Las noticias sobre despidos en multinacionales volvieron a instalar la incertidumbre en el mercado laboral costarricense. En pocos meses, anuncios de recortes y salidas empresariales encendieron alertas en sectores productivos y entre trabajadores que dependen de estas operaciones.
El contraste generó dudas inmediatas. Mientras se comunicaban ceses de personal en compañías de alto perfil, las cifras oficiales mostraban un crecimiento en los flujos de inversión extranjera directa hacia el país. Dos realidades aparentemente opuestas comenzaron a convivir en el mismo escenario económico.
La discusión se trasladó entonces a una pregunta central: ¿se trata de un síntoma de deterioro estructural o de un ajuste propio del contexto internacional posterior a la pandemia? El tema cobró relevancia en medio de cambios tecnológicos, presiones de costos y una competencia global cada vez más agresiva por atraer capital.
En ese contexto, un conversatorio abordó el fenómeno. La discusión giró en torno a los despidos recientes y a la interpretación de estos movimientos dentro del modelo económico costarricense, basado en la atracción de inversión extranjera.

La académica de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional (UNA), Rosmery Hernández, planteó que el análisis debe partir de separar los factores internacionales, empresariales y nacionales que inciden en las decisiones corporativas. “Estamos en un entorno altamente competitivo”, afirmó durante la conversación.
Según explicó, la presión internacional incluye países asiáticos con menores costos laborales y políticas agresivas de atracción de inversión, así como estrategias de relocalización impulsadas desde Estados Unidos y la competencia regional de economías cercanas a ese mercado.
Ajuste postpandemia
Desde su perspectiva, los despidos no responden necesariamente a una salida del país. La académica señaló que los cambios responden a ajustes empresariales tras el crecimiento acelerado vivido durante la pandemia, especialmente en sectores ligados al comercio electrónico y servicios digitales.
“La tecnología va a venir a desplazar a las personas, eso no es propio solo de la IA, eso es propio de cada vez que aparece nueva tecnología”, indicó Hernández, al explicar que históricamente los cambios tecnológicos generan procesos de reconversión laboral más que desaparición permanente del empleo.
El análisis también incluyó variables internas del país. Hernández reconoció que Costa Rica enfrenta costos logísticos elevados, cargas sociales altas y presiones derivadas del tipo de cambio, factores que inciden en la evaluación empresarial cuando se comparan destinos de inversión.
Aun así, defendió que el modelo país mantiene ventajas estructurales. “Lo que es bueno cuesta caro, y lo de Costa Rica todavía es muy bueno”, afirmó, al referirse al nivel educativo, la productividad del talento humano y la estabilidad institucional como elementos diferenciadores.
La académica sostuvo que, pese a los despidos recientes, el fenómeno sigue siendo coyuntural. “Está afectando algunas empresas, pero tengo que darle la razón a Procomer (Promotora de Comercio Exterior), sí está creciendo la Inversión Extranjera Directa”, señaló.
En esa línea, explicó que el crecimiento de la inversión responde a decisiones de largo plazo construidas durante décadas. “Este modelo país nosotros lo venimos asentando desde hace 25-30 años”, dijo, al destacar la continuidad del esquema de zonas francas y la formación del recurso humano.
El conversatorio también abordó el impacto de la automatización y la inteligencia artificial (IA) en las operaciones empresariales. Hernández advirtió que los procesos de transformación tecnológica generan ajustes inmediatos en el empleo, pero abren nuevas necesidades de formación y especialización.
En ese sentido, la académica insistió en que los cambios tecnológicos deben leerse como parte de un proceso de transición productiva que obliga a las empresas a reorganizar funciones y perfiles laborales, más que como una reducción permanente de oportunidades de empleo en el país.
La discusión incluyó riesgos externos, como investigaciones comerciales en Estados Unidos y eventuales cambios arancelarios en sectores estratégicos. Sin embargo, la académica señaló que las decisiones empresariales siguen guiadas por la productividad y los costos totales de operación.
En su valoración general, Hernández se mostró cautelosamente optimista sobre la evolución del modelo de inversión. “Nos ha ido tan bien que es difícil pensar de que nos va a ir mal, es difícil”, afirmó durante el cierre del análisis.
