!

No solo de Platón vive el hombre. También de Hipatia.