El gobierno de Rodrigo Chaves asumió una postura clara —que, según parece, continuará en la administración de la presidenta electa Laura Fernández—: una lealtad sin ambages a Donald Trump y los intereses de su gobierno en Estados Unidos.
El internacionalista Carlos Murillo, director del Centro de Investigación Observatorio del Desarrollo de la Universidad de Costa Rica (CIOD-UCR), identifica varios problemas en esa estrategia.
Desde su óptica, no solo carece de beneficios visibles para el país, sino que además debilita la posición internacional del país frente a otras potencias y regiones estratégicas.
“No he logrado encontrar cuál es el beneficio para Costa Rica”, aseguró Murillo, en una breve entrevista con EF.
“Es una apuesta demasiado arriesgada. Un Estado pequeño, en una posición geopolítica como la de Costa Rica, nunca debería de subordinarse”, puntualizó.

El gobierno de Costa Rica se plegó completamente a Estados Unidos en los últimos en los últimos años. ¿A cambio de qué?
— La administración Chaves no ha definido cuál es su política exterior desde 2022.
La política exterior es toda una propuesta, un conjunto de acciones, en función de los valores y principios de la política exterior que vienen desde el siglo XIX; pero esta administración abandonó esos valores y principios, y ha mostrado un ir y venir en distintos temas, en lugar de una política claramente definida. Se ha limitado más a cuestiones reactivas.
Esa política exterior, además, ha sido muy personalista; basada en las figuras de Rodrigo Chaves y el canciller André.
Por todo esto, es difícil hablar de la política exterior de Costa Rica y establecer cuáles son las razones para ese acercamiento. Lo que sí sabemos es que se trata de un acercamiento con características de subordinación a los intereses de los Estados Unidos o de Donald Trump, específicamente.
¿Una política exterior personalista?
— Aquí la la única explicación es que se trate de intereses más personales que de Estado por parte de de Rodrigo Chaves, y entrar en ese terreno es entrar en una zona gris, con un velo muy denso que impide ver las reales intenciones.
Yo lo atribuyo más a una cuestión de intereses personales y esa es una zona con poca transparencia para entender cuál es el verdadero interés del gobierno Chaves Robles, que no es lo mismo que Costa Rica.
¿Y qué gana Rodrigo Chaves o su gobierno? Uno solo observa gestos como invitaciones y visitas de la administración Trump, o los retiros de las visas...
— Esto no hay que interpretarlo desde el lado de Costa Rica, sino desde el estilo que manejan Donald Trump y Marco Rubio en sus relaciones con América Latina. Se trata de relaciones más personales, pensadas en términos de utilidades y de negocios, y no en campos políticos o de relaciones exteriores bilaterales.
Desde la Casa Blanca y desde el Departamento de Estado se favorece a aquellos gobernantes que terminen repitiendo su narrativa; no por una línea de política exterior de los Estados Unidos, sino por un proyecto más puntual que es el de Trump.
Donald Trump califica de ‘mejores amigos’, ‘buenos presidentes’ o ‘aliados de Estados Unidos’ a esos gobernantes, pero no es una cuestión de relevancia en las relaciones bilaterales con Estados Unidos, sino una especie de reconocimiento personal por ese seguimiento.
¿Una especie de club de amigos que se dan notoriedad entre sí?
— Pero es muy complejo el concepto de ‘amigos’ para Trump, es muy volátil.
Es evidente que para la administración Trump, en América Latina, Costa Rica no es el número uno.
La administración Trump prioriza a otros países como El Salvador o Argentina, que hasta decidió enviar tropas para apoyar la apertura del estrecho Ormuz.
Costa Rica no ocupa una posición tan relevante como se supone que lo interpreta Rodrigo Chaves.
Estados Unidos incluso aplicó aranceles más altos para Costa Rica que para otros países de la región. ¿Es una alianza infértil la de esta ‘subordinación’?
— No he logrado encontrar cuál es el beneficio para Costa Rica. No es que Costa Rica tenga un nivel de relevancia para Estados Unidos siquiera similar al que ha tenido en el pasado, a pesar de grandes diferencias como las de Óscar Arias con Ronald Reagan, en su primer gobierno.
Algunos argumentan que se ve una presencia de la DEA inédita en Costa Rica, pero esa no es una acción concreta de Estados Unidos hacia Costa Rica, sino una política de Estados Unidos hacia América Latina en en ese campo específico.
No hay algo tan extraordinario que uno diga: ‘bueno, vale la pena esta subordinación del gobierno porque está beneficiando al país de esa manera’.
El gobierno de Chaves se ha plegado a Estados Unidos, pero ¿ha sido un movimiento más reactivo a las necesidades de Trump o proactivo por parte de las autoridades locales?
— Hay muchas declaraciones de Costa Rica que parecen solo para congraciarse con Estados Unidos y que no parecen pedidos de la administración Trump.
La ruptura de relaciones con Cuba, por ejemplo, va de en esa línea. Parece una movida para quedar bien con Trump y demostrarle que sí somos sus aliados confiables y que apoyamos su presión hacia la isla. No parece que se trate de una política exterior definida.
Trump es un presidente impopular ahora mismo, con unas elecciones legislativas en el horizonte y que despierta dudas sobre su salud física y mental para terminar su período, ¿vale la pena para el gobierno de Costa Rica plegarse de esta manera?
— Es una apuesta demasiado arriesgada. Un Estado pequeño, en una posición geopolítica como la de Costa Rica, nunca debería de subordinarse.
Es evidente que si Trump pierde pierde su condición de presidente o si pierde la mayoría en el Congreso, queda una incógnita para países como Costa Rica.
Hoy no veo una relación de Estado. Es una relación con Trump, estrictamente personal.

En medio de todo esto, ¿en qué estado quedan las relaciones de Costa Rica con otras potencias como China o la Unión Europea?
— Costa Rica queda muy debilitada después de estos cuatro años (el gobierno de Rodrigo Chaves) porque, en general, todas las luces se enfocaron hacia Estados Unidos.
Esta administración ha puesto todos los huevos en la misma canasta y, si se rompe la canasta, no va a ser fácil recuperar la relación que se tenía con con otros aliados.
En ese escenario, habría que tener una gran capacidad para convencer a esos otros aliados de que todo fue un asunto de la administración Chaves, no del país o del Estado.
¿“Si se rompe la canasta”?
— Me refiero a un escenario con Trump debilitado. Ya sea por un cambio en la mayoría del Congreso de los Estados Unidos o, en un escenario extremo, que no pueda continuar por problemas de salud.
El riesgo es tener que reconstruir puentes.
— Exactamente. Dejamos de tener una política exterior de Estado y pasamos a tener una política exterior de gobierno, centralizada en Rodrigo Chaves.
