A pesar de una inflación que acumula tres años por debajo de la meta, el Banco Central de Costa Rica (BCCR) baraja la posibilidad de subir la Tasa de Política Monetaria (TPM) en un horizonte cercano.
La posibilidad se conversó en la sesión del 24 de setiembre, según consta en el acta pública de la reunión de ese día, fecha en la cual el equipo técnico del ente emisor también recomendó lo contrario: reducir la TPM de 3% a 2,75% (25 puntos base). No obstante, en ese momento la mayoría de los directivos rechazó el recorte y prefirió mantenerla sin cambios ante los riesgos de los combustibles más caros y mayores tasas internacionales. Así se informó también durante la Reunión de Política Monetaria de esa noche.
“Nuestros modelos ya incorporan y anticipan un ajuste al alza, eventualmente, de nuestra Tasa de Política Monetaria en un horizonte relativamente cercano”, explicó Alonso Alfaro Ureña, economista jefe del BCCR.
Esa advertencia no equivale a un aumento acordado. El escenario depende de que suban las expectativas de inflación, es decir, cuánto esperan las personas que crezcan los precios. Alfaro tampoco precisó cuándo ocurriría el ajuste y aclaró que los modelos deben valorarse junto con el resto de la información económica.
Inflación es positiva, pero sigue lejos de la meta
Después de 16 meses de números negativos, la variación interanual de la inflación, medida por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), regresó a terreno positivo en setiembre de este año al situarse en 0,34%.
Aunque marca una clara diferencia en comparación con los periodos mensuales previos, todavía sigue por debajo del objetivo del Banco Central; la meta de inflación del ente emisor es de 3%, con ±1 punto porcentual. Es decir, entre 2% y 4%.
Aun así, en su discusión, los directivos observaron presiones que pueden ganar fuerza en los siguientes meses. Por ejemplo, en agosto, los combustibles registraron un aumento interanual de 11,8%, pero las reducciones en alimentos, otros bienes y electricidad ayudaron a compensar el encarecimiento.
Sin embargo, la preocupación no se limitó al peso de los combustibles en la inflación, sino también a cuánto tardarán los mayores costos de transporte y producción en trasladarse a los precios que, finalmente, pagan los consumidores en su día a día.
“Lo que alguna gente dice, y es la duda que hay en eso, es el mecanismo de transmisión (de la TPM), porque lo que parece es que los costos de transporte y de producción van a ser mayores, ¿con qué velocidad se van a transmitir a los bienes finales de consumo?”, planteó como una de las principales interrogantes Róger Madrigal López, presidente del BCCR, en la reunión del 24 de setiembre.
De hecho, el diésel concentró parte de esa discusión, pues el personal técnico aclaró que tiene un peso de alrededor del 0,4% en la canasta del IPC. No obstante, Madrigal advirtió que su uso en actividades productivas puede generar efectos sobre otros precios, más allá de su aporte directo al indicador.
Sugerencia de reducir la TPM se descartó
Pese a las preocupaciones expuestas durante las juntas, la Administración dio la recomendación técnica de reducir la TPM en 25 puntos base. Los argumentos para respaldar esa sugerencia fueron las expectativas de inflación persistentemente inferiores a la meta, la inflación subyacente cercana a cero y las señales de desaceleración económica.
Al respecto, Alfaro señaló que la inflación subyacente —el indicador que el equipo técnico considera más relevante para evaluar las presiones de demanda sobre las que puede actuar la TPM— había registrado incluso valores negativos en meses recientes. También sostuvo que el mercado laboral no mostraba tensiones generales de posibles presiones inflacionarias.
El equipo reconoció los riesgos del petróleo, sus derivados y los granos, como consta en las actas. No obstante, Alfaro explicó que muchos provenían de problemas de oferta que la política monetaria costarricense no podría corregir directamente. Además, un menor crecimiento mundial podría debilitar la demanda por la producción del país.
De acuerdo con los análisis presentados, una reducción temporal de la tasa puede coexistir con una subida posterior, siempre que las expectativas de inflación reaccionen al alza.
Esa combinación generó reservas entre algunos miembros de la Junta; Jorge Guardia, directivo, cuestionó la conveniencia de aplicar un recorte si las tasas pueden volver a subir dentro de poco.
“Me reservo la posición de poderla variar de conformidad como vaya apareciendo más información, pero sí hay algo que yo quisiera mencionar: la recomendación de la Administración indica una reducción, pero, al mismo tiempo, indica que muy probablemente las tasas tendrían que volver a subir muy pronto. A mí eso no me parece del todo. Un banco central no debería actuar con tanta frivolidad”, dijo.
Por su parte, Madrigal consideró que la política monetaria ya está en una posición expansiva y que no es prudente ampliarla ante los riesgos internacionales.
La mayoría de los directores dio más peso al entorno internacional que el equipo técnico. Entre sus preocupaciones figuraban el encarecimiento de las materias primas, las tensiones geopolíticas y la posibilidad de nuevos aumentos de tasas en otras economías.
“Creo que el panorama de riesgos externos se ha deteriorado, es decir, que los riesgos que enfrentamos hoy son mayores que los que teníamos al frente en la última decisión de política monetaria”, afirmó Max Soto Jiménez, vicepresidente de la Junta Directiva.
Otro punto central fue la diferencia entre las tasas costarricenses y las externas, especialmente las de Estados Unidos. En el acuerdo, la Junta advirtió que una brecha mayor podría provocar ajustes desordenados en las inversiones, con consecuencias adversas para la economía local.
