Por: Laura Ávila.   24 julio, 2018

Tras poco más de 500 días en el poder, el mundo observa cómo el presidente de Estados Unidos se consolida como una figura consecuente con sus promesas de campaña. Bastó poco más de un año para que Donald Trump diera rienda suelta a sus medidas proteccionistas y comenzara a reconfigurar el orden mundial.

Los vestigios de una posible guerra comercial surgieron cuando el Mandatario amenazó con imponer aranceles a una importante lista de productos chinos por el orden de los $34.000 millones. Sin embargo, la batalla comercial tomó forma luego de que se hicieran efectivas las amenazas hacia China e incluso la Unión Europea, México y Canadá.

El objetivo de Trump es favorecer la economía estadounidense a través de estas imposiciones, pero los productores o empresas que incursionan en estos mercados podrían perder competitividad, si los gigantes replican la fórmula arancelaria de Trump. / AFP PHOTO / POOL / Stefan Rousseau
El objetivo de Trump es favorecer la economía estadounidense a través de estas imposiciones, pero los productores o empresas que incursionan en estos mercados podrían perder competitividad, si los gigantes replican la fórmula arancelaria de Trump. / AFP PHOTO / POOL / Stefan Rousseau

El objetivo de Trump es favorecer la economía estadounidense a través de estas imposiciones, pero los productores o empresas que incursionan en el mercado asiático, o en el europeo, podrían perder competitividad en esta incipiente batalla comercial.

El agitado entorno internacional impone sombras sobre la agenda comercial de Costa Rica, sobre todo porque el 55% del total de la inversión extranjera directa (IED) proviene de la potencia del norte.

La figura consecuente

Durante la campaña electoral estadounidense, el empresario Donald Trump emergió como la figura que prometía revertir décadas de políticas comerciales liberales para concentrarse en acciones más proteccionistas.

Después de casi dos años en el poder, uno de los objetivos más contundentes de la administración Trump es desacelerar la economía china para dinamizar la producción estadounidense.

Una de las formas para lograrlo fue mediante la imposición de aranceles al acero y al aluminio, acción que tomó apegado al artículo 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, que da luz verde al Gobierno para que investigue si el comercio exterior pone en peligro la seguridad nacional.

Tras el pulso comercial que mantuvo inicialmente con China —y que luego alcanzó a la Unión Europea, Canadá y México— Trump pretende fortalecer la industria nacional para depender menos del mercado externo. Esta medida tendría como objetivo reabrir fábricas, promover una fuerza laboral calificada y mantener la producción, según consta en el sitio web www.promiseskept.com

Pero aplicar aranceles a China, tuvo una consecuencia que cambia la escena internacional. Ahora las empresas europeas que tienen fábricas en la potencia asiática y exportan a todas partes del mundo, afinan su estrategia para evitar las sanciones de Estados Unidos.

Las compañías también varían sus cadenas de suministro para que las mercaderías que van hacia la potencia no pasen por China, de acuerdo a informaciones de la agencia AP.

Durante la campaña presidencial Trump anunció que utilizaría todo el poder presidencial legal para remediar las disputas comerciales, en caso de que China no cesara sus actividades ilegales, entre ellas el robo de secretos comerciales estadounidenses.

Ahora la administración Trump prioriza la aplicación de leyes comerciales para garantizar avances, y señala que China se apropió de patentes de tecnología a través de obligaciones a las empresas estadounidenses para que pudieran operar en territorio chino o mediante robo.

Repercusiones a productores y empresarios

La guerra comercial entre las dos potencias más poderosas del planeta podría tener una nueva fase e impactaría el bolsillo de los estadounidenses.

La Casa Blanca había evitado gravar bienes de consumo, pero el martes 10 de julio, dio a conocer una nueva lista con 6.000 productos por un valor de $200.000 millones, que se gravarían con 10%, entre los que se encuentran mariscos, papel de baño, aspiradoras y alarmas antirrobos. Por eso los estadounidenses experimentarían un impacto en los bolsillos al pagar por los productos que provienen de China.

En medio de esta tensa escena también se encuentran los productores y los agricultores estadounidenses que operan o exportan hacia el mercado asiático.

En el caso del sector agrícola, la preocupación viene porque China es el cliente más importante de granos de soja, en 2017 las compras de este producto fueron de $12.000 millones, lo que equivale a cerca de un 30% de la cosecha estadounidense.

A esto se une la desaceleración que experimenta el sector desde el 2013, y para este año se estima que los ingresos alcancen su nivel más bajo desde el 2006.

Mientras que en el caso de las empresas, los aranceles podrían beneficiar a marcas como Whirpool, porque Estados Unidos podría frenar la importación de lavadoras asiáticas para favorecer electrodomésticos estadounidenses que tendrían precios más competitivos en el mercado, según expresó Gerald Solano, investigador de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional (UNA).

Sin embargo, una marca como Apple que incursiona en el mercado asiático podría perder aún más competitividad frente a marcas como Samsung o Huawei, agregó el analista.

Semanas atrás el Ministerio de Exteriores de China anunció la represalia arancelaria. Dentro de los bienes que gravó la nación asiática están la soya, la carne de cerdo y los vehículos eléctricos.

Impacto nacional

El gobierno de Trump también proyecta una sombra sobre la agenda comercial de Costa Rica, porque el 55% del total de la IED proviene de Estados Unidos, de acuerdo a cifras del Banco Central de Costa Rica (BCCR).

Desde hace dos años el clima de incertidumbre acampa en la región, y en ese periodo la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde) logró alcanzar la meta de IED, a pesar de la inquietud que despertaron las elecciones presidenciales en el 2016 y la reforma fiscal que implementó la potencia estadounidense en el 2017.

El cumplimiento de las principales promesas de campaña del Presidente, aunado a la tensión comercial que disputan las potencias, podrían ser una prueba más para la atracción de IED. En el 2017 solo la inversión estadounidense fue de $1.561 millones, y tuvo un crecimiento del 104% con respecto al 2016, momento en que la cifra fue de $763 millones, según el BCCR.

La presión sobre Costa Rica surge porque si Trump debilita los incentivos a las empresas que operan fuera de Estados Unidos, los inversionistas podrían pensar dos veces en llevar sus negocios al exterior.

“Si el presidente Trump debilita aún más los incentivos que tienen las empresas para invertir fuera de las fronteras de los Estados Unidos, o más bien fortalece aquellos necesarios para que estas inviertan dentro de sus fronteras, eso afectaría a Costa Rica. Pero como este es un asunto del cual no tenemos control, ese no debería ser el centro de nuestras preocupaciones”, comentó José Rossi ex Ministro de Comercio Exterior.

Ante este panorama no se debería discutir la posibilidad de reducir los incentivos, más bien se deben de mejorar las condiciones de infraestructura, la seguridad ciudadana, la súper conectividad, las tarifas eléctricas y capacitar la mano de obra, de acuerdo a criterio de Rossi.

“La eliminación o endurecimiento de condiciones en Estados Unidos que favorezcan llevar inversión fuera de Estados Unidos, afectaría a Costa Rica, así como a todos aquellos países receptores de inversión extranjera, principalmente de origen estadounidense”, afirmó Gabriela Llobeth, ex directora de Cinde.

Costa Rica enfrenta el reto de impulsar políticas y estrategias para continuar diversificando el origen de la inversión y así lograr atraer flujos de diversos países, agregó Llobet.

Para este año la estrategia de atracción de inversión incluye la diversificación de mercados para captar compañías de Asia, Medio Oriente, Europa y Latinoamérica, según informaron las autoridades de Cinde a inicios de año.

En el tema arancelario Costa Rica no fue ajeno los impuestos de las exportaciones de acero y aluminio. En vista de que el cobro comenzó en marzo, el país realizó gestiones ante el Departamento de Comercio y el Representante Comercial de Estados Unidos para solicitar quedar excluido de esa medida.

El Ministerio de Comercio Exterior (Comex) alegó que el volumen de metales que se vende hacia esa nación es muy bajo, por ejemplo, en el 2017 el país envió hacia Estados Unidos 20 millones de toneladas de productos laminados de hierro y acero.

A pesar de la solicitud, a la segunda semana de julio, las autoridades del Comex no tenían una respuesta formal, pero todo indica que la medida se mantendrá, ya que Costa Rica no figura en la lista de exclusiones, en donde sí aparecen Argentina, Australia, Brasil y Corea del Sur.

Sin embargo, gravar estas exportaciones, se dio más por un tema de agenda que por una amenaza comercial real, ya que China y la Unión Europea son mercados más grandes y que pueden dejar más réditos más importantes a la economía estadounidense. Solano apunta, a que Trump no tiene en la mira a Latinoamérica en cuanto a temas comerciales, porque la agenda en esta zona del planeta se enfoca en temas meramente migratorios.