Economía y Política

Tensión en el partido conservador alemán aumenta tras la derrota en las urnas

Armin Laschet perdió este martes el apoyo de sus aliados bávaros

La presión seguía creciendo en torno a Armin Laschet, el líder del partido conservador alemán, que no ha renunciado a ser canciller a pesar de los malos resultados electorales, y que perdió este martes el apoyo de sus aliados bávaros.

Laschet ha sido objeto de críticas y peticiones de dimisión por parte de su propio partido, la CDU, y también ha visto cómo su principal aliado, el partido hermano bávaro CSU, ha cortado los lazos con él.

El dirigente del SPD "Olaf Scholz tiene más posibilidades de ser canciller en este momento, claramente", dijo el líder del partido conservador bávaro CSU, Markus Söder.

El ministro-presidente bávaro se distanció así claramente de Armin Lasche --el candidato del partido de la canciller-- que hasta ahora aseguraba tener la intención de tratar de suceder a Angela Merkel a pesar del segundo puesto obtenido el domingo.

Söder, que a principios de este año ambicionaba presentarse a la cancillería antes de verse obligado a retirarse en favor de Laschet, menos popular que él, declaró que "ningún mandato para gobernar puede legitimarse moralmente sobre la base de este resultado electoral" obtenido por los conservadores el domingo, el peor desde 1949.

Söder dijo que una coalición entre los socialdemócratas, los verdes y los liberales del FDP era la "primera solución obvia".

Laschet, que tiene fama de sobrevivir a las crisis, tenía previsto intentar construir una coalición con los Verdes y los liberales. Pero sin la contribución del partido bávaro, este escenario ya no parece posible.

Desde el domingo, Armin Laschet ha visto cómo sus tropas se volvían contra él.

Erosión electoral

La primera reunión del grupo conservador en el Bundestag, el Parlamento alemán, el martes por la tarde, es probable que se convierta en un tribunal contra el candidato que encarna la erosión de su bloque electoral, que bajó 9 puntos desde las elecciones de 2017, cuyo resultado ya se consideró entonces decepcionante.

Fue el ministro-presidente de Sajonia, Michael Kretschmer, el primero en expresar críticas asegurando que "los votantes nos han dicho claramente: 'la CDU no es nuestra primera opción'".

"Actuar como si no pasara nada nos llevará a la ruina", advirtió el líder de este antiguo estado de la RDA, derrotado el domingo por la extrema derecha.

"No creo que podamos pretender dirigir el próximo gobierno", añadió otro barón del partido, Norbert Röttgen.

"¡Perdimos. Punto final!", aseguro en la misma línea el líder de las juventudes de la CDU, Thilman Kuban.

Ante esta revuelta, Laschet tuvo que dar algunas garantías, admitiendo que la CDU, uno de los partidos más antiguos de Europa, que lleva 16 años en el poder, "necesita una renovación" a todos los niveles.

Su discurso sobre la futura coalición también ha evolucionado y ahora Laschet dice que "ningún partido tiene un mandato claro para formar gobierno", ni la CDU ni el SPD.

Pero estas advertencias no fueron suficientes para rebajar la presión en torno a Laschet. Al contrario.

Incluso uno de los principales apoyos de Laschet dentro del partido, el experimentado jefe de Hesse Volker Bouffier, reconoció que la unión conservadora no podía tener "ninguna pretensión de responsabilidad gubernamental".

Otro líder regional cercano a Laschet, Daniel Günther, también se distanció de un candidato que no había sido un "activo" durante la campaña.

Algunos diputados de base han pedido la dimisión de Laschet, que dirigió una campaña fallida a pesar de la implicación de Merkel en la recta final.

"Hubiera querido una toma de conciencia. Has perdido, demuestra tu discernimiento, evita más daños a la CDU y dimite", dijo la joven diputada de Renania-Palatinado, Ellen Demuth.

La opinión pública alemana parece haberse decidido y un 58% piensa que la CDU-CSU no tiene "legitimidad" para formar el próximo gobierno, según una encuesta de Insa para el diario Bild.

Laschet parece ser el centro de todas las dudas y el descontento, con el 51% que quiere que dimita como líder del partido menos de un año después de su elección.

mat/ylf/ial/age-pc/erl