Es totalmente falso que el voto de las personas abstencionistas, que votan en blanco o que anulan su papeleta “se sume” al candidato que va ganando. Sin embargo, todos esos fenómenos sí benefician de forma indirecta —y de una manera significativa— a dicha candidatura.
La explicación matemática es sencilla. En este artículo, se la resumimos.

Las reglas del juego
Para entender cómo benefician el abstencionismo, la anulación de los votos y los votos en blanco al candidato o la candidata que va ganando, primero tenemos que entender cómo funcionan las elecciones y el escrutinio de los votos en Costa Rica.
Para ganar en primera ronda, los candidatos más votados tienen que superar el 40% de los votos válidos; es decir, de los votos debidamente marcados por alguna candidatura.
Como los votos de las personas abstencionistas, de las personas que votan en blanco y de las personas que anulan su papeleta quedan excluidos, entonces una mayor cantidad de los mismos implica que haya menos votos válidos y, por tanto, que se reduzca la cantidad de votos válidos necesarios para llegar al 40%.
Algo similar pasa en las segundas rondas. Dejar de votar o anular el voto no implica respaldar explícitamente a la persona que termina ganando las elecciones; pero sí resulta decisivo para que un candidato o candidata se imponga sobre otro.
Las matemáticas
La situación todavía es más fácil de comprender cuando se analiza desde un punto de vista meramente numérico.
El padrón para las elecciones de este 2026 está compuesto por 3,73 millones de personas, pero el 40% que se necesita para ganar en primera ronda variará dependiendo de cuántas personas salgan a votar.
Por ejemplo:
— Si el abstencionismo y la anulación de los votos se mantiene cerca del 40%, como en 2022, entonces eso implicaría que solo haya unos 2,24 millones de votos válidos y que el 40% necesario para ganar en primera ronda sea de unos 896.000 votos.
En cambio:
— Si el abstencionismo y la anulación de los votos crece 5 puntos porcentuales, como ya pasó en 2022, entonces habría solo unos 2,05 millones de votos válidos y el 40% necesario para ganar en primera ronda sería de 821.000 papeletas a nivel nacional.
En palabras sencillas, si el abstencionismo y la anulación del voto crece 5 puntos porcentuales y se ubica en un 45%, entonces el candidato que lleve la delantera necesitaría 75.000 votos menos para ganar en primera ronda que en un escenario donde se mantenga en 40%.
Si más personas salieran a votar, entonces pasaría todo lo contrario.
Si la no participación disminuyera a solo 35% del padrón, entonces el candidato que lleve la delantera necesitaría 75.000 votos más para ganar en primera ronda.

Y en el caso actual, ¿qué pasa?
La oficialista Laura Fernández lidera la intención de voto por un amplio margen frente a las 19 candidaturas de oposición, según la última encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR), publicada este 21 de enero.
En ese sentido, la exministra es quien se beneficiaría por una mayor cuota de abstencionistas o personas que anulen su voto entre aquellos votantes que todavía no respaldan su tendencia.
La intención de voto en favor de la exministra, según el CIEP-UCR, incluso alcanza un 40% entre las personas decididas a votar (entre un 37% y un 43%, contemplando el margen de error). Dicha cifra, sin embargo, podría ser sustancialmente mayor si alguna parte de los indecisos (una tercera parte de las personas con ánimo de votar, aproximadamente) finalmente desisten de acudir a las urnas.
Este es un escenario probable, si se toman como referencia los antecedentes recientes. Un 69% de la población dijo tener ánimo de votar en la encuesta del CIEP, pero esa cifra es casi 10 puntos superior a la participación real registrada hace cuatro años.
Ronald Alfaro, coordinador de los estudios de opinión del CIEP-UCR, define la situación en pocas palabras: “la participación podría ser un factor clave”.
En Costa Rica, ningún candidato presidencial ha triunfado en primera ronda con un respaldo inferior al 26% del padrón total (Óscar Arias lo hizo con ese margen en 2006). Si Laura Fernández mantiene el respaldo mostrado en la última encuesta del CIEP, sumaría un 28%.
Estos números son motivo de optimismo para la tendencia de Fernández, quien se plantea como la continuidad del actual gobierno y de su líder, el presidente Rodrigo Chaves. No obstante, todavía son cifras relativamente ajustadas para garantizar una victoria oficialista, contemplando el margen de error del estudio y que todavía faltaban dos semanas para los comicios cuando se realizaron sus entrevistas.
