Economía y Política

La guerra de las sanciones entre Occidente y Rusia: un mal negocio que le saldrá caro a todo el mundo

La crisis en Ucrania se desenvuelve entre las operaciones militares rusas y las amenazas de sanciones. El resultado es un mal negocio

El estallido de la operación militar de Rusia en Ucrania le abrió la puerta también a una “guerra de sanciones” que aunque difícil de evitar como medida para castigar la decisión de Moscú, saldrá cara a todo el mundo.

Hasta el momento, la escalada militar ha estado en manos de una Rusia que este 23 de febrero invadió territorio ucraniano con la supuesta intención de desmilitarizarlo y defender la soberanía de regiones separatistas en el Donbás (Donetsk y Lugansk); mientras que Occidente ha adoptado una posición reacia al conflicto armado y abierta a sanciones administrativas, aunque todavía con cautela.

El conjunto de medidas que disparan desde Occidente a las autoridades rusas, sin embargo, no parecen ser ni lo suficientemente fuertes, ni rápidas, ni lo suficientemente uniformes como para frenar de lleno el conflicto. Las sanciones más fuertes, a fin de cuentas, tienen un ‘efecto boomerang’ y este es un factor que parece maniatar a algunas decisiones.

Además de eventuales impactos en indicadores de inflación y en algunas industrias, sanciones de gran peso para Rusia podrían implicar reacciones contrarias o no deseadas.

La cautela de Occidente tiene sentido si se toma en cuenta que Rusia es uno de los principales productores de materias primas del mundo y que sus capitales también tienen una gran importancia en el sistema financiero europeo. Sin embargo, la pasividad también podría ser un mal negocio a pesar del resguardo. A fin de cuentas, las sanciones que dejan un verdadero efecto son únicamente las que sí duelen.

Las sanciones más fuertes de las que dispone Occidente para atacar a Rusia son dos a las que ha rehuido hasta el momento. Una es atacar las exportaciones de Rusia y otra es aislar su sistema financiero más agresivamente, sacando a sus entidades bancarias del sistema de interconexión bancaria Swift, que conecta a más de 11.000 entidades financieras en todo el mundo.

La razón por la que no se han tomado estas medidas, a pesar del fuerte impacto que tendrían en la economía rusa, es precisamente por el otro impacto: el que también podrían tener para la región de Occidente, en una economía tan abierta como la actual.

Según datos de JP Morgan, publicados por Bloomberg, Rusia provee al mundo un 45,6% de la producción mundial de paladio, un 15,1% del platino, un 9,2% del oro, un 8,4% del petróleo y un 6,2% del gas natural. También suministra un 5,3% del níquel, un 5% del trigo, un 4,2% del aluminio, un 3,5% del carbón, un 3,3% del cobre, y hasta un 2,6% de la plata.

Esto convierte a la potencia euroasiática en uno de los principales países productores y exportadores de materias primas y, por tanto, en un blanco delicado en materia de restricciones.

Si bien un freno a su comercio tendría un impacto muy duro en las ganancias rusas, también lo tendría en las economías que necesitan de este.

A esto se suma la crisis de la pandemia, que exacerbó problemas en los procesos de producción y en las cadenas de suministro en el mercado de las materias primas. Estas ya experimentaban una tendencia alcista en meses recientes, llevando los registros inflacionarios a cifras récord en varias de las potencias mundiales.

La sola explosión del conflicto en Ucrania aumentó aún más los precios de estos productos críticos y la imposición de sanciones relacionadas echarían más leña al fuego.

Occidente también ha tenido que mirar con cautela la posibilidad de aislar a Rusia en términos financieros. Si bien se han anunciado algunas medidas en contra de algunos bancos en Europa y Estados Unidos, hasta el momento se ha evitado la desconexión de los bancos rusos de la plataforma Swift, a pesar de afirmaciones de figuras como el primer ministro británico, Boris Johnson, quien dijo lamentar no estar facultado para hacerlo él mismo por su propia cuenta.

El aislamiento completo de Rusia del panorama económico mundial supondría riesgos para entidades financieras (principalmente europeas) expuestas a capitales rusos; y además implicaría un golpe de lleno en la población de ese país, que podría alimentar el discurso revanchista de Vladimir Putin contra Occidente.

Los países europeos descartan ese paso por el momento, según explicó el presidente estadounidense Joe Biden; aunque manifestó que “siempre será una opción”.

La cautela con las sanciones también se explica por las eventuales repercusiones que podrían acarrear para Estados Unidos y Europa Occidental.

Autoridades rusas han señalado que una exclusión rusa de Swift podría significar una grave respuesta de su parte, según publicó CNN Business. Una exclusión financiera rusa del Swift podría derivar un paro en los suministros rusos de gas y de metales para el resto de Europa, según las declaraciones del vicepresidente de la Cámara Alta del Parlamento de Rusia, Nikolai Zhuravlev, al medio estatal TASS.

Rusia aporta casi la mitad del gas natural europeo y esto es clave para entender por qué las eventuales contrarrespuestas rusas son un factor importante sobre la mesa de análisis. El gas natural, más allá de ser un producto clave para cientos de industrias, también es esencial para las cuestiones más básicas de la vida europea, como la calefacción de hogares o la cocina.

Los temores relacionados con el gas también son parte del análisis cuando se piensa en sanciones sobre las exportaciones rusas, por ese mismo motivo. Al igual que las expectativas inflacionarias, la contrarrespuesta rusa es un factor.

Desde el 23 de febrero, el Ministerio de Exteriores de Rusia afirmó a través de un comunicado que las sanciones de Estados Unidos tendrán una “respuesta fuerte, no necesariamente simétrica, pero medida y sensible”, según publicó el medio alemán Deutsche Welle.

A pesar de ello, el especialista en mercados internacionales, Douglas Montero, considera que las sanciones deberían sopesar el riesgo de caer en un conflicto armado de proporciones mayores, antes que los temores por condiciones temporales. A fin de cuentas, explicó, la inflación podría ser mejor por un período pasajero que si se hace duradera, en caso de una escalada del conflicto aún más grande.

“La pregunta más bien es qué se prefiere: el costo inflacionario y económico (de las sanciones fuertes) o el de una guerra y sus proporciones desastrosas”, apuntó.

El analista internacional Carlos Murillo, jefe del Observatorio del Desarrollo de la Universidad de Costa Rica (OdD-UCR) considera que las sanciones que se han aplicado hasta el momento parecen una respuesta básica y mínima, en medio de un proceso en el que existen muchas manos atadas.

Los resultados de las sanciones ya de por sí suelen ser lentos y, cuando se trata de medidas hechas con bisturí, sus efectos pueden ser todavía más limitados.

“La mayoría de sanciones que se han adoptado son contra el gobierno y contra sectores poderosos, y normalmente estos tienen cómo evadirlas”, apuntó Murillo. “Por eso, las sanciones que funcionarían son las más grandes y que afectan a la población, pero ahí es cuando los países, principalmente los occidentales, se ven en un aprieto. Si afectan a la ciudadanía, se fortalece al discurso del sancionado, en este caso de Putin”.

Este complejo panorama evidencia que las sanciones podrían tratarse de un mal negocio. Las sanciones son aparentemente leves para detener el ánimo de Putin y ni siquiera se practican de manera totalmente uniforme en todo el planeta.

“Ya sabemos que China no adoptará ninguna sanción, por ejemplo, sino que respaldará a Rusia en la parte financiera y también existe una serie de aliando, varios de ellos en América Latina, que podrían facilitar una evasión de las sanciones”, subrayó.

Desde este 22 de febrero, antes del inicio de la operación militar ordenada por Vladimir Putin en territorio ucraniano, Washington anunció sus primeras sanciones a Rusia, ante la inminente escalada del conflicto.

Joe Biden, presidente de Estados Unidos, anunció el bloqueo de dólares y el congelamiento de activos en territorio norteamericano para los dos bancos estatales rusos: el Vnesheconombank (de Desarrollo) y Promsvyazbank (Militar); los cuales no son precisamente los más grandes de Rusia, pero sí poseen una gran influencia en ese país.

Asimismo, el presidente de la potencia norteamericana subrayó que se pondría freno a cualquier financiamiento de la deuda soberana rusa en esa jurisdicción.

La Unión Europea (UE), por su parte, estableció un embargo a las regiones separatistas de Lugansk y Donetsk, prohibió el ingreso a territorio comunitario de altos mandos rusos y le cerró las cortinas de su mercado financiero y de servicios a variedad de entidades financieras y de Estado rusas.

Tanto Estados Unidos como la UE también anunciaron, este 24 de febrero, nuevos acuerdos para impulsar sanciones más severas tras la invasión militar de Rusia en Ucrania.

La UE adelantó a través de una declaración conjunta que las medidas cubrirían aspectos financieros, de energía y de transportes; mientras que el presidente estadounidense Biden señaló que se buscará limitar aún más a los bancos y oligarcas rusos; así como al sector tecnológico de la potencia euroasiática.

Entre las sanciones, sin embargo, no se mencionó a los mercados claves de la economía rusa, ni a una eventual exclusión de entidades financieras del Swift.

Reino Unido también anunció el 24 de febrero el congelamiento de activos de algunos de los principales bancos rusos; la prohibición a Rusia para obtener financiamiento en los mercados de esa jurisdicción; y un alto a las exportaciones de bienes a Rusia con posible uso militar, como algunos componentes electrónicos.

Días atrás también anunciaron castigos países como Australia, Canadá o Japón.

Alemania, por su cuenta, también decidió paralizar el proyecto del gasoducto Nord Stream 2: una infraestructura que todavía no entra en funcionamiento, pero que es crucial para Rusia y sus intenciones de ampliar su red de distribución. La decisión sorprendió porque también se trata de un proyecto políticamente importante para los intereses energéticos germanos.

Según apuntó el analista Murillo, los atenuantes de estas sanciones hacen que su efecto sea muy limitado. Ante ese escenario, qué tanto más escale el conflicto parece quedar en manos de Rusia y su presidente.

Un escenario factible, según el analista, es que Rusia se conforme con desestabilizar a Ucrania y colocar a un gobierno favorable a Moscú, si se mantienen sanciones menos estrictas. Pero también podría ocurrir que las intenciones de Putin vayan más allá de eso.

“¿Podría haber alguna confrontación armada? Sí. Si Rusia va más allá de Ucrania e invade a algún país miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) podría ocurrir”, apuntó el analista “Es poco probable por las reacciones que habría ante eso, pero la ambición de Putin podría ir más allá, sobre todo si busca ir a los países bálticos, que es su aspiración para obtener una salida directa y propia al mar que hoy no tiene”.

Rusia enfrenta las sanciones de Occidente, además, con el aprendizaje a cuestas de su experiencia en 2014, cuando se anexó a la fuerza la península de Crimea. Según informó la BBC, este 23 de febrero, el presidente Putin ha desarrollado desde entonces distintos movimientos para reemplazar importaciones occidentales y sus reservas intencionales en divisas y oro se encuentran en niveles récord, de $630.000 millones a enero: la cuarta cantidad más alta en el mundo.

Esa posición podría ayudarle, aunque sea parcialmente a enfrentar la caída del rublo. La moneda rusa cayó un 9% en su comparación con el dólar este 24 de febrero con el inicio de la misión militar en Ucrania, lo cual obligó al banco central a realizar intervenciones para aminorar el impacto y brindar liquidez al sector bancario.

Pese a todo esto, el economista Montero considera que el poderío histórico de Rusia sigue por debajo de los tiempos de la Unión Soviética. Por ese motivo, piensa, se debería actuar a partir de ese entendimiento.

“Las acciones que se tomen pueden tener un componente que se puede ‘devolver’ (en inflación, por ejemplo), pero parecen mejores que una guerra de proporción mundial”, afirmó; no sin antes advertir que posiblemente sean inevitables tiempos de mayor inflación y escasez de algunos productos.

“Pero todo eso es preferible a un conflicto militar de gran escala”, concluyó.

Josué Alfaro

Josué Alfaro

Periodista de la sección de Economía y Política de El Financiero. Graduado de la carrera de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo de la Universidad de Costa Rica.

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