Por: María Luisa Madrigal.   6 febrero
Estudiantes de bachillerato son visitados por el presidente de la República, Carlos Alvarado, y el ministro de Educación, Édgar Mora. (Foto: José Cordero).
Estudiantes de bachillerato son visitados por el presidente de la República, Carlos Alvarado, y el ministro de Educación, Édgar Mora. (Foto: José Cordero).

El país tiene conciencia de que la oferta de profesionales que brinda está divorciada de la demanda en los puestos de trabajo. El discurso político de los últimos años fue el mismo: apostar a carreras acorde con lo que le pide el mercado al país, formar profesionales en áreas técnicas, insistir con las ingenierías. Lo cierto es que las palabras de más de 10 años parecen enfrentar oídos sordos.

Los números están estáticos. Entre 2006 y 2016 –los datos más recientes– las carreras dentro del área de las ingenierías siguen sin crecer y ni siquiera representan un 10% del total de los graduados. Mientras tanto las graduaciones en educación ceden terreno, el cual ganan las Ciencias Sociales.

Las cifras

En una década la representación de personas graduadas en carreras dentro del área de Educación disminuyó en más de un 10%, en comparación con el total de diplomas entregados a nivel nacional.

En 2006 los educadores representaron un 36,1% del total de graduados en el país, 10 años después apenas fueron el 22,4%. Esto según los datos más actualizados del Consejo Nacional de Rectores (Conare).

En números corrientes son menos de 100 maestros entre un año y otro, pero la proporción es importante si se ve todo el panorama. Los diplomas entregados en Costa Rica en 2006 sumaron entre universidades estatales y privadas 28.956. Para el 2016 el número casi se duplicó y alcanzó los 46.195 diplomas.

Durante el mismo lapso las carreras dentro del área de ingeniería se mantuvieron estables y representaron una migaja del pastel de graduados. Para el 2006 apenas 1.899 personas se graduaron en una carrera de ingeniería según el Conare. En 2016 el número prácticamente se duplicó con 3.365 diplomas.

En las universidades estatales los diplomas en ingeniería representaron un 9% en el 2016, pero apenas un 6,4% entre los graduados de universidades privadas.

Entonces, si el país cada vez produce más profesionales pero no están en las carreras con más demanda, ¿en qué se están graduando?

En los mismos diez años las carreras que aceleraron su crecimiento fueron las del área de Ciencias Sociales. Estos diplomas pasaron de representar un 36,2% en el 2006 a un 45,5% diez años después. En total 20.997 personas se graduaron de carreras dentro de las Ciencias Sociales en 2016, última estadística del Conare.

¿Por qué Ciencias Sociales?

La insistencia del sector privado costarricense en la necesidad de formar más profesionales en ingenierías y carreras técnicas sigue sin permear porque se falla en el proceso de educación vocacional, de acuerdo con la perspectiva de la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde). Además, señalan la necesidad de que a los estudiantes se les informe con material más certero sobre el mercado laboral al que se van a tener que enfrentar.

Los atractivos del sector público como empleador, también podría incidir en la predilección por el estudio de carreras afines a las ciencias sociales, según la Unión Costarricense de Cámaras Empresariales (Uccaep). Los costarricenses aún piensan que colocarse en un puesto dentro del Gobierno es la mejor opción laboral que se puede alcanzar en el país.

Hasta el momento tienen razón gracias a los beneficios importantes en el sector público. Salarios diferenciados, cesantías amparadas en convenciones colectivas por encima de lo que dicta el código de trabajo y vacaciones mucho más amplias –sin entrar en detalle en la estabilidad laboral–, son solo algunos de los puntos que seducen a los profesionales a decantarse por un puesto dentro del Gobierno.

Esto coincide con el estudio realizado por la firma Universum en el 2015. El 63% de los estudiantes costarricenses querían trabajar en una institución pública que les garantizara estabilidad.

Sin embargo es una lógica que se debe revertir, de acuerdo con la Uccaep. Lo cierto es que los costo de esos beneficios genera un descalabro fiscal ya comprobado. Es por eso que la recién aprobada Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas incluye un capítulo que procura regular en parte el empleo público. Complementariamente el Gobierno trabaja en un nuevo proyecto que pretende cambiar el paradigma actual.

La reacción

Las estadísticas también plantean un nuevo reto. Algunos profesionales en Ciencias Sociales deberán complementar su carrera con el fin de hacerse más necesarios en el mercado, de acuerdo con Vanessa Gibson, de Cinde. Las personas que hoy están en trabajos que van a desaparecer en el futuro, deben reeducarse para poder reinsertarse en el mercado laboral.

Sumado a esto en el país también está creciendo la demanda de personas empleadas adultas que necesitan certificarse en nuevas capacidades. Son trabajadores que siguen dentro del mercado pero que necesitan capacitarse y actualizarse para hacerse más valiosos, de acuerdo con Andrés Valenciano presidente ejecutivo del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA).

Mientras tanto, dentro del sector privado están buscando canalizar los esfuerzos educativos hacia áreas que realmente tengan un futuro más promisorio, que contrarreste el desempleo que en el tercer trimestre del 2018 llegó al 10,2%.

“Es ingrato que las personas tengan título profesional pero no encuentran trabajo en eso, porque no hay espacio en su área”, destacó Gonzalo Delgado, presidente de la Uccaep.

Parte de los esfuerzos de responder al mercado convergen con el sector público.

Las tres carreras del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC) con más demanda de matrícula de acuerdo con el examen de admisión son Ingeniería en Biotecnología, Ingeniería en Computación e Ingeniería en Mecatrónica. La tercera forma parte de las carreras más nuevas disponibles en la institución. Se le suman Ingeniería Física e Ingeniería en Computadores como las más novedosas.

Entre las carreras con más solicitudes de entrada hay 442 cupos disponibles según datos del TEC, mientras que las tres más novedosas alcanzan los 220 campos en conjunto.

Por su parte el INA redireccionó desde hace más de un año su manera de educar.

“El INA tiene que trabajar desde la demanda. Tenemos que volcar la institucionalidad para acercarnos y responder al sector empleador”, Andrés Valenciano, presidente Ejecutivo del INA.

La institución empezó a trabajar en proyectos más puntuales en áreas de estudio con más potencial. Un ejemplo preciso fue la elaboración de un programa de formación hecho a la medida para una empresa de la industria médica.

El INA se acercó a la empresa para conocer sus requerimientos de personal. Después se buscó personas con necesidad de empleo dentro del programa Puente al Desarrollo para que llevaran el programa de formación. Una vez concluido este, se pudieron ubicar dentro de la empresa. Como este caso de éxito, el INA está encaminado a completar muchos más.

La institución trabaja en un nuevo mecanismo que permita no solo identificar las necesidades de formación actuales, sino las potenciales y específicas para las distintas partes del país.

Estos esfuerzos del INA además calzan con una revisión del nivel educativo que requieren ciertos puestos. El sector profesional no es exclusivamente el grado al que se tiene que mirar, según Delgado. Hay niveles técnicos muy apetecidos con salarios competitivos y que tienen puestos de trabajo disponibles. Técnicos en metalurgia, informática, electromecánica o soporte son algunos ejemplos.

El reto como país es grande pero no desconocido. Es importante lograr responder a un mercado laboral dinámico y cambiante, que nunca ha sido tan rápido como ahora.