Por: Paula Umaña.   12 enero
El desempleo es uno de los principales problemas de la región, que se profundizó con la pandemia. Foto: Albert Marín
El desempleo es uno de los principales problemas de la región, que se profundizó con la pandemia. Foto: Albert Marín

La COVID-19 llegó a agitar las economías de casi todo el mundo de manera heterogénea. América Latina y el Caribe, por supuesto, no fue la excepción.

Según el más reciente Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), si se comparan los diferentes indicadores sanitarios, económicos y sociales, la región es la más golpeada.

Antes de la pandemia, ya mostraba un bajo crecimiento económico: en promedio un 0,3% en el sexenio 2014-2019, y específicamente en 2019 una tasa de crecimiento del 0,1%. La llegada de la COVID-19 materializó, según Cepal “la peor crisis económica, social y productiva que ha vivido la región en los últimos 120 años, y en una caída del 7,7% del PIB regional”.

Según el informe de la Comisión, la contracción de los ingresos tributarios ha sido la principal causa de la reducción de los ingresos totales de los gobiernos centrales, tanto en América Latina como en el Caribe.

En Costa Rica, según datos del Ministerio de Hacienda, a noviembre del 2020 se registró una caída en la recaudación por el orden de los ₡487.585 millones (1,40% del PIB), lo que representó un decrecimiento del 11,60% en los ingresos tributarios respecto a noviembre de 2019.

El rubro que más cayó en el país fue el del impuesto único a los combustibles, que decreció 21,18%. Es decir, se dejaron de percibir ¢107.126 millones respecto al acumulado a noviembre del 2019.

Por otro lado, en términos de exportaciones e importaciones, el informe de la Cepal señala que en el 2020 el superávit de la cuenta de bienes de América Latina aumentó (de un 0,7% del PIB en 2019 a un 2%) debido al pronunciado efecto de la crisis de la COVID-19 sobre las importaciones, que muestran caídas mayores que las de las exportaciones.

En cuanto a las exportaciones en la región, se contraerán este 2020 un 13%, con una caída de los precios de exportación del 7% y una caída de los volúmenes exportados del 6%.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por su parte, señaló en noviembre que la disminución de las exportaciones de América Latina y el Caribe fue mayor a la registrada en el valor de los intercambios globales, la cual se situó en 13,3% interanual en el primer semestre del año.

Deuda pública

El informe de la Cepal también señala que el deterioro de las cuentas fiscales ha ejercido una fuerte presión sobre las necesidades de financiamiento de la mayoría de los países de la región. Esto se ha traducido en una tendencia al alza de la deuda pública.

A finales de setiembre de 2020, la deuda promedio bruta de los gobiernos centrales de América Latina alcanzó un 53,4% del PIB, cifra que supera en 7,4 puntos porcentuales del PIB la del cierre de 2019. A nivel subregional, los niveles de endeudamiento público de América del Sur y el grupo de países conformado por Centroamérica, México y República Dominicana alcanzaron un 56% y un 50,8% del PIB, respectivamente, durante el segundo trimestre de 2020.

Con los datos al noveno mes del año, Costa Rica se encontraba en el tercer lugar entre los países con una mayor deuda: Argentina presentó el mayor nivel de endeudamiento público (95,4% del PIB), seguida del Brasil (90,6% del PIB), Costa Rica (66,2% del PIB) y Colombia (61% del PIB).

El informe más reciente emitido por el Ministerio de Hacienda de Costa Rica, registra que a noviembre la deuda alcanzó un 69,16% del PIB: 76,43% fue interna y el 23,57% externa.

La institución señaló que el comportamiento de la deuda e intereses es el mayor desafío para la sostenibilidad fiscal de Costa Rica. En enero, el país buscará financiamiento externo a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la aprobación de otros préstamos para el cambio de “deuda cara” por una más barata.

Mayor desempleo

Además de la deuda pública, uno de los aspectos más afectados en la región fue el empleo. Específicamente, se dio una mayor caída de la ocupación entre las mujeres, que se retiraron más del mercado laboral para asumir tareas adicionales de cuidado en sus hogares.

En el país la situación es similar a sus vecinos: según la última Encuesta Continua de Empleo (ECE), la tasa de desempleo en las mujeres alcanzó 30% para el trimestre móvil de agosto, setiembre y octubre del 2020, mientras que la de los hombres fue de 16,5%.

Los datos del trimestre de mayo, junio y julio muestran que las cifras cambian de forma positiva para la población masculina, ya que durante ese trimestre móvil las mujeres reportaron una tasa de 30,2% (muy similar a la actual), mientras que la de los hombres fue de 20,7%.

Tanto María Luz Sanarrusia, coordinadora de la ECE del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), como la especialista en género y políticas públicas, María Picado, aseguran que la diferencia en la inserción al mercado laboral se debe en gran parte a las tareas de cuido del hogar y personas dependientes; así como a los perfiles de los puestos a los que se dedican las mujeres, muchos en el sector de servicios y el hogar.

A escala regional, el nivel de empleo se estabilizó y se inició un lento proceso de recuperación centrado en la reactivación de los empleos informales, mientras que la apertura gradual de las actividades en las que se desempeñan las empresas formales se tradujo principalmente en el retorno de “ocupados ausentes” a sus puestos de trabajo y en el incremento de las horas de trabajo.

Adopción de medidas

En contraste con otros episodios de crisis, incluida la crisis financiera mundial de 2008-2009, la mayoría de los países en desarrollo, incluidos los de América Latina y el Caribe, también adoptaron una política monetaria expansiva.

En algunos países de la región, como Brasil, Chile, Costa Rica, El Salvador, México y el Paraguay, esta postura acentuó la orientación expansiva de la política monetaria que habían puesto en marcha antes de la pandemia, según Cepal.

El 16 de diciembre anterior, la Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica (BCCR) acordó mantener la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 0,75% anual, y con ello dar continuidad a la postura expansiva y contracíclica.

“Los pronósticos de inflación continúan mostrando que en el 2021 y 2022 se mantendría por debajo del límite inferior del rango de tolerancia definido por el Banco Central para su meta de inflación. Por lo tanto, existe espacio para continuar con una política monetaria laxa, sin poner en riesgo el objetivo inflacionario”, señaló la entidad.

Según Cepal, las economías de la región continúan registrando niveles de inflación históricamente bajos en 2020, lo que refleja la fuerte contracción que ha experimentado la demanda agregada y abre la ventana para mantener políticas monetarias expansivas.

Además, una segunda función que cumplieron los bancos centrales fue la de prestamista de última instancia hacia el sistema financiero.

Costa Rica no fue la excepción y hace unas semanas el Central ofreció una facilidad especial de crédito en colones para los intermediarios financieros regulados por la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef), por ¢700.000 millones, con el fin de que estos entes trasladen esos recursos al sector privado en mejores condiciones financieras; 22 entidades accedieron a los recursos.

Ante el panorama preliminar, la Comisión prevé que América Latina y el Caribe tendrá un crecimiento positivo en 2021, pero que no alcanzará para recuperar los niveles de actividad económica pre pandemia.