La baja en el precio del dólar provocó que muchas personas y empresas que cobraban en moneda extranjera por sus servicios volvieran al colón.

Esto se evidenció, principalmente, en el comercio minorista —sobre todo en las zonas costeras—, la educación privada y en ciertos contratos de servicios profesionales, en especial cuando el cliente genera sus ingresos en moneda local.
El impacto de una divisa que acumula tres meses por debajo de los ¢500 ha obligado a replantear las estrategias de cobro en la economía cotidiana.
El ajuste
Juan Bautista Monge, economista de la subgerencia financiera de Mucap, confirmó este cambio.
“Se ha observado una mayor facturación en colones en servicios locales, comercio minorista, algunos centros educativos privados y algunos contratos de servicios profesionales internos como abogados, dentistas, médicos generales, etc”, aseguró.
Además, explicó que cuando un precio originalmente en moneda extranjera se “coloniza”, muchas veces se ajusta para proteger el valor real del activo.
Por consiguiente, en un eventual escenario de devaluación, esos precios tenderían a recalibrarse nuevamente.
La baja ha golpeado fuertemente a los sectores que dependen de ingresos dolarizados pero tienen gastos locales como, por ejemplo, el sector turismo.
“Mi negocio es alquilar locales comerciales aquí en Playa Sámara, Guanacaste, entonces lo que yo decidí fue que a muchos propietarios prefiero cobrarle el monto del alquiler en colones, sobre todo aquellos que tienen sus ingresos en colones. Con esto he logrado parar un poco el golpe y ya he podido cambiar un 50% de los contratos, pero todavía tengo que asumir el otro 50% que sí está en dólares”, aseguró Xavi Palomar, empresario turístico.
Una posición muy parecida expresó Otto Rojas Quirós, presidente de la Cámara de Turismo de La Cruz, quien dijo que a los turistas nacionales se les está cobrando en colones y que el monto se negocia a la hora de reservar, pero que el problema ocurre con los turistas extranjeros, ya que el monto de las reservaciones se le da a las personas con un año de anticipación y esto hace que reciban cada día menos colones por cada dólar.
“Ahí es donde estamos sufriendo una debacle en el margen de utilidad neto”, acotó.
Ante este panorama, Adriana Rodríguez, gerente general de Acobo Puesto de Bolsa, señala que existen dos vías principales para que las empresas mitiguen el impacto:
- Dolarizar la estructura de costos: si los ingresos son en dólares (como en el caso de un hotel), se debe buscar dolarizar los gastos al máximo, incluyendo los contratos con proveedores.
- “Colonizar” la operación: pasar el modelo a colones. Sin embargo, la economista aclara que en sectores como el comercio o el turismo no existe la posibilidad de operar exclusivamente en moneda local, limitando esta alternativa a los agentes que operan a lo interno del país.
Esto provoca a nivel operativo que muchos sectores tengan que vender sus dólares de forma constante en el Mercado de Monedas Extranjeras (Monex) para hacer frente al pago de planillas, servicios públicos y proveedores locales.
“En el sector turismo es muy poco lo que se puede hacer. Algunos están pasando sus deudas de dólares a colones o poniendo sus planillas en colones y otros sí están cobrando en colones, pero la verdad creo que son muy pocos. Para algunos, la única salida es congelar inversiones o, en última instancia, reducir sus planillas”, destacó Gustavo Segura, exministro de Turismo y empresario del sector.
La resistencia: sectores que no sueltan el dólar
A pesar del evidente retroceso en los servicios minoristas, la caída del dólar no ha provocado cambios masivos en la estructura de precios más pesada del país.
Sectores como el de vehículos, bienes raíces, alquileres comerciales y exportaciones continúan fijando sus tarifas en la divisa estadounidense.
De igual manera, los pagos al exterior en moneda extranjera se mantienen inalterables, destacando los servicios digitales y suscripciones internacionales (como Netflix, Spotify o plataformas de videojuegos).
Mauricio Moya, líder de Inversiones del Grupo Financiero Mercado de Valores, señaló que los sectores fuertemente dolarizados difícilmente cambiarán su tendencia.
“Para que Costa Rica reduzca su dolarización, prácticamente tendríamos que cambiar de modelo económico: pasar de uno orientado hacia afuera, a uno hacia adentro donde se dependa menos de la Inversión Extranjera Directa (IED) y las exportaciones”, afirmó.
Rodríguez mencionó que la alta dolarización en Costa Rica no se frena por esta baja en el dólar, ya que responde a factores históricos como la alta apertura comercial, el turismo y la atracción de empresas bajo el modelo de zonas francas y nearshoring.
El peso macroeconómico de la caída
Este fenómeno en los servicios locales responde a una contracción drástica en las condiciones del mercado.
Si se compara con el valor máximo reciente alcanzado el 23 de junio de 2022 (¢698,4), la divisa ha disminuido ¢218, una caída del 31,3%.
Solo desde el 1 de enero a la fecha, el colón se ha apreciado en más de ¢30. Para ponerlo en perspectiva, la última vez que el tipo de cambio rondó ese precio fue hace más de dos décadas.
La constante venta de dólares para cubrir gastos locales ha generado una sobreoferta que obligó al Banco Central a intervenir. Específicamente, entre el 19 de febrero de este año el BCCR ha comprado $575 millones en operaciones de estabilización, lo que equivale a un 49% de todos los dólares que se negociaron en el Mercado de Monedas Extranjeras.
Estas operaciones impulsaron las reservas internacionales netas, que aumentaron en $4.540 millones (+31,2%) en el último año, alcanzando los $19.115 millones (16,8% del PIB).
