Las opciones de financiamiento se amplían en la actualidad, de la mano de la tecnología e incluso de la inteligencia artificial. Pero para brindar capital a los negocios se mantienen varios desafíos. Esto está cambiando.
“En Costa Rica se dan varias dinámicas que hacen el mercado particularmente atractivo”, dijo Alejandro McCormack, CEO y cofundador de Ábaco, que ofrece servicios de factoreo para pequeñas y medianas empresas (pymes) y recientemente cerró la mayor ronda de inversión para una fintech en Centroamérica ($53 millones).
La firma ingresará en los próximos meses al mercado nacional y solo espera concluir el proceso de autorización ante la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef).
McCormack, de origen salvadoreño, estudió negocios en el King’s College de Londres y luego en las universidades de Texas en Austin, Keio de Japón y Esade en Barcelona, en estos dos últimos casos, con énfasis en emprendimiento.
Desde 2013 trabajó en Eaton Vance (adquirida luego por Morgan Stanley) y Alanis Capital (firma de gestión y desarrollo de activos inmobiliarios) en Inglaterra. Luego estuvo en N26, un neobanco alemán con presencia en 17 países. Y también en Raisin, una de las 10 firmas financieras basadas en tecnología (fintech) más prometedoras del mundo según Business Insider y que tiene entre sus inversionistas a Goldman Sachs y PayPal.
Empezó su trayectoria en el emprendimiento como cofundador de TicketVault, una solución basada en tecnología blockchain para la industria de la venta de entradas.
“Llevo desde 2015 en tecnología financiera”, dijo McCormack, quien también es uno de los fundadores del portafolio de Caricaco Ventures. “Me enamoré del impacto que se puede generar a través de digitalizar los servicios financieros”.
Entre 2022 y 2023, estuvo como director de operaciones en N1CO, el primer intento de un neobanco centroamericano. Se trata de una plataforma digital para gestionar las finanzas personales, realizar transferencias, recibir recompensas en efectivo (cashback) por compras y tener acceso a promociones. La firma superó los $1.000 millones en transacciones por año en El Salvador, Honduras y Guatemala. Eso lo convenció de la existencia de un mercado desatendido.
Desde finales de 2023 se dedica de lleno a Ábaco, fundada junto con Moisés Hasbún, quien estuvo en C-Presta en El Salvador, una firma dedicada al microfactoreo, y con Carlos Villalobos, uno de los primeros empleados de la firma HubSpot, donde lideró su expansión, y de Xepelin, una fintech de factoreo presente en Chile y México.

“Hay una brecha financiera en Latinoamérica”, afirmó McCormack. “Hay 20 formas para endeudarse en consumo y muy pocas de créditos al negocio. Pero tenemos una generación de personas digitalizadas y un claro movimiento hacia la factura electrónica. Los activos principales de las pymes son sus relaciones con los clientes, que se representan en los balances como cuentas por cobrar. El problema radica en que los plazos de los corporativos para pagar se ampliaron a 180 días. ¡Eso no lo aguanta ninguna pyme! Decidimos financiarlas, adelantando el capital que tienen facturado. Era muy claro que había una oportunidad, una necesidad”.
A continuación, un extracto de la entrevista con McCormack.
¿Se trata de negocios formales o informales?
Es importante que tengan una cuenta bancaria. Eso implica un nivel de formalización. En Costa Rica, el nivel de penetración bancaria es mayor y hay mayor formalización para facturar de manera electrónica. Eso es importante para nosotros.
También financiamos trabajadores independientes que están poco formalizados, pero somos una buena puerta de entrada a los servicios financieros porque tenemos un producto sencillo y un sistema llamado Ábaco Business Suite que permite la facturación electrónica. Es un mini ERP (software gerencial) para cierto tipo de microempresas que les permite poner orden en su negocio.
Existen más opciones de financiamiento para emprendedores de todos los sectores. ¿Qué desafíos todavía tenemos?
Definitivamente hay más opciones. Esto varía en cada mercado, según su bancarización y regulación. Las pymes siguen careciendo de herramientas de acceso a capital de trabajo escalable.
La digitalización es un paso importante que permite que existan otros actores. Apalanca la disponibilidad de datos, que no existía hace 10, 20 o 30 años. Y tenemos personas, como las fundadoras de Ábaco, que conocemos la región, trabajamos en grandes firmas globales, regresamos y nos planteamos cómo innovar.
Un desafío es la educación y la concienciación sobre las bondades de formalizarse: que permite más posibilidades de financiamiento y que el crecimiento del negocio mitiga el pago de impuestos. El financiamiento es una palanca para lograrlo.
Otros problemas son la falta de estructuras regulatorias y la falta de colaboración entre fintech y banca, pues se piensa en digitalizar pero desde mi cancha. En otras partes del mundo la colaboración es muy importante. En Centroamérica hay alianzas, pero seguimos en pañales.
Y la falta de capital. En la región no se puede levantar capital verdaderamente escalable. Hay una serie de escalones que una startup tiene que subir: se obtienen recursos en rondas familiares y de amistades. Y están los fondos como Caricaco.
Ese primer escalón brinda un reconocimiento como proyecto tecnológico y aumenta la posibilidad de pasar al siguiente. Pero luego hay que buscar capital en otro lado, con jugadores globales, pues en el Istmo es difícil.
¿Cuáles cambios trae la IA al financiamiento?
La IA es importantísima. Primero, la barrera de entrada para cualquier emprendedor es menor: se requiere menos capital, equipo y programadores; y se puede tener más eficacia y crecer, pues hoy, con 20 personas, se hace lo que se hacía hace cinco años con 50.
Y, segundo, a los servicios financieros les permite lidiar con datos no estructurados. Para nosotros, la IA es muy potente en el análisis de riesgos, la adquisición y la validación de clientes, y en los recordatorios de pago y el seguimiento. Cambia drásticamente la economía del trato.
¿La IA favorece nuevos modelos de financiamiento?
En América Latina, definitivamente sí, con modelos conversacionales donde se interactúa para brindar la información del solicitante a través de WhatsApp. En Centroamérica, eso se ve en los servicios de remesas. Hacia allá vamos.
Con la IA se automatiza el servicio y es más fácil analizar a la pyme y al pagador, en el caso del factoreo, que es un producto complicado por la participación de diferentes partes.
En Costa Rica, la ventaja es que se conocen las reglas del juego y hay un régimen bastante bueno desde el punto de vista regulatorio.
Además, la IA permite que el cliente suba sus facturas, en nuestro caso de $500 en promedio, en un solo proceso. Nosotros se las financiamos en un solo desembolso. Vemos una gran oportunidad.
