Uno de cada cinco jóvenes en Costa Rica está fuera del sistema educativo y del mercado laboral. Esta realidad no solo plantea un desafío crítico para la productividad futura del país, sino también para las empresas, que luchan por encontrar talento en una economía cada vez más especializada.

En Costa Rica, al cierre del 2025, había aproximadamente 139.920 jóvenes entre 15 y 24 años que no trabajaban ni estudiaban, conocidos como población NINI, de acuerdo con los datos de la Encuesta Continua de Empleo (ECE) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
La cifra representa el 20,3% de la población joven del país, es decir, cerca de una quinta parte de este grupo.
Aunque el indicador muestra una mejora frente a los niveles más críticos registrados durante la pandemia, la evolución evidencia que el problema permanece: la tasa NINI pasó de 18,3% en 2019 a 20,3% en 2025.
Más allá del dato de quienes están fuera del estudio y el empleo, el fenómeno refleja una dificultad más amplia: la transición entre la educación y el mercado laboral continúa dejando a una parte importante de los jóvenes al margen de las oportunidades de inserción.
Para Daniela Córdoba Solano, investigadora del Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica, el fenómeno no responde a una única causa, sino a una combinación de factores relacionados con la formación, la experiencia laboral y las condiciones socioeconómicas.
“La menor experiencia laboral acumulada, la necesidad de adaptarse a los perfiles ocupacionales más demandados y las desigualdades asociadas al nivel educativo o al contexto socioeconómico podrían influir en las oportunidades de inserción de este grupo poblacional”, explicó.
No todos los NINI enfrentan la misma realidad
Uno de los principales retos para analizar esta población es entender que no todos los jóvenes fuera del estudio y el trabajo se encuentran en la misma situación.

Del total de jóvenes en esta condición al cierre de 2025, la situación se divide así:
- 26,9% (aproximadamente 37.647 personas): Están desempleados; es decir, buscan activamente trabajo.
- 73,1%: Están fuera de la fuerza laboral. De este grupo, unos 26.049 jóvenes no participan por obligaciones familiares (mayoritariamente mujeres) y 76.224 por otras razones.
La composición también evidencia diferencias por género. En el cuarto trimestre de 2025 había 67.637 hombres jóvenes y 72.283 mujeres jóvenes en condición NINI. Las mujeres representaban aproximadamente el 51,7% del total.
Para entender esta exclusión, Hannia Ramírez, subdirectora de la Escuela de Economía de la Universidad Fidélitas, explicó que en el caso de las mujeres tienen mayor peso factores asociados con responsabilidades de cuido, cargas familiares y barreras de inserción laboral.
En el caso de los hombres, el fenómeno se relaciona más con la incorporación a empleos informales o de menor calificación.
“El diagnóstico institucional de empleo juvenil permite identificar algunos factores asociados a esa exclusión educativa-laboral, entre ellos la salida anticipada del sistema educativo.
Aproximadamente, el 40% de los jóvenes entre 18 y 22 años no había logrado completar ese nivel educativo, según El Estado de La Nación 2021”, destacó Ramírez.
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Añadió que también influyen la falta de experiencia, las brechas entre la oferta y la demanda de habilidades en el mercado laboral y las dificultades para que la capacitación, la orientación laboral y las oportunidades de empleo lleguen adecuadamente a todos los territorios del país.
“Ahora bien, no todos estos jóvenes están buscando empleo”, agregó.
La brecha entre educación y empleo
Uno de los principales obstáculos para la incorporación de los jóvenes al mercado laboral es la distancia entre las habilidades disponibles y las competencias que requieren actualmente las empresas.
Ramírez señaló que este desacople afecta especialmente a quienes no han completado la secundaria, no cuentan con certificaciones técnicas o tienen poca experiencia laboral.
A esto se suman dificultades para demostrar habilidades digitales, lingüísticas o competencias blandas, capacidades que hoy tienen mayor peso en los procesos de contratación.
Desde la perspectiva del IICE-UCR, los jóvenes tienen una presencia relativamente mayor dentro de la población desempleada y una menor participación dentro de la población ocupada frente a otros grupos de edad, lo que evidencia mayores dificultades de integración laboral.
El problema no solo está relacionado con conseguir un empleo, sino con construir trayectorias laborales sostenibles que permitan acumular experiencia, mejorar ingresos y avanzar hacia puestos de mayor productividad.
Programas buscan cerrar la brecha, pero el reto continúa
Para atender este desafío, Costa Rica cuenta con iniciativas articuladas dentro de la Estrategia Nacional de Empleabilidad y Talento Humano 2023-2027, conocida como Estrategia Brete, coordinada por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS).
La estrategia incluye componentes de inteligencia del mercado laboral, formación para el empleo, intermediación laboral, emprendimiento y acciones dirigidas a poblaciones prioritarias.
Entre los programas participan instituciones como el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), PRONAE-Empléate del MTSS, la Agencia Nacional de Empleo, unidades de empleo y programas de educación técnica y formación dual.
Los resultados muestran avances en cobertura. El Informe de seguimiento de Estrategia Brete 2024 señala que una actividad del INA relacionada con capacitación y formación para adquirir competencias laborales tenía una meta de 6.033 personas y alcanzó 59.517 participantes.
En competencias lingüísticas, PRONAE-Empléate registró una meta de 6.750 personas y alcanzó 8.138 beneficiarios, para un cumplimiento de 121%.
En intermediación laboral, durante 2024 se registraron 57.752 personas en búsqueda de empleo en la plataforma BRETE, se atendieron 10.453 personas mediante servicios de intermediación y se publicaron 108.696 vacantes.

No obstante, aunque este tipo de capacitación tratan de provocar una mayor inserción laboral sostenible, lo cierto es que todavía queda mucho trabajo por hacer.
Un estudio realizado por ManpowerGroup, denominado Escasez de Talento 2026, evidenció que 7 de cada 10 empleadores reportan dificultades para encontrar el trabajador que necesitan.
“Esto introduce barreras como poca experiencia previa, desconocimiento sobre cómo comunicar sus habilidades, limitada exposición a entornos laborales reales y falta de competencias técnicas o blandas que hoy son altamente valoradas”, aseguró Scarleth Tercero Loría, gerente país de ManpowerGroup Costa Rica.
Agregó que los puestos más difíciles de cubrir se ubican en áreas como tecnologías de la información y análisis de datos, front office y atención al cliente, ventas y marketing.
Estas funciones pueden representar oportunidades para personas jóvenes, especialmente cuando cuentan con formación técnica, manejo de herramientas digitales, habilidades de comunicación y capacidad de aprendizaje continuo.
Servicios concentran oportunidades laborales
El mercado laboral juvenil costarricense está concentrado principalmente en actividades de servicios.
Del total de jóvenes ocupados entre 15 y 24 años, aproximadamente 63% trabajaba en servicios, 25,7% en el sector secundario (industria manufacturera, construcción de edificios, carreteras y puentes, producción de energía) y 10,5% en el sector primario (agricultura, ganadería, pesca y explotación forestal), según la ECE del INEC para el cuarto trimestre de 2025.

José Salas, asesor en Talento Humano de la Cámara de Industrias de Costa Rica, explicó que el “Estudio sobre necesidades de Talento Humano en las Industrias de Dispositivos Médicos y Servicios TIC” (2023) revela que las personas requieren fortalecer competencias básicas, digitales, blandas y técnicas avanzadas para lograr una mejor inserción y crecimiento en el mercado laboral.
“Esto nos asegurará que, a mediano plazo, la oferta laboral está mejor capacitada que ahora”, dijo.
La informalidad como riesgo adicional
La entrada temprana al mercado laboral informal representa otro desafío para esta población.

Aunque la informalidad no afecta únicamente a los jóvenes, sus efectos pueden ser más importantes durante las primeras etapas de la vida laboral, cuando se construyen las trayectorias profesionales.
“La inserción temprana en ocupaciones informales podría traducirse en trayectorias laborales más inestables y en menores oportunidades para acumular experiencia reconocida dentro del mercado laboral formal”, aseguró Córdoba.
Según la Encuesta Continua de Empleo del INEC, en el cuarto trimestre de 2025 había aproximadamente 825.000 personas ocupadas en empleos informales, equivalentes al 37,8% de la población ocupada nacional.
La informalidad suele estar asociada con menor estabilidad, menor acceso a protección social, menor cotización a la seguridad social y vínculos laborales más frágiles.
El reto para Costa Rica trasciende la simple reducción estadística. El verdadero desafío es evitar que toda una generación quede permanentemente desconectada de las oportunidades productivas y del desarrollo del país.
