Por: Rafael González.   17 noviembre, 2018

La resolución de la Sala Constitucional relacionada con los grandes contribuyentes que reportaron pérdidas o impuesto cero y una experiencia reciente (y lamentablemente no única) con un cobro administrativo, me obligan a hacer algunas reflexiones.

Comprendo que el director general de Tributación y la ministra vean positivamente lo resuelto; siempre y cuando eso obedezca a la nueva tendencia mundial de los impuestos responsables. Si entendemos que la contribución para sostener las cargas públicas es cosa de todos; si la prensa y la ciudadanía se interesan por que todos cumplamos con nuestras obligaciones; si nuestros niños y jóvenes ven con malos ojos a quienes se jactan de incumplir, la cosa va bien.

Sin embargo, lamentablemente coincido con quienes ven la medida con escepticismo, porque todavía percibo en nuestro medio a mucha gente que no cumple con la legalidad; que siguen comprando licor de contrabando, que siguen usando el estribillo “con factura o sin factura”; pero que se rasgan las vestiduras cuando se dice que una gran empresa tuvo pérdidas.

La administración debería aclarar, por la propia naturaleza del régimen, que los grandes contribuyentes se encuentran sujetos a un control prácticamente diario de sus obligaciones. Tienen un ejecutivo de cuenta (gestor) y sus declaraciones tienen un nivel de detalle sumamente riguroso. Me atrevo a decir, sin duda, que Tributación sabe, de antemano, que el Gran Contribuyente tendrá pérdida, y puede intervenir para verificar su sustancia real. Con esta aclaración, por lo menos se mitiga un poco el riesgo reputacional de que ser gran contribuyente con pérdida, se equipare a gran evasor.

Justamente por considerar importante ese gesto de parte del Ministerio, me indignó ver que un funcionario de Hacienda, mientras orientaba al contribuyente sobre cómo hacer el arreglo de pago, gestionaba un embargo. Y, como si fuera poco, cuando el contribuyente recibe la infausta noticia y la comenta con el funcionario, este se justifica diciendo que no es información que está obligado a compartir.

Aparte del aspecto humano involucrado, creo firmemente que la Administración Tributaria debe actuar conforme al altísimo nivel técnico que revisten sus funciones. Si algunos recurren a malas prácticas, difícilmente logren el respeto que debe imperar.