Por: María Luisa Madrigal.   28 junio
El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) intenta alejarse de los malos resultados financieros de los últimos años mientras los retos en generación eléctrica se hacen cada vez más visibles. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal.
El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) intenta alejarse de los malos resultados financieros de los últimos años mientras los retos en generación eléctrica se hacen cada vez más visibles. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal.

El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) intenta alejarse de los malos resultados financieros de los últimos años mientras los retos en generación eléctrica se hacen cada vez más visibles.

La venta de kilowatts era hasta ahora el negocio más seguro del ICE. De respaldo el instituto tiene una matriz energética limpia, decenas de plantas de producción de energía renovable y listas, ante cualquier eventualidad, otras plantas de generación con búnker y diesel.

Tiene también a sus espaldas una cobertura de más 38.700 kilómetros cuadrados (km2), de los 51.100 km2 totales del país y por si fuera poco, más de 70 años en el negocio.

Esta estabilidad se representa en los resultados de ventas de los últimos años, donde la electricidad es cada vez una porción más grande del negocio.

Sin embargo, esos números están amenazados. El ICE se enfrenta no solo a malos negocios por los que deberá pagar y malas decisiones financieras traducidas en préstamos difíciles con intereses altos.

El problema de la institución no son solo sus números en rojo. La generación distribuida, cada vez más accesible, hace que el ICE deba dejar de confiar en la electricidad como su sostén principal y vea hacia nuevos negocios y nuevos clientes.

La afectación

La generación distribuida es tal vez el principal enemigo que enfrenta el ICE en su afán por alcanzar nuevamente la estabilidad. La idea detrás de esta figura es simple: el consumidor de electricidad se convierte en productor de la energía para autoconsumo, la electricidad deberá producirse a través de paneles solares o alguna otra fuente renovable.

El plan del ICE es no quedarse fuera del proceso. El reglamento de este sistema detalla que el consumidor debe inyectar en la red eléctrica nacional el sobrante de su producción y que el ICE pague por esta energía. Cuando esta electricidad autoproducida se acaba, el cliente vuelve a consumir de la red del ICE.

En la práctica no es necesariamente así. El funcionamiento en paralelo con la red de distribución eléctrica sí se ejecuta pero el concepto de depósito y devolución de energía colapsa y las baterías para almacenar la electricidad toman su lugar.

El limitante de la generación distribuida en Costa Rica está en el papel. El reglamento define que la capacidad máxima de sistemas conectados a un circuito no deberá exceder el 15% de la demanda máxima anual del mismo. En la CNFL ya hay 11 circuitos cerrados.

Ante esta traba las empresas optan por producir y almacenar solas. A su favor tienen que los paneles eléctricos son cada vez más baratos, al igual que las baterías de almacenamiento.

El reglamento define que la capacidad máxima de sistemas conectados a un circuito no deberá exceder el 15% de la demanda máxima anual del mismo. Fotografía: Shutterstock.
El reglamento define que la capacidad máxima de sistemas conectados a un circuito no deberá exceder el 15% de la demanda máxima anual del mismo. Fotografía: Shutterstock.

Este es un fenómeno que el ICE tiene identificado. Aunque ahora los números no son alarmantes, la institución sabe que conforme los costos de los equipos disminuyan, se harán más accesibles para empresas y grandes contribuyentes en facturación.

Mientras el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) revisa el reglamento de generación distribuida, el Grupo ICE trabaja en una propuesta para convertir la amenaza en una oportunidad.

“Va a ser uno de los nuevos negocios en los que vamos a incursionar. Va a ser un modelo innovador” declaró Irene Cañas, presidenta ejecutiva del ICE. La publicación de este plan será en el segundo semestre del 2019, de acuerdo con la funcionaria. De momento la institución se acomoda para hacerle frente a los impactos que ya se manifiestan.

En la actualidad el impacto en la facturación para el ICE es leve, ronda el 0,4% de los ingresos mensuales del sistema de distribución de la institución. En la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) el impacto también parece ser leve de acuerdo con Adán Marchena, subdirector comercial de la compañía. Es apenas el 0,3% de la facturación de los ingresos mensuales por venta de energía, lo que se traduce en 589 clientes de los 575.000 totales.

Sin embargo estas cifras no concuerdan con lo que expone la presidenta ejecutiva del Grupo ICE. De acuerdo con Irene Cañas el porcentaje de afectación de la generación distribuida es mucho mayor en los clientes de la CNFL que en el ICE, aunque la jerarca no precisó números.

“Es algo que vino para quedarse. Sabemos que no habrá retroceso y que va a seguir en aumento. Por eso es que ahora nos enfocamos en nuevos negocios, más allá de vender kilowatt por hora”, afirmó.

¿Cuáles son los nuevos negocios?

EF conversó con Irene Cañas el 19 de junio. Entonces declaró que un día después harían un anuncio para comunicar uno de los nuevos negocios que buscan alejar al ICE de los números rojos que vienen creciendo, casi sin excepción, desde el 2014.

El 20 de junio la institución comunicó un plan piloto para vender cocinas de inducción, a ¢115.000 la unidad. El ideal para la institución es que para setiembre las cocinas alcancen ventas masivas.

En contraste, sólo en el 2018 el grupo tuvo pérdidas por más de ¢256.900 millones.

Ante este panorama la institución no puede pretender reducir su déficit a punta de cocinas. En la Estrategia 4.0, un plan de acción para los próximos cuatro años, se detalla que el ICE deberá caminar hacia nuevos esquemas comerciales, con el fin de generar ingresos adicionales.

Este es el tipo de cocina que el ICE empezó a vender. El precio por unidad es de ¢115.000. Fotografía cortesía del ICE para EF
Este es el tipo de cocina que el ICE empezó a vender. El precio por unidad es de ¢115.000. Fotografía cortesía del ICE para EF

En ese marco surge un proyecto de calderas eléctricas.

En Costa Rica el parque de calderas es viejo, ineficiente y contaminante. La mayoría usa búnker o diesel como combustible generador, de acuerdo con Cañas. La intención del ICE es cambiar estos dispositivos, que se utilizan para generar vapor o agua caliente, por calderas que se alimenten de la electricidad que produce.

Las calderas se utilizan por ejemplo en la industria química, cosmética, farmacéutica y alimentaria, para el calentamiento de fluidos o procesos de esterilización.

El proyecto está muy avanzado de acuerdo con Cañas. El ICE ya tuvo conversaciones con la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep) para generar un esquema “eficiente” con el fin de implementar una tarifa diferenciada.

La necesidad de buscar nuevos mercados es urgente cuando se visualiza el mapa de cobertura del país, El 99,4% del país está electrificado y prácticamente no existen demandas insatisfechas, de acuerdo con el estudio de proyección de la demanda eléctrica 2018 - 2040. Además, la demanda está casi al 100% en manos del grupo. Al 2017 el ICE vendía el 41,7% del total de energía del país, mientras la CNFL se dejaba otro 36,1%.

Lo cierto es que el ICE tiene producción de sobra, tanto así que la demanda futura ya está abastecida con la producción actual. Esto incluso significó la pausa indefinida del proyecto hidroeléctrico El Diquís. Este exceso obliga a la institución a buscar nuevos clientes para esa electricidad que sobra.

Los nuevos clientes

A marzo 2019 el Grupo ICE había instalado 124.500 medidores inteligentes a lo largo del país. A esto se suman 285.000 nuevos que se adjudicaron para los siguientes meses. La meta de la entidad es, para el 2024, universalizar el uso.

De los aparatos ya instalados 79.600 están en áreas de concesión del ICE, mientras que los restantes 44.900 corresponden a la CNFL.

Estos medidores intentarán acaparar nuevos clientes para la institución, por ejemplo Acueductos y Alcantarillados (AyA). Son aparatos que permiten contabilizar el consumo de agua y que detallan en tiempo real, reportes de gastos o fugas del líquido, de acuerdo con la Presidenta Ejecutiva del ICE.

A marzo 2019 el Grupo ICE había instalado 124.500 medidores inteligentes a lo largo del país. Fotografía cortesía del ICE para EF.
A marzo 2019 el Grupo ICE había instalado 124.500 medidores inteligentes a lo largo del país. Fotografía cortesía del ICE para EF.

“Con las redes inteligentes yo puedo detectar dónde tengo una avería y de qué tipo. Así se es más eficiente enviando el tipo de cuadrilla y con los repuestos necesarios para atenderla en un menor tiempo”, declaró. La institución ya tiene un plan piloto en conjunto con el AyA que se ejecuta en Cartago.

Estas redes también forman parte de dos proyectos piloto de municipios inteligentes que se desarrollan en Grecia y Tibás. Aprovechando la infraestructura de la red eléctrica se colocan, cámaras para seguridad, sensores y pantallas que permitan dar información importante como la temperatura, el clima o las rutas de autobuses según detalló Cañas.

Hay otro cliente potencial que demanda una parte importante de la electricidad ya producida: el transporte eléctrico.

No solo los propietarios de vehículos eléctricos son consumidores que hace menos de un lustro no existían en los números del ICE, sino que entran en el juego los proyectos ferroviarios del país

El Tren Eléctrico Limonense de Carga (Telca) es el primero de los ferrocarriles nuevos que empezará a andar y necesitaría, según estimaciones previas, entre 50 Megavatios (MW) y 60 MW para operar. En contraste, la planta hidroeléctrica Reventazón, la más grande del país, tiene una capacidad instalada de 305 MW. Estos megas saldrían de la capacidad instalada actual.

Mientras el ICE mira a los lados en busca de más negocios y nuevos clientes, incursiona en venta de cocinas y busca sacar provecho de sus capacidades, las empresas siguen colocando paneles solares en sus techos y compran baterías más capaces para alejarse, cada vez más, de la dependencia hacia el ICE y de las tarifas que por años el sector industrial ha denunciado.