Roberto Fernández y Luz Cáceres son turrialbeños. Él conocía al padre de ella y trabajaban en turismo, pero pasaron algunos años hasta que una amiga los presentó.
Luz nació en la Clínica Bíblica, en San José, y desde el día siguiente vivió en Turrialba, pues su padre —de origen colombiano— trabajaba en el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie).
Después de estar en escuelas locales y en el Colegio Saint Claire en el Valle Central, estudió turismo en la Universidad Autónoma de Centro América (UACA) y se especializó en hotelería en la Universidad de Colorado en Denver, Estados Unidos, entre 1987 y 1988. “Es mi pasión”, afirma Luz.
Al regresar trabajó en agencias de turismo receptivo, cuando Costa Rica se convertía en un destino relevante en la industria mundial, y llegó a ser directora del Buró de Congresos y Convenciones hasta que se casó y se incorporó a la empresa de Roberto.
Él fue el menor de tres hermanos. Era una época donde caminaba sin compañía los 15 minutos de su casa al kinder, pues quería ir solo. Hizo la primaria en la Escuela de Las Américas y la secundaria en el Colegio Clodomiro Picado, a 150 metros de donde vivía.
Debido a que su familia era de escasos recursos, de joven recogía café y sembraba en alguna finca para obtener ingresos. Fue la agronomía la que eligió cuando ingresó a la sede local de la Universidad de Costa Rica, pero no siguió porque surgió una oportunidad laboral.
Un amigo le contó que en el Catie buscaban un asistente para el laboratorio de cultivo de tejidos vegetales. Ahí lavaba los instrumentos de investigación científica y ascendió a la dirección debido a su capacidad de aprendizaje y los cursos que llevó en Perú, República Dominicana, Centroamérica y en la Universidad de Florida.
A los dos años de estar en el laboratorio del Catie, descubrió una nueva pasión. De manera casual descubrió el rafting. Con unos amigos, iba a los ríos con unos neumáticos y después con una balsa para piscina que le compraron a una muchacha.
Probaron en el río Pejibaye, de cauce tranquilo, y luego en el Reventazón, sin conocer nada del rafting, sin los equipos necesarios y sin conocer los riesgos en algunas zonas.
A los guías y a los turistas pioneros de la actividad en la región les sorprendía verlos en ese bote y usando chalecos salvavidas que consiguieron de algunas aerolíneas. “Están locos”, les dijeron.
Roberto le compró luego un kayak a uno de los guías y siguió sus recomendaciones. Los fines de semana trabajaba como guía. Con unos ahorros y la mentoría de un amigo estadounidense adquirió lo necesario, se entrenó en el rafting e inició su primer negocio, operando desde el garaje de la casa, en 1986.
En esas travesías conoció el río Pacuare y ahí, en la década siguiente, fundó el Pacuare Lodge y despertó otra pasión: la hospitalidad. La gastronomía llegaría más tarde. Estando en turismo, Roberto y Luz coincidieron en diferentes actividades, hasta que una amiga común los animó y él la invitó a salir. La respuesta no fue la esperada.
—El jueves, no. Tengo estudio bíblico.
—¿Y el viernes?
—El viernes, sí.
Se casaron en el año 2000.

De marca mundial
Juntos siguieron con el Pacuare Lodge y el Lapa Ríos Rainforest, ubicado en la Península de Osa.
En 2015, National Geographic los reconoció entre los mejores 25 alojamientos de ecoturismo del mundo, con lo que ganaron difusión y participaron en eventos para capacitarse y compartir experiencias en diferentes países.
El negocio se extendió en el 2020 cuando adquirieron el Monteverde Lodge, el Tortuga Lodge y el Cloud Forest Lodge.
Desde San José (en la actualidad son vecinos de Curridabat) los gestionaban y visitaban junto con su hija Natalia, que estudió hospitalidad en Barcelona. Hasta que en 2023 vendieron sus participaciones, pues decidieron hacer un cambio de vida. La idea surgió en uno de los viajes.
En California, Roberto descubrió la panadería artesanal de masa madre. “Probé un pan tan delicioso que decidí hacerlo”, cuenta él.
En 2024 fundó Bakimia Consulting para atender solicitudes de asesoría de colegas de turismo, pero sobre todo experimentó con la panadería de masa madre de forma autodidacta y apoyándose en videos de YouTube. No se quedó ahí.
Realizó un curso con Joseph Rivas, un maestro español, quien además se convirtió en su mentor, les ayudó a adquirir los equipos necesarios, y visitó la finca de Las Nubes de Tuis, Turrialba, donde Luz y Roberto planeaban algo distinto del turismo convencional para desarrollar una oferta integral.
En esa finca restauraron una casa de campo de 70 años de antigüedad, respetando el valor arquitectónico para conservar la esencia de quienes vivieron en ella por décadas y para que los visitantes observen la cocina y la panadería, instalada con los estándares europeos siguiendo las indicaciones de Rivas, quien también entrenó a los colaboradores.
Además, desde las terrazas del restaurante y cafetería se observa el paisaje de la campiña, los volcanes Irazú y Turrialba y la finca, donde la gente puede caminar y observar aves.
“Queremos que las personas lleven un estado de ánimo renovado y una experiencia que las transforme”, dice Luz.




Se les unió la chef de origen griego-mexicano Marula Skartados, con una trayectoria en Europa y Medio Oriente, para estructurar la oferta culinaria y el menú, el desarrollo de los fermentos, la creación de helados artesanales veganos y encabezar el equipo de jóvenes cocineros, todos oriundos de la zona, aportando su amplia experiencia y cultura.
La inauguración de Bría fue en enero de 2025, con mesas llenas y una alta demanda que se mantuvo en los meses siguientes, al punto que realizaron dos ampliaciones en menos de año y medio de operación. También comercializan el pan de masa madre en distintos puntos de Guanacaste, La Fortuna de San Carlos y el Valle Central.
Ellos se apoyan en proveedores locales y aprovechan los productos de la finca, tales como vegetales, raíces, tubérculos y café, cultivados sin pesticidas ni agroquímicos, para ofrecer platillos con ingredientes orgánicos, creados en procesos artesanales, y productos innovadores como helados elaborados a base de plantas, con sabores como plátano maduro, camote o zacate de limón.
Luz y Roberto piensan en replicar el proyecto en diferentes sitios del país, tal como lo hicieron con los lodges. Por ahora, se enfocan en consolidar la marca y el concepto para quienes quieren reconectar con la naturaleza y vivir sin prisa.
“Es un viaje revelador, a otro ritmo diferente de vida”, dice Roberto. “Seguimos emprendiendo, nos encanta. Y nos encanta motivar a la gente”.
“Es parte de nuestra vocación, de lo que nos caracteriza. Es lo que nos apasiona: llegar a una comunidad donde construir algo realmente inclusivo”, dice Luz.




Datos claves
Empresa: Bría.
Fundación: enero de 2025.
Fundadores: Roberto Fernández y Luz Cáceres.
Ubicación: Las Nubes de Tuis, Turrialba.
Colaboradores: 14
Especialidad: turismo gastronómico.
Instalaciones: restaurante, cafetería, panadería y finca.
Oferta: experiencia gastronómica que abarca menú, panadería de masa madre, heladería, menú de platillos y finca.
Finca: se produce en forma orgánica lo que ofrece el restaurante y cafetería (frutas, legumbres, raíces, tubérculos).
Restaurante y finca: desde la terraza y la finca se ofrece vista al paisaje, caminatas y observación de aves.
Ingreso: sin costo.
