Economía y Política

El PLN, la principal cara política del ‘establishment’ en Costa Rica, se hunde en la impotencia

Liberación Nacional se queda relegado del Poder Ejecutivo, en una inédita tercera vez consecutiva, por un país que urge cambios

El Partido Liberación Nacional (PLN), la principal cara del establishment en la política costarricense, se hunde en la impotencia. El partido más ganador y que más veces ha gobernado el país (10 de 17 posibles) sufrió una inédita tercera derrota consecutiva en elecciones nacionales y descubre, una vez más, que no consigue descifrar a un electorado con sed de cambio.

El diagnóstico es claro y se le repite a los liberacionistas desde hace ocho años; sin embargo, la enfermedad partidaria se ha asentado y parece expandirse: la mostrada incapacidad de renovar sus liderazgos se complica con una crisis identitaria que le resta cohesión al partido cuando más la necesita.

Ese diagnóstico se redactó por primera vez en 2014, cuando el alcalde capitalino Johnny Araya resultó arrollado en la segunda ronda de elecciones por el expresidente Luis Guillermo Solís. Se repitió en 2018, cuando el empresario y político de amplísima trayectoria Antonio Álvarez ni siquiera avanzó al balotaje. Y se escribe nuevamente, en este 2022, con la derrota del expresidente José María Figueres ante un outsider de la política tradicional, como es el ahora presidente electo Rodrigo Chaves.

A pesar de contar con una estructura fuerte que todavía le permite hacerse con la mitad de los municipios cantonales y dominar casi un tercio de la Asamblea Legislativa, al PLN no le están dando los números para gobernar.

Perder una elección presidencial en segunda ronda por un margen inferior a 6 puntos porcentuales y después de colocar 19 de 57 diputados en la Asamblea Legislativa no sería un fracaso para la mayoría de agrupaciones políticas en Costa Rica, pero sí lo es para el PLN. Los verdiblancos se enfrentarán, por primera vez en sus siete décadas de historia, a un tercer cuatrienio consecutivo desde la oposición.

Hablar del PLN es hablar también del establishment político en Costa Rica y de las élites, públicas y privadas, construidas desde mediados del siglo pasado. A fin de cuentas, durante las administraciones liberacionistas se diseñó gran parte de estado actual de los mercados en Costa Rica, el aparato estatal que conocemos y el modelo de desarrollo del país; aunque no todos sus actores respondan al partido.

Esta faceta le sirvió por años a Liberación Nacional para mantenerse en el poder o muy cerca de este; pero con los años se transformó en una desventaja, conforme se empezó a desgastar el modelo social costarricense, se hicieron más evidentes los casos de corrupción en los partidos tradicionales y nació la diáspora de esas agrupaciones que luego derivó en el multipartidismo.

La sed de cambio en el electorado –alentada por todos esos factores– primero provocó la entrada de múltiples partidos a la Asamblea Legislativa y luego, en años más recientes, la exclusión de los partidos tradicionales del Poder Ejecutivo.

Es cierto que solo los expresidentes del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) fueron llevados a procesos judiciales; pero el PLN no escapó del juicio público, ni de las recriminaciones.

“En las últimas cuatro elecciones, el tema del cambio ha estado muy presente. No es un tema nuevo y Liberación Nacional no ha logrado reconocerlo en sus liderazgos”, observó el politólogo Jesús Guzmán, de la Universidad de Costa Rica (UCR). “El discurso de experiencia fue insuficiente y se quedaron con una nueva derrota que, si bien no es tan fuerte como la de 2018, sigue siendo enorme en lo simbólico, ante un partido sin estructura y con un candidato nuevo”.

La añoranza por una evolución en la arena política costarricense ha chocado con un PLN que representa todo lo contrario. La agrupación se ha presentado a los electores desde 2014 con liderazgos tradicionales y con una evidente dificultad para renovar sus cuadros políticos.

El gran “equipo” tantas veces mencionado por el expresidente Figueres Olsen en su campaña electoral acarrea una buena parte del repudio de la población al sistema político actual, tal como lo remarcó su contendiente (Rodrigo Chaves) en cada uno de los debates presidenciales de la segunda ronda.

Tras el naufragio de 2014, el exministro y exdiputado Antonio Álvarez Desanti le decía a EF que el PLN debía “abrir las puertas”, recibir a “gente joven” y “remozar el partido con nuevos dirigentes”. Pero luego fue él –un político cuya carrera arrancó en la década de 1980– quien asumió la candidatura de los verdiblancos en 2018.

Por otro lado, los partidos nuevos han sacado provecho de la pobre lectura del PLN.

Primero lo hicieron irrumpiendo en el Congreso partidos como Acción Ciudadana (PAC), el Movimiento Libertario (ML) o el Frente Amplio (FA).

Más tarde, el PAC accedió al Poder Ejecutivo en su cuarto intento, en 2014; y recién este mes de abril lo hizo –por primera vez en la historia– un partido recién fundado: el Progreso Social Democrático (PPSD) de Chaves.

Este último es el ejemplo más reciente de la crisis existencial del PLN. Un millón de electores decidieron elegir a un outsider como Chaves, alentado por una antigua presentadora de Telenoticias (la diputada electa Pilar Cisneros), por encima de un expresidente liberacionista del que solo uno de cada 10 electores afirmaba no tener algo malo que decir, según encuestas.

Ese rechazo ya lo advertían, desde 2021, los expresidentes Óscar Arias y Laura Chinchilla. Según dijeron entonces, era previsible que a Figueres no le alcanzaran los números en una contienda nacional como la que, eventualmente, terminó perdiendo.

A todo esto se suma un desgaste y una distorsión identitaria lógica para cualquier partido viejo, según explicó la politóloga Eugenia Aguirre.

“Este tipo de agrupaciones nacen de una coyuntura al cual ya una buena parte de la ciudadanía no responde. Las personas jóvenes ya no se identifican con ese origen y eso genera dificultades para adaptarse a los nuevos tiempos y definirse en materias que no tenían relevancia cuando nacieron a la vida pública”, apuntó.

Al PLN, como máximo representante del establishment de la historia moderna costarricense se le endilgan muchas críticas, en un escenario de desigualdad creciente, de problemas fiscales y de deterioro del estado solidario. A fin de cuentas, gobernó la mayor parte del tiempo en los últimos 70 años.

Ya resumía esas críticas el expresidente Luis Guillermo Solís, en un spot publicitario que publicó en octubre de 2013, poco antes de barrer en segunda ronda ante los verdiblancos.

“Hace ocho años tomé una de las decisiones más importantes de mi vida y le escribí una carta (de renuncia) a los dirigentes del PLN (...) Les dije que rechazaba el abandono a la clase media y la adopción de un modelo concentrador de la riqueza (...) renuncié a la corrupción, a la incapacidad, a la ineptitud, a la politiquería y al fraude electoral”, decía el exmandatario, en un discurso filoso que ahora parece haberse instalado.

Ese discurso era similar al que antes habían adoptado figuras como Ottón Solís, Otto Guevara y otras más que habían adelantado el camino para desbancar a Liberación Nacional del gobierno. El mismo camino que este 2022 utilizó Rodrigo Chaves para acceder al poder contra un expresidente Figueres que, según diversos politólogos, representaba el mismo statu quo que el propio PLN.

Y en medio de ese discurso, Liberación Nacional se ha mostrado incapaz de ofrecer un cambio. Por el contrario, los nuevos liderazgos en la agrupación deben hacer fila y responden, en su mayoría, a los más viejos dirigentes.

“Esta incapacidad se ve incluso en la resistencia que han mostrado los alcaldes del partido en contra del proyecto para prohibir la reelección indefinida”, apuntó Guzmán. “También se ve en la Asamblea Legislativa, en donde usted casi no ve personas jóvenes y algunas de las que ve parecen tener cierto apalancamiento familiar o de algún grupo específico”.

Esto profundiza la herida para el PLN. El Partido no encuentra nuevos liderazgos, pero también los ahuyenta y los desalienta.

A pesar de todo ello, el PLN sigue lejos de morir, según la politóloga Aguirre; aunque debe replantearse muchas cuestiones y entender que lo hace con una militancia más pequeña.

El expresidente Figueres y candidato recién derrotado, sin embargo, dibuja un panorama alentador para el liberacionismo. “El PLN sale reforzado de esta campaña en términos de la bancada en el Congreso, de la votación obtenida y de la solidez de las finanzas (...) Somos un partido de 70 años y aspiramos por lo menos a 70 más”, enfatizó este 5 de abril, en conferencia de prensa. “Hemos conversado sobre algunos cambios estructurales, pero no hay ninguna precisa en eso”, concluyó.

Josué Alfaro

Josué Alfaro

Periodista de la sección de Economía y Política de El Financiero. Graduado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo de la Universidad de Costa Rica.

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