Por: María Fernanda Cisneros.   26 julio
El 23 de julio, el Banco Central de Costa Rica presentó la revisión del programa macroeconómico 2018-2019. El documento revisó al alza el déficit fiscal, pero redujo la proyección del crecimiento que tendría la producción y el crédito al término del año. Fotografía: Cristina Solís Cabrera.
El 23 de julio, el Banco Central de Costa Rica presentó la revisión del programa macroeconómico 2018-2019. El documento revisó al alza el déficit fiscal, pero redujo la proyección del crecimiento que tendría la producción y el crédito al término del año. Fotografía: Cristina Solís Cabrera.

El crédito se desacelera al lado de la actividad económica y la principal explicación de este comportamiento es la poca demanda de préstamos por parte de la población.

En otras palabras, los consumidores no encuentran incentivos para asumir riesgos, invertir o adquirir bienes que puedan limitar su ingreso mensual.

Es así como el saldo de los créditos del sistema financiero pasó de crecer 12,5% en el primer semestre del 2017, a 3,4% en la primera mitad del 2018.

Además, en la reciente revisión del Programa Macroeconómico para el período 2018-2019, el Banco Central estima que el crédito al sector privado terminará este año con un dinamismo de 5%, por debajo del 6,9% que proyectó a inicio de año.

El sistema financiero tiene recursos suficientes para prestar dinero a la población, pero la demanda parece estar ausente.

¿Por qué sucede esto? Sin duda, la incertidumbre que genera el déficit fiscal, e inclusive la indecisión respecto a cuál será la solución definitiva por la que apueste la Asamblea Legislativa, son el principal disparador del desvelo del consumidor, pero hay otros factores.

De entrada, el crédito se desacelera tanto en colones como en dólares. Inclusive, al menos los préstamos en moneda nacional crecen pero las operaciones en dólares están completamente estancadas (crecieron 0,2% a junio 2018).

Por el lado de los dólares, los préstamos se han encarecido. La cadena de ajustes que ha aplicado la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) es motivo suficiente para que la colocación de crédito en moneda extranjera reduzca su crecimiento. Jerome Powell, actual presidente de la Fed, enfatizó a mediados de julio que mantendrá un alza gradual de las tasas de interés.

Estas tasas se mantienen en un rango de entre 1,75% y 2%, tras varias subidas (dos en 2018) que inclusive se han topado con críticas por parte del presidente estadounidense, Donald Trump.

La mayor parte de los préstamos en Costa Rica inician con una tasa fija, pero pasan a tasa variable la mayor parte del plazo, por lo que un incremento en los indicadores extranjeros impacta el ingreso disponible de las familias. También su capacidad de consumo.

Si a esto se suma la volatilidad que mostró el tipo de cambio el año pasado, son menos los consumidores que se aventuran a asumir el riesgo de adquirir un préstamo que seguramente subirá su tasa de interés en el camino y que además deberá enfrentar presiones en el tipo de cambio.

Esto explica el por qué de la proyección del Central. Según su programa monetario, el crédito el dólares crecería solo 1% tanto en 2018 como en 2019.

En colones, el panorama es otro pero tampoco refleja un gran optimismo. Inclusive, las mismas entidades financieras proyectan que el crédito cerrará el año con resultados modestos.

El BCCR estima que la cartera en colones repuntará 7,6% en 2018 y 10,4% un año después.

Estas cifras todavía están lejos de alcanzar el crecimiento del 15% visto años atrás.

Además, son reflejo de una actividad económica desacelerada.

El ajuste de tasas de interés en colones también tiene mucho que ver con estas previsiones, aunque la principal causa de la desaceleración y del clima de incertidumbre es el déficit fiscal.

La Tasa de Política Monetaria (TPM) llegó a 5% desde el 1 de febrero y se ha mantenido ahí, luego de un alza de 3,25 puntos porcentuales. Esto, de la mano con la reactivación de la plataforma Central Directo, empujó las tasas en colones al alza. Tanto para ahorros como para créditos.

Por ejemplo, la tasa de interés activa promedio del sistema financiero se situaba en 16,11% (al 23 de julio). Esta tasa inició el año en 14,87%.

Sin embargo, la TPM es una medida de política monetaria que posee el Central para incluir sobre la inflación, y no debe ser utilizara para incentivar o dinamizar el crédito, explicó Luis Diego Herrera, analista económico del Grupo Financiero Acobo.

El mismo Banco Central afirmó que el comportamiento del crédito no se debe a una política monetaria restrictiva.

En estos momentos hay excesos de liquidez en la economía, hay disponibilidad de crédito pero hay otras fuerzas (de oferta y de demanda) que están llevando a que el crédito se desacelere, principalmente en moneda extranjera, explicó Róger Madrigal, Economista en Jefe del BCCR.

La liquidez del sistema financiero alcanzó los ¢20,5 billones en el primer semestre del 2018, un 5% más que un año atrás.

Entre tanto, al lado del alza en las tasas de interés, están las regulaciones que activaron los reguladores para préstamos en dólares otorgados a no generadores de dólares.

Los cambios, entre ellos la creación de más estimaciones, llegaron para desestimular este tipo de préstamos.

Recientemente, el Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (Conassif) anunció que ablandaría algunas medidas ante la desaceleración del crédito.

En adelante, el mercado no ve incentivos para que la población acuda más a la inversión o al endeudamiento, ya que mientras la solución al alto y creciente déficit fiscal se mantenga ausente, la incertidumbre se mantendrá. Además, por el lado de los dólares, las tasas de interés continuarán al alza.