La cancelación de la licencia de Uber en Londres abrió heridas políticas y raciales

Tras la decisión de salir de la Unión Europea, la decisión de quitarle la licencia a este servicio de transporte ha generado cuestionamientos que van más allá de la simple seguridad de los pasajeros

Hay una pregunta que le molesta a Sahrab Shinwari: “¿Habrían prohibido Uber si sus conductores fueran blancos e ingleses?”.

La decisión inédita tomada el mes pasado de quitarle a Uber su licencia en Londres se ha difundido por toda la capital británica, animando conversaciones en todos los estratos de la vida londinense acerca del servicio barato y conveniente de Uber en un mercado que durante mucho tiempo ha estado dominado por los taxis negros, icónicos pero costosos; acerca de su historial defectuoso de gobierno corporativo; y acerca del tipo de capitalismo que el Reino Unido quiere después del voto del Brexit para dejar la Unión Europea el año pasado.

Sin embargo, a nivel de las calles, en la ciudad se escucharon preguntas más incómodas, como la que le preocupó a Shinwari, quien es conductor de Uber y vino a Londres desde Afganistán hace nueve años. Es uno de los 40.000 conductores de Londres. La mayoría de ellos no son blancos y muchos de ellos son inmigrantes, algo que ha agudizado las divisiones raciales en la clase trabajadora en una época en la que los ingresos más bajos están en aprietos y el futuro post-brexit de la ciudad aún es incierto.

Uber ya ha apelado la decisión, y el nuevo director ejecutivo de la empresa llevará a cabo una misión encaminada a hacer las paces. Sin embargo, el servicio de transporte privado ha resonado muy profundamente en Londres porque ha irrumpido en algo más que el transporte. Ha irrumpido también en la política, además de que ha sacado a la luz la hipocresía y ha tensado el tejido social de esta ciudad orgullosamente cosmopolita.

A la izquierda, Sadiq Khan, el alcalde de Londres, quien es hijo de un conductor inmigrante de autobús, aplaudió la decisión respecto de la licencia como una victoria para la “seguridad de los pasajeros” y se alineó con los conductores de los taxis negros, que son mayoritariamente británicos, blancos y con tendencias de derecha.

A la derecha, George Osborne, el editor del Evening Standard de Londres y antiguo canciller conservador de Hacienda, escribió un editorial en el que acusó al alcalde de “clausurar el futuro”, solo para después ser exhibido por el consejo de ética del Sindicato Nacional de Periodistas por no declarar que es parte del consejo del administrador financiero BlackRock, un importante inversionista de Uber.

El Congreso de Sindicatos Comerciales del Reino Unido dijo que la pérdida de la licencia de Uber fue una “gran victoria para los derechos de los trabajadores”. El GMB, un sindicato cuyos miembros incluyen a conductores de taxi y de Uber, alabó la decisión por su “justicia y su seguridad”. El comentarista de izquierda Paul Mason tuiteó: “Brillante victoria para los sindicatos comerciales, el movimiento del trabajo y los taxis de Londres”.

“¿Y nosotros qué?”, preguntó Samir Sahel, otro conductor de Uber e indio inmigrante de segunda generación. “¿No somos parte de la clase trabajadora?”

Lo que más frustró a la decena de conductores de Uber que entrevistamos para este artículo fue que los estándares laborales, tan mencionados por los críticos de Uber a lo largo de los últimos diez años, ni siquiera formaron parte de la decisión en torno a la licencia.

Razones cuestionadas

Transport for London, o TfL, el regulador de la ciudad, justificó su decisión de no renovar la licencia operativa de Londres citando sobre todo preocupaciones acerca de la seguridad de los pasajeros, revisiones de antecedentes médicos y criminales insuficientes y la manera en que la empresa reportaba crímenes. La policía de Londres acusó a Uber de no poder reportar rápidamente por lo menos seis casos de ataques sexuales el año pasado, pero la empresa argumenta que ha trabajado de manera cercana con las autoridades y que el problema se está exagerando. Los conductores también señalaron el papel de Transport for London a la hora de otorgarles licencias individuales.

“TfL utilizó una excusa terrible”, dijo Shinwari, el conductor afgano de Uber. “Son los que emiten nuestra licencia. Investigan y aprueban tanto a los taxis negros como a nosotros. ¡Incluso les pagamos para que lo hagan!”.

En vez de abordar las arraigadas preocupaciones en torno a los bajos ingresos, los largos horarios y los beneficios mínimos, la decisión estigmatizó aún más a los conductores de Uber como criminales potenciales, dijo. Minutos después de la decisión del viernes, uno de sus amigos le había llamado para bromear: “Eres un violador, ¿verdad?”.

Sin embargo, Shinwari también le tiene resentimiento a Uber por pedirles a los conductores que presionaran al alcalde en nombre de la empresa. “Es como si un jaguar le pidiera a los ciervos que sean amigos”, dijo. En los últimos dos años, sus ingresos han disminuido aproximadamente la mitad, dijo.

Cuando se unió a Uber hace dos años, había cerca de 20.000 conductores en las carreteras. Esa cifra ha aumentado el doble desde entonces. “No hay suficiente trabajo para todos nosotros”, dijo, y reflejó una queja popular de los taxis tradicionales. Mientras tanto, la empresa aumentó a 25% la comisión que obtiene de las tarifas de los nuevos conductores.

El gerente general de Uber para Europa del Norte renunció de manera inesperada y su director ejecutivo, Dara Khosrowshani, llegará para hablar con la autoridad del transporte. Aunque ya ha expresado algo de arrepentimiento, Khosrowshahi también sabe que Uber cuenta con seguidores devotos en Londres. Una petición para mantener el servicio en la ciudad, que fue promovida a través de su aplicación, había obtenido poco más de 845.000 firmas en un día.

Las guerras de los taxis en Londres son anteriores al referéndum del Brexit, pero han sido combatidas según líneas divisorias similares. “Hay una gran diferencia entre nosotros y ellos”, dijo Mark Thompson, un conductor de taxi negro de 52 años.

Los 23.000 conductores de taxis negros de Londres estudian en promedio cuatro años para aprenderse 25.000 carreteras y 100.000 puntos de referencia de memoria antes de pasar el examen de choferes más difícil del mundo: “El Conocimiento”. Los conductores de Uber transportan a los pasajeros por toda la ciudad con la ayuda de la navegación satelital.

Hay algo en lo que los conductores más tradicionales y los conductores de Uber están de acuerdo: la mayoría duda que Uber se vaya a ir de Londres, o que los impulsos nacionalistas que impulsaron el Brexit puedan detener el avance del progreso tecnológico.

“¿Qué van a cancelar después? ¿Google?”, preguntó Sergejs Malacenko, un conductor de Uber letón que llegó al Reino Unido en 2004.

O como lo dijo Shaffron, el conductor de taxi negro: “Ganamos una batalla, pero Uber ganará la guerra”.

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.