El sector agrícola hilvana dos meses consecutivos de crecimiento positivo (enero y febrero del 2026), un respiro que deja atrás la severa contracción reportada durante el 2025.
No obstante, en el gremio productivo impera una fuerte incertidumbre: temen que este dinamismo sea efímero frente a la nueva crisis global desatada por el conflicto en Medio Oriente y los desafíos macroeconómicos internos.
El repunte en cifras
La actividad agropecuaria muestra una clara recuperación a principios de este año, de acuerdo con el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), publicado por el Banco Central de Costa Rica (BCCR):
- Enero 2026: Creció un 2,8%, en marcado contraste con la caída del 4,4% registrada en el mismo mes del año anterior.
- Febrero 2026: Registró un alza de 1,4%, lo que representa un cambio positivo si se compara con la variación de -3,7% del mismo mes en 2025.
Este resultado fue impulsado, principalmente, por un aumento en la cosecha de productos de ciclo corto (como la papa y diversas hortalizas) y por el buen desempeño de bienes orientados al mercado exterior (piña, sandía y melón).
En estas últimas actividades, la producción se vio favorecida por una combinación óptima de temperaturas y precipitaciones.
En contraste, este repunte general fue atenuado por el rezago en la producción de café.
El grano de oro sufrió una caída en su rendimiento por hectárea como consecuencia de las plagas, asegura el informe del Banco Central.
Ahora bien, si se analiza el Índice Mensual de la Actividad Agropecuaria, elaborado por el Banco Central de Costa Rica que mide la evolución del volumen de producción del sector agrícola y ganadero, se evidencia que en el 2022 el agro reportó una caída muy fuerte, luego en el 2023 se recuperó y en el 2025 sus niveles fueron negativos.
El tipo de cambio: la verdadera enfermedad según los cafetaleros
A pesar del factor climático, el sector cafetalero señala que el origen de su crisis actual no está en las plagas.
“Históricamente, los productores han tenido que lidiar con esas enfermedades de las plantas, como el ojo de gallo, la roya y la antracnosis, y están preparados para ello; sin embargo, la verdadera ‘enfermedad’ que nos aqueja es la baja en el tipo de cambio”, aseguró Ricardo Severs, vicepresidente de la Cámara de Cafeteros.

Agregó que esto está provocando pérdidas de ₡30.000 por fanega y ha encarecido tanto la producción que incluso hará más barato comprar café importado de Colombia que el costarricense.
“Todo esto se lo hemos explicado a Róger Madrigal, presidente del Banco Central, y nos hemos reunido con él muchas veces, pero no nos han dado ninguna respuesta satisfactoria”, reclamó Severs.
La pérdida de competitividad cambiaria es un golpe transversal, aseguró Juan Rafael Lizano, exministro de Agricultura y Ganadería, quien explicó que la caída del dólar castiga duramente a las actividades agrícolas de exportación (piña, café, banano, azúcar).
Estos sectores perciben sus ingresos en dólares, pero deben liquidar sus gastos operativos —salarios, electricidad, transporte local e insumos— en colones, provocando una rápida desvalorización de la producción.
Aunado a esto, Lizano advirtió que el sector atraviesa tiempos de gran incertidumbre debido a la falta de acceso a crédito y a una estructura de mercado saturada de intermediarios.
“Si el sector vuelve a caer en números rojos, muchos desaparecerán”, sentenció el exjerarca.
Nubarrones geopolíticos y climáticos
La sostenibilidad del repunte agropecuario también está amenazada por factores exógenos.
Guido Vargas, secretario general de la Unión Nacional de Productores Agropecuarios (UNPA), expresó su preocupación ante la inestabilidad internacional.
“Tenemos el temor de que este crecimiento no sea sostenido en el tiempo, ya que los conflictos bélicos podrían disparar el precio de las moléculas y fertilizantes. Además, se espera que el Fenómeno de El Niño ingrese en el segundo semestre del 2026”, detalló Vargas.
El líder sindical agrícola proyecta que este evento climático traería consigo un déficit de lluvias, sequías, aumento de temperaturas y una alta probabilidad de incendios forestales en el Pacífico Norte, el Valle Central y el Pacífico Central.
Este escenario sometería a una mayor presión a los cultivos, la ganadería, la disponibilidad de agua y la generación hidroeléctrica, elevando los costos de electricidad en un momento en el que el país exigirá producir más bajo condiciones sumamente adversas.
El agro como pilar de seguridad nacional
Por su parte, la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA) emitió una advertencia contundente: frente a los efectos del conflicto en Medio Oriente —que ya presiona al alza los precios internacionales del petróleo, fertilizantes, agroquímicos, transporte y otros insumos—, el Estado debe actuar con sentido estratégico para fortalecer al sector, en lugar de seguir debilitándolo.
La gremial recordó las lecciones de la pandemia del COVID-19, la cual demostró que el principal seguro del país es su producción nacional cuando el comercio global se tensiona.
“El conflicto en Medio Oriente vuelve a recordarle a Costa Rica que, cuando el mundo entra en crisis, el país depende de su producción nacional. Si además enfrentamos combustibles más caros, fertilizantes más caros y un año climático adverso, debilitar al agro costarricense sería un grave error”, manifestó Abel Chaves Trigueros, vicepresidente de la CNAA y presidente de la Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña (Canapep).

Finalmente, la agrupación exigió coherencia al Gobierno, subrayando que la producción agropecuaria no es prescindible.
Por el contrario, en tiempos de incertidumbre internacional, el agro debe ser considerado una pieza de seguridad nacional, aseguró la Cámara.
