Por: María Luisa Madrigal.   23 abril
El petróleo se desplomó hasta llegar a precios negativos. Las petroleras pagan, en lugar de cobrar, para que los países se lleven los barriles del crudo y lo almacenen. Foto de la refinería de petróleo Shell Deer Park en Deer Park, Texas (AP Photo/Gregory Bull, File)
El petróleo se desplomó hasta llegar a precios negativos. Las petroleras pagan, en lugar de cobrar, para que los países se lleven los barriles del crudo y lo almacenen. Foto de la refinería de petróleo Shell Deer Park en Deer Park, Texas (AP Photo/Gregory Bull, File)

El petróleo se desplomó hasta llegar a precios negativos. Las petroleras pagan, en lugar de cobrar, para que los países se lleven los barriles del crudo y lo almacenen. Cada vez hay menos espacio para guardarlo y en las calles, cada vez hay menos vehículos circulando, en medio de una cuarentena casi global.

El escenario parece de un cuento alternativo, casi distópico. Pero es la realidad que trajo una guerra de precios entre dos potencias petroleras y terminó de empujar la enfermedad COVID-19.

El impacto que generará en el mundo la caída de los precios del crudo tendrá escenarios distintos en los diferentes países. Mientras para los productores la caída puede ponerlos a temblar, para las naciones compradoras, a grandes rasgos, son buenas noticias. Otros países como Costa Rica, sin opciones para refinar el combustible a nivel interno reciben ventajas a medias.

Por qué pasó el declive, cuánto tiempo se mantendrá este escenario y qué pasará a largo plazo son algunas de las dudas más recurrentes en esta nueva realidad.

¿Por qué pasó?

“Es el peor precio del petróleo en la historia, lo que no debería sorprendernos, porque es el resultado inevitable de la mayor disparidad de la historia entre la oferta y la demanda”, Así lo resumió Ryan Sitton, comisionado de la Texas Railroad Commission, que regula la industria petrolera en Texas, Estados Unidos.

Pero, para llegar a ese punto, hubo varias paradas en medio.

Primero la guerra de precios. Rusia y Arabia Saudita empezaron a jugar entre quién cedía primero y el precio del crudo en general, empezó a caer. La guerra entre los dos súper productores empezó el 8 de marzo del 2020, ya con el Coronavirus declarado pandemia.

Rusia y Arabia Saudita empezaron a jugar entre quién cedía primero y el precio del crudo en general, empezó a caer. La guerra entre los dos súper productores empezó el 8 de marzo del 2020, ya con el Coronavirus declarado pandemia. (Foto: Alexey DRUZHININ / SPUTNIK / AFP)
Rusia y Arabia Saudita empezaron a jugar entre quién cedía primero y el precio del crudo en general, empezó a caer. La guerra entre los dos súper productores empezó el 8 de marzo del 2020, ya con el Coronavirus declarado pandemia. (Foto: Alexey DRUZHININ / SPUTNIK / AFP)

El conflicto se dio por la ruptura del diálogo entre la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) y Rusia, sobre la reducción en la producción global ante la amenaza del COVID-19. El 8 de marzo, sin embargo, Arabia Saudita anunció que más bien aumentaría su producción y que incluso vendería petróleo con rebajas de hasta $8 por barril, porque Rusia se oponía a reducir la producción.

Los árabes ofrecieron las mayores rebajas, justamente, a los clientes de Rusia. Este conflicto significó que los precios bajaran entre 34% y 24%, según las diferentes mezclas.

Después los países se volvieron a sentar a negociar. El norte estaba claro, era necesario bajar la producción mundial porque los precios se desplomarían. En esta segunda ola de negociaciones los países productores de petróleo llegaron a un acuerdo catalogado de “histórico” después de que se pusieran de acuerdo para reducir la producción diaria en nueve millones de barriles durante dos meses y hacer recortes escalonados por dos años.

El acuerdo no estuvo exento de polémica y tampoco fue fácil. México se retiró de las conversaciones al oponerse a reducir su producción en 400.000 barriles diarios. Al final, Estados Unidos ofreció hacerse cargo de 300.000 de estos y que Petróleos Mexicanos (Pemex) solo recortara 100.000 barriles por día.

México se retiró de las conversaciones al oponerse a reducir su producción en 400.000 barriles diarios. En la foto, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. Foto: Agencia EL UNIVERSAL/Iván Stephens/EVZ
México se retiró de las conversaciones al oponerse a reducir su producción en 400.000 barriles diarios. En la foto, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. Foto: Agencia EL UNIVERSAL/Iván Stephens/EVZ

Es decir, requirió la cooperación de varios países para bajar la producción de crudo que, en condiciones normales, les genera millones de dólares

La parte de la escasa demanda es más sencilla y la respuesta es coronavirus. Los esfuerzos por limitar la propagación del coronavirus han paralizado las actividades en las grandes ciudades, han mermado mucho los vuelos y millones de personas están trabajando desde sus casas, lo que implica que hay muchos menos autos y transportes públicos en la calle.

¿Es bueno para Costa Rica?

En términos generales para un país como Costa Rica, que no es productor de petróleo y más bien es importador neto, la caída de los precios es beneficiosa porque se disminuye la factura petrolera.

Los efectos no necesariamente son inmediatos porque lo que está cayendo es el precio para el petróleo de colocación en mayo y junio. También podría mermar ese beneficio dependiendo de cuánto combustible tenga en almacenamiento la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope). Si la institución tiene su capacidad al tope no estarían en condiciones de comprar más, para aprovechar los bajos precios.

En términos generales para un país como Costa Rica, que no es productor de petróleo y más bien es importador neto, la caída de los precios es beneficiosa porque se disminuye la factura petrolera. En la foto, las instalaciones de Recope en La Garita de Alajuela. Foto: Rafael Pacheco
En términos generales para un país como Costa Rica, que no es productor de petróleo y más bien es importador neto, la caída de los precios es beneficiosa porque se disminuye la factura petrolera. En la foto, las instalaciones de Recope en La Garita de Alajuela. Foto: Rafael Pacheco

“Ciertamente, aunque Costa Rica no refina, si baja la materia prima que es el petróleo, a la hora de ir a comprar la gasolina o el diésel, va a tener que ser más barato”, explicó el economista Eliécer Feinzaig.

Esto también podría tener incidencia en el mercado cambiario, de acuerdo con Feinzaig, porque son menos dólares los que el país va a utilizar para la compra de combustibles y aumenta la presión hacia la baja del tipo de cambio.

Sin embargo, los posibles ahorros en la compra de combustibles por parte de Recope, no se van a trasladar en un 100% al consumidor final.

La Asamblea Legislativa aprobó este 22 de abril en segundo debate el proyecto de Ley de Protección a las Personas Trabajadoras durante la Emergencia por la Enfermedad COVID-19 (21.909), que permite fijar un precio para la gasolina Plus y Súper con el fin de crear un fondo para dar subsidios a trabajadores afectados económicamente por el coronavirus. Es decir, no significa que el precio de la gasolina vaya a bajar.

La nueva ley establece que se aprovechen los bajos precios del mercado internacional para que la diferencia entre lo que compra Recope y lo que se vende para consumo, alimente ese fondo.

Los precios fijados por litro para plantel, con impuestos, son los siguientes:

  • Gasolina Súper: ¢517,22
  • Gasolina Plus 91: ¢492,18
¿Qué sigue?

Con caídas del petróleo hasta los -$40,32 por barril (el WTI de referencia en Estados Unidos) el futuro parece incierto.

De acuerdo con The Financial Times, el estancamiento de los precios a la baja no es tan a corto plazo, porque el problema del almacenamiento se va a mantener por un tiempo y la demanda seguirá débil mientras el coronavirus esté presente.

Más del 40% de la demanda de petróleo proviene de automóviles y camiones, según recoge el medio. Estos son transportes que han sufrido una merma importante por el virus.

La principal avenida de Buenos Aires, Argentina, vacía por cuarentena, en abril del 2020. (AP Photo/Natacha Pisarenko)
La principal avenida de Buenos Aires, Argentina, vacía por cuarentena, en abril del 2020. (AP Photo/Natacha Pisarenko)

Además, la caída de los precios podría ser un presagio de lo que vendría a largo plazo para el sector energético. Sería la consecuencia del cambio climático y el papel que juega en este, la industria de los hidrocarburos. “La demanda de petróleo podría alcanzar su punto máximo antes de lo esperado”, resume el medio.

De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE), la demanda cayó en marzo 11 millones de barriles diarios, mientras que la previsión para abril es de hasta 29 millones por día.

La debacle ya había sido prevista por la AIE. “En algún momento, muy pronto, es posible que la capacidad de almacenamiento de petróleo a nivel global alcance su límite”, había señalado en marzo Fatih Birol, director ejecutivo de la agencia.

“Conforme los productores sigan produciendo, no hay adonde almacenarlo. Por eso los contratos a futuro se han desplomado”, señaló Feinzaig.

Para revertir la situación, el mercado deberá hacer ajustes bruscos. “Aunque los países de la OPEP y Rusia han acordado una reducción de la producción la realidad es que el acuerdo es apenas como un 10% de lo que se ha perdido en cantidad de demanda de los productos” detalló el economista.

Estas acciones podrían significar, incluso, que algunos productores salgan del mercado durante un lapso, porque se les podría volver insostenible la producción.