José Acevedo encontró a André Guardia en una cafetería de San Francisco, California, trabajando en forma frenética en el prototipo de la solución de su startup Indax.
Al día siguiente, el miércoles 9 de febrero, lo presentarían a los socios de un reconocido fondo de capital de riesgo de Silicon Valley.
José viajó de Costa Rica y André de Chicago, donde cada uno vive y trabaja, con su idea para emprender: un motor de búsqueda de proyectos de construcción que sirva a los fabricantes de maquinaria para identificar posibles clientes.
Estaban nerviosos, pues aquel día aprovechaban o perdían la oportunidad de obtener financiamiento.
“Es como un Google para industriales”, afirmó José, COO y cofundador de Indax.
Antes de esa presentación, tocaron las puertas de más de 50 fondos, incluyendo varios muy conocidos a nivel global. La tensión no bajaría después de la reunión.
“Obtener inversión es un proceso doloroso”, explicó André Guardia, CEO y presidente de la compañía.
La oportunidad era única, pese a la ola de inversiones rompe récords globales, que en este 2025 llegó a $425.000 millones en más de 24.000 startups, según Crunchbase, una plataforma de información en este campo. Aumentará 25% en el presente año, en especial en inteligencia artificial (IA).

Cambiar el esquema
José y André se conocieron en el colegio Saint Francis, en Moravia, aunque uno es de Heredia y el otro de Curridabat.
Tras graduarse en 2018, José estudió ingeniería eléctrica en la Universidad de Costa Rica (UCR), realizó una práctica profesional en la compañía china de telecomunicaciones Huawei y después pasó a la de dispositivos médicos Boston Scientific.
Ahí vio que los procesos de adquisición de equipos son complejos. Lo confirmó luego en un evento de la industria. Era necesario cambiar el esquema.
En agosto de 2024 envió un audio en WhatsApp a André. “Hagamos algo”, le dijo.
André estaba en Chicago, donde estudió física pura en el Illinois Institute of Technology. Allá logró el apoyo de un fondo de capital de riesgo para estudiantes emprendedores de la Ivy League (ocho universidades líderes del noreste de EE. UU. como Harvard y Yale).
Era el primer latinoamericano y el primero que no era de esas universidades en recibir recursos. La experiencia con un socio no resultó.
Luego trabajó en laboratorios de tecnología, en una firma con proyectos en energía, defensa y vigilancia con IA, y en otra empresa que utiliza datos, georreferenciación y modelos de IA para la predicción de incendios forestales.
Cuando retomaron la idea, a principios de 2025, realizaron un diagnóstico en Costa Rica. Aquí no existían condiciones para su idea; en Estados Unidos, sí.
En ese mercado la información está disponible en plataformas abiertas. Pero los datos son fragmentados y no están estructurados. Las firmas contratan analistas y gastan millones de dólares para identificar prospectos.
André y José contactaron a varias corporaciones, incluyendo algunas de la lista Fortune 250, y determinaron el interés existente.
”El proceso de gestación de una startup dura hasta un año o más”, explicó André. También requiere capital.


Sin temores
José y André recurrieron a la red de contactos en EE. UU. Lo intentaron con la aceleradora Techstars Chicago y quedaron entre 20 finalistas de más de 2.000 propuestas, pero no obtuvieron financiamiento.
Lo intentaron con fondos élite como First Round Capital y Sequoia, que invirtió en Apple, Google, YouTube, Instagram, Yahoo!, WhatsApp, Oracle y PayPal, entre otras.
“No ocupo un trabajo”, le dijo André a una ejecutiva de Sequoia después de una conferencia en Nueva York, quien atendía a varias personas que buscaban empleo. “Lo que quiero es que inviertan en mi proyecto”.
La ejecutiva de Sequoia le dijo que la contactara cuando alcanzaran el nivel de inversión que requerían en su portafolio.
Ese atrevimiento llamó la atención a una reclutadora de Pear VC, especializada en capital presemilla y semilla fundada en 2013, y en cuya cartera están, entre otras, DoorDash (entrega de comida en línea) y Dropbox (el popular servicio de almacenamiento).
André recibió una llamada de un socio de Pear VC que le hizo preguntas, lo interrumpía, lo cuestionaba y le hacía más preguntas. Era un test de carácter para evaluar su capacidad de responder bajo presión y aguantar objeciones. “Vengan a San Francisco”, le dijo al final de la llamada.
Lo hicieron, pese a que habían gastado mucho dinero desplazándose por EE. UU. Se habían presentado ante unos 50 fondos de capital de riesgo.
La expectativa y la ansiedad eran enormes.
En el café en San Francisco terminaron el prototipo. Al día siguiente, tenían menos de media hora para presentarlo. La reunión se extendió cuatro horas.
José y André explicaron que el buscador reduce el tiempo de cotizaciones de semanas a días. Empezarían enfocándose en equipo industrial para empresas de café. Luego abarcarían nueces, malta, té y cacao. Todos ellos suman unos $4.500 millones en ventas de equipos al año.
Usando Indax, el fabricante o distribuidor realiza una búsqueda conversacional en lenguaje natural. Las respuestas se generan con IA y recomendaciones semánticas.
Se utiliza una fuente pública con millones de datos de los permisos de construcción, eléctricos y de calidad de aire de diferentes entidades en EE. UU. Así, los proveedores identifican oportunidades de venta calificadas y sólidas para sus equipos de entre $100.000 y $2 millones.
En todos los casos, los clientes potenciales para Indax son empresas de más de $100 millones en ingresos anuales, que pagarían una suscripción anual de hasta $50.000. En otro momento, se ampliará el mercado a compradores que buscan proveedores.
El buscador se desarrolló con agentes de IA, unos softwares de esta tecnología que automatizan procesos y tareas.
Al finalizar la reunión, les dijeron que la respuesta la tendrían al día siguiente. “Si nos gusta, les escribimos mañana”. Ni un indicio más.
Ese mismo día, a las 10:30 p.m., recibieron un correo electrónico solicitando más información sobre la competencia. Enviaron la respuesta a medianoche. Fue lo último.
La espera se extendió. El jueves, el viernes y el sábado pasaron. Nada.
“Vamos a seguir con el proceso”, les dijeron el domingo, cuando estaban a punto de regresar a Chicago y a San José. Eso no era “humo blanco”.
Pidieron referencias. André les dio las de una profesora y de un fabricante de equipos de café de esa misma ciudad, interesado en el proyecto, ambos de Chicago.
Pasó otra semana. ¿Los admitirían o no en el programa de aceleración? ¿Les darían o no el financiamiento?
“Les llegará un cheque”, les avisaron finalmente. Les explicaron que en Pear VC les llamó la atención el compromiso y la resiliencia que demostraron en el proceso.
Además de la inversión (cuyo monto es confidencial), el programa acelerador PearX los admitió junto a otros 19 emprendimientos de alta tecnología. “Nos lo ganamos”, sostuvo André.
En julio próximo deberán estar en San Francisco. Serán 12 semanas intensivas para afinar el proyecto. Esperan obtener más financiamiento en nuevas rondas a finales de este 2026.
“Somos parte de ese 1% que entra a estos increíbles fondos de riesgo”, dijo José.
