Por: Randall Madriz.   11 agosto
06/04/16. Tibás, Estudio GN Medios. Randall Madriz, abogado y columnista. Fotos Melissa Fernández Silva
06/04/16. Tibás, Estudio GN Medios. Randall Madriz, abogado y columnista. Fotos Melissa Fernández Silva

Dentro de los conceptos de política fiscal existe el denominado gasto tributario, el cual consiste en un beneficio o ventaja para los contribuyentes, que trae como consecuencia una disminución en la recaudación de impuestos.

Esos beneficios o ventajas, en definitiva, incentivos fiscales, buscan en general estimular la economía. Así, aunque la consecuencia del incentivo fiscal sea un gasto tributario que ocasiona una menor recaudación de impuestos, lo cierto es que ese fenómeno se entiende como favorable para la colectividad.

Ahora bien, actualmente vivimos una realidad incómoda, en donde la desaceleración económica se combina con un aumento tanto del déficit fiscal como de la deuda pública y quizás por esas razones, el común denominador de los ciudadanos podría pensar que no es momento de otorgar en incentivos fiscales. Por el contrario, nuestra economía necesita más que nunca de la actuación del Estado en ese sentido, sea, identificar los incentivos que correctamente otorgados estimulen la economía permitiendo su reactivación, y con ella, la recuperación de los empleos perdidos y necesariamente el incremento en la recaudación.

Siendo que la reactivación económica es una aspiración del Gobierno, resulta totalmente coherente incurrir en este gasto tributario, pues el mismo sirve para lograr un fin determinado en la política pública.

El subsidio por su parte, es un gasto a cargo de Estado, el cual consiste en una ayuda dirigida a determinados sectores a efectos de brindarles recursos que se estiman necesarios. El subsidio, también denominado Gasto Social Público o Inversión Social Pública, tiene un costo de oportunidad, pues al ser un gasto a cargo del Estado esos recursos no podrán dedicarse a otras áreas de interés como la educación, la salud u otros, pero se hace necesario en determinados casos, a efectos de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos en procura de garantizar su bienestar.

En un escenario en donde los recursos del Estado son limitados, incentivos y subsidios deberían subsistir, pues ambos interactúan en la misma economía, sin embargo, la decisión de su aplicación debe ir de la mano de un análisis técnico profundo y ajeno de razones políticas.

Sin embargo, a pesar de esta interacción entre unos y otros no se debe perder de vista que correctamente aplicados, los incentivos traen consigo desarrollo económico mientras la mala aplicación de los subsidios genera dependencia y no soluciona la pobreza.