El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este 7 de marzo la fundación de una nueva Coalición Anticárteles de las Américas (A Triple C, por sus siglas en inglés) junto con otros 17 países de la región y, según dijo, “el corazón del acuerdo es un compromiso para usar fuerza letal militar para destruir a los siniestros cárteles y terroristas de una vez por todas”.
Según el mandatario, el acuerdo lo negoció el secretario de Guerra, Pete Hegseth, en Miami; pocos días antes de la cumbre del Escudo de las Américas: una iniciativa creada por la administración Trump con el supuesto interés de promover la seguridad regional, pero que múltiples analistas también observan como un esfuerzo para reafirmar su influencia regional a través de alianzas con gobernantes afines.
El ministro de Seguridad costarricense, Mario Zamora, firmó la declaración constituyente del organismo; sin embargo, este 8 de marzo afirmó en el programa Nuestra Voz, emitido por Radio Monumental, que el documento “no es de naturaleza militar”; más allá de las palabras de Trump.
Militar o no, ¿cuáles son las implicaciones reales para Costa Rica de sumarse a la Coalición Anticárteles de Trump?

¿Qué dice el acuerdo?
El documento firmado por Zamora, junto con representantes de otros 16 países, declara cuatro intenciones puntuales:
1. Ampliar la cooperación multilateral y bilateral para fortalecer la seguridad en el Hemisferio Occidental.
2. Cooperar en las siguientes esferas: los esfuerzos a nivel de todo el gobierno en materia de seguridad fronteriza, la lucha contra el narcoterrorismo y el narcotráfico, la protección de infraestructuras críticas y otras esferas que se determinen mutuamente.
3. Promover la “paz a través de la fortaleza” para hacer frente a futuras amenazas a nuestros intereses mutuos.
4. Unirse a una coalición para combatir el narcotráfico y otras amenazas compartidas que enfrenta el Hemisferio Occidental.
Tal como señala el ministro Mario Zamora, el documento no hace alusión a vínculos o acciones militares. Sin embargo, fue el presidente Trump quien señaló ese interés.
El republicano incluso habló sobre la posibilidad de usar misiles para asesinar a personas involucradas con el narcotráfico, si los países de la región así lo aceptaran.
“Si ustedes quieren, podemos usar misiles extremadamente precisos... ¡boom! directo a la sala de su casa y es el fin de esa persona del cártel; haremos lo que ustedes necesiten, si lo quieren”, señaló.
Asimismo, en una proclamación oficial publicada por la Casa Blanca, el mandatario norteamericano también dejó constancia de sus intenciones militares.
Anunció la nueva coalición y redactó que “Estados Unidos entrenará y movilizará a las fuerzas armadas de los países socios para lograr la fuerza de combate más eficaz necesaria”, con el fin de “desmantelar los cárteles y su capacidad para exportar violencia y ejercer influencia”.
El secretario Hegseth, además, publicó un vídeo en el que el Departamento de Guerra promociona la alianza y reitera las afirmaciones de Trump sobre su naturaleza “militar”, y aparecen agentes de seguridad con la bandera costarricense en sus brazos.
Thanks to President Trump, the Americas Counter Cartel Coalition (“A Triple C”) is taking the fight directly to criminal cartels.
— Secretary of War Pete Hegseth (@SecWar) March 8, 2026
Together, we will go on offense and ensure the Western Hemisphere is no safe haven for these violent networks. pic.twitter.com/fj90vS5c7P
¿Qué implica para Costa Rica?
Según Mario Zamora, el documento es una declaración de voluntades que “no modifica la legislación interna ni las normativas”; es decir, sería un simple acuerdo de cooperación.
“El documento en su introducción señala que esta participación de cada país se hace respetando su soberanía y su legislación interna”, añadió.
Todo cambiaría si Estados Unidos quisiera realizar una intervención militar en suelo costarricense. En ese caso, la Constitución Política contempla en su artículo 121 que será una atribución de la Asamblea Legislativa “dar o no su asentimiento para el ingreso de tropas extranjeras al territorio nacional y para la permanencia de naves de guerra en los puertos y aeródromos”.
Trump aseguró, al hablar de la nueva coalición, que respetará las decisiones internas de los países. “Hagan lo que ustedes quieran”, comentó, cuando reconocía como una posibilidad que algunas naciones no quisieran que Estados Unidos aplique su fuerza militar en sus dominios.
La Sala Constitucional también impone límites sobre el tipo de acuerdos que pueden suscribir las autoridades nacionales, tomando en cuenta que la principal norma del país establece a la paz como uno de sus principios rectores.
En 2004, por ejemplo, los magistrados anularon un acuerdo tomado por el expresidente Abel Pacheco y su gobierno, en el cual se expresaba el apoyo moral de Costa Rica a la invasión en Irak por parte de los Estados Unidos y de sus gobiernos afines.
Asimismo, se ordenó a la administración Pacheco que realizara las gestiones pertinentes para que el Gobierno de Estados Unidos excluyera a Costa Rica de la lista de países “aliados” en esa materia que constaba en la página web de la Casa Blanca.

El ‘Escudo de las Américas’
El anuncio de la nueva Coalición se realizó en el marco de la primera cumbre del “Escudo de las Américas”: una iniciativa que, según el gobierno estadounidense, busca plantear soluciones a los problemas de inseguridad regionales; y que podría expandirse a otras áreas de colaboración en los próximos años.
El evento se desarrolló en el Trump National Doral, en Miami, y asistieron jefes de Estado afines al gobernante republicano.
Puntualmente, lo hicieron Javier Milei, de Argentina; Nayib Bukele, de El Salvador; Daniel Noboa, de Ecuador; Rodrigo Paz, de Bolivia; Luis Abinader, de República Dominicana; José Raúl Mulino, de Panamá; Santiago Peña, de Paraguay; Nasry Asfura, de Honduras; Mohamed Irfaan Ali, de Guyana; y Kamala Persad Bissessar, de Trinidad y Tobago; además del costarricense Rodrigo Chaves.
Asimismo, asisitó el presidente electo de Chile, José Antonio Kast; y el gobierno costarricense decidió incluir en su comitiva a la presidenta electa Laura Fernández, quien asumirá el cargo en mayo próximo.
Por fuera quedaron gobernantes izquierdistas como Lula da Silva, Yamandú Orsi, Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro, de Brasil, Uruguay, México y Colombia, respectivamente.
Esta situación es vista como una señal por parte de analistas políticos locales e internacionales, que ven en este nuevo foro un mecanismo mediante el cual la administración Trump pretende demostrar y sostener su influencia regional por medio de líderes conservadores que son afines a sus políticas, o que se subordinan a ellas, para evitar eventuales represalias o a la espera de posibles beneficios.
Marco Rubio, secretario de Estado, señaló en la introducción de un almuerzo con los jefes de Estado participantes que el foro posiblemente sirva para trabajar en “mucho más” que seguridad; mientras que Kristi Noem, la exsecretaria de Seguridad que pasará a dirigir la nueva iniciativa, aseguró a los gobernantes que les daría su número de teléfono personal para atender cualquier necesidad relacionada con objetivos compartidos en tiempo real.
Noem también llamó a dejar de lado a los “adversarios que desean cambiar nuestra forma de vida y nuestros valores desde fuera de nuestro hemisferio”. Esa fue una posible alusión a otras potencias mundiales, y advirtió de que Estados Unidos luchará contra ellos.
Trump hizo alarde de la complicidad que tiene con los gobiernos que acudieron a su encuentro, mayormente conservadores. Recordó que apoyó a muchos de ellos, que luego ganaron elecciones presidenciales o legislativas, e incluso bromeó con cobrar por sus adhesiones en el futuro.
“Hay millones y millones de dólares en una campaña; algunos están perdiendo, me piden el respaldo y ganan por 30 puntos, y yo no recibo nada. Si eso se pudiera monetizar sería excelente”, aseguró.
